Destacado
Publicado en Poemas, Sin categoría

Mi monstruo

Ahora que arropé a mi monstruo,
bajo al infierno a seguir
la tarea de adulto; ya casi
reconozco las respuestas
ante los logaritmos y todos
esos sinsentidos que barre
el tiempo, en los días de su yo
más asesino. Tiene cierta
gracia, los colmillos, la mala idea,
las tormentas secas en paños
menores, la desilusión a lo pactado,
tú como solución tendiendo
a nunca, yo en el camino
hacia infinito con la cruz encima…
El cielo a veces es tan azul,
que nada más sirve de substerfugio
a la idea de sin ti.
En el infierno, lo de siempre:
tú descuartizada, revestida
de recuerdos inmortales de luna,
el diablo saludándome de vuelta
a las trincheras, mi monstruo
despierto, reclamando víctimas
en el laberinto donde él
es brújula insondable.

Publicado en Bienvenida a las armas

Hora de la siesta

Este aquí tiene el ceño tan fruncido.

La calma del verano encañona

los relojes culpables.

Sutiles coches de reguetón,

a la duermevela alertan,

se ajusticia con ponzoña de irrealidad.

Este aquí mira con la absolutez

de los infinitivos. Un silencio

de redonda vomita en los compases,

improvisan los pájaros invisibles

sobre acordes de imposibles

tensiones. Un niño naufraga

en brazos maternales, el mar

se despereza luego de ahogarte;

pone máscaras la muerte

a los reos. Gira el mundo,

ocultando su fragancia

al olfato de Dios.

Este aquí arrincona la niñez

y le regala oscuridad.

Publicado en Poemas

Una grieta

En estos versos numantinos,

inservible como un reo lo es al fin,

una grieta.

Escapan los que casi saben amar,

a lamer los clítoris de las metáforas,

a clavar en la cruz la letra pequeña

y los ceños de voluntad fruncida.

Entran a embestir balbuceantes vientos,

a borrar memoria de los mares

el destino y la fe ciega, a disparar

acidez el peso del tiempo, la ignorancia.

En estos versos huérfanos de daga

y cobijo de la incertidumbre,

me espera un dios sin hambre de hombres,

pupila en forma de grieta,

puente donde los universos se acostumbran

a sucumbir al vacío.

Publicado en Bienvenida a las armas

Barba crecida

Primaveras

de barba crecida y olvido

paren dientes

que muerdan el amanecer

del amor de dos mitades.

Se patea al Uno;

en baberos de rabia,

tsunamis de Rosario edulcorados

vigilan con Dios en el gatillo.

El amor se desvanece en la voz

y sus ecos paridores de prosa.

¡Cuánto rostro encarado al sol,

ciegos deja los versos, raídas

las manos que tu ser moldean,

a los cuerpos vuelve piedra!

Publicado en Poemas, Sin categoría

Poeta ahogándose

He matado
a la mar en calma,
la niñez como espejismo, prohibido.
He matado, casi, a Dios cuando
no miraba de frente.
El sol me ha dado de beber el fuego
del odio, la estupidez de Ícaro.
He matado
a veces a la muerte
que mis bromas no reía.
Hay un mundo ahí fuera,
una luna que bosteza en morse,
un desierto en cada suerte
esquiva, un poeta ahogándose
al recitar que ha matado…

Publicado en Poemas

Atardecer

Quedará el atardecer sin resolver

entre los fantasmas de compras,

entre el amor que dejó facturas a medio hornear,

entre la juventud que no leyó la letra embustera,

entre el tú que quiso ser demasiado yo,

entre las tejas que suenan mal

bajo el pisar gatuno,

entre la poesía que iba de putas y verbos pretéritos,

entre la perdición del partido del sábado,

entre mi jersey de hacer revolución en vacaciones,

entre los versos de Albertis desmadrados

y Onettis muy de dolor de corazón,

entre Dios uno, diablo dos, y yo puse equis.

Quedará el atardecer como mañana mustia

y solemne como la perdición,

como las amapolas pasando fila,

como la corneta sorda en acto ombliguista,

como la religión de ecuación despejada,

como el amor que rechazó mi big bang,

como el silencio que no es de Davis,

como la realidad de los cuentos felices,

como tú sin mí en la felicidad sin ventanas.

Publicado en Escritos

Findes

El electricista ahora parece que pisa los escalones más firmes los findes, que seguro que la suegra tiene más cojones que la hija, va a decir María desde su observatorio privado y secretísimo que todo el mundo conoce y por eso muchos no devuelven buenos días cuando baja maquillada de achaques a hacer las compras, más por constatar sus cuasi científicas observaciones perennes porque ya su querida hija cristiana, al menos el día que la visita, que todo se está perdiendo a medida que el Generalísimo va marchitando esa vida castísima dedicada a las Españas, le trae todo en el coche de su marido, que es ingeniero o algo parecido y trabaja en una empresa norteamericana o alemana, que Mercedes y su hija tonta, pobrecita, le sirven de traductoras para con el resto de los tachados por diabólicos seres que habitan la casa de vecinos. No le preguntan a ella directamente porque son unos envidiosos que pierden la vida en el bar o viendo cosas impuras en la televisión, que hoy día todo va a estallar por los aires por mucho que ella se confiese varias veces al mes o incluso varias por semana.
Pues eso, que el hombre parecía irremediablemente perdido pero ha recuperado al fin la cordura y ya los viernes de madrugada el único ruido que perturba a este bloque de pisos bendecido por el ministerio de vivienda con unos metros de menos, es la queja de alguna chicharra señalando que antes hubo aquí tierras desnudas no mancilladas por el hombre.

Publicado en Bienvenida a las armas

Pain in the neck

Enésimo parte de guerra:

turistas kamikazes

devoran arena de playa

mientras se estriñe el tiempo atmosférico.

Fosilizadas mascarillas

rostros sin emoción recubren,

(todo rictus es un acto social),

y la mala leche erupciona

sus primeros dientes de ídem.

Se oye desprecio a la noche,

carcajadas que cabalgan apocalípticas

arrasando el alcohol de Mercadonas

y bochorno claustrofóbico.

El virus ha sido visto

juntando crema a doncellas casaderas

y saltándose semáforos en rojo.

Unos políticos de derechísimo olvido

a cantar cara al sol arengan,

cegando así la visión de las respuestas.

Usted no ha sido fichado por el Manchester United.

El virus por el equipo de la muerte,

como cizaña pain in the neck.

Publicado en Poemas

Cuántico

Aquí, sabedor de que el tiempo

no me necesita.

Escribí, tal vez, todas las despedidas,

olvidando aposta

a los salvadores de naufragios

y a los sopladores de vientos leves.

El tiempo invita a la última venganza,

y mi ángel rojo

tapa mis oídos. Tal vez, libre

de tiempos y espacios carcelarios,

dé el yo toda su dimensión cuántica.

Allí, sabedores de que mi lapidación

no necesita ya de relojes.

Publicado en Bienvenida a las armas

Samuel

Les taparon los ojos a Dios.

Los magistrados del Juicio Final

empezaron a descomponerse.

Abrieron las ventanas del infierno.

Un frío gélido con aliento a alcohol

se abrigó con la muerte.

Ritmos de videojuego, en el atrás

de la pesadilla, al universo

dejaron con el destino en la boca.

Golpes sin adjetivos en el mar

de la antesala, colmillos en la flor

marchita, quizá un brazo en alto,

el empacho de la aurora.

Un show de teleodio, el terror

blanqueado de invisibles jaurías

robó al amor la cartera

“¡Maricón, maricón, maricón…!”

el eco repetía a eternos beats

por asesinato. La mierda

aplaudió su perfume, vil

cual vía crucis de rabiosos perros.

La oscuridad lanza su galletita,

el periodista menea su colita,

Samuel apostó su vida al negro.

Salió rojo sangre, y los amasadores

de odio alimentan tu ceguera

mientras adiestran tu hambre.

Publicado en Bienvenida a las armas

Chiringando

Otra esvástica en la sopa boba.

Madrid apesta a piedra y trajes.

En mi reposo ronca mi sombra,

cantar de la ignorancia de las salves.

Otro chiringo chiringando,

otro cantar que cantó la oda,

otro robando que rima en -ando,

otro mar que asesinado ha a las olas.

Otra Thatcher de picos pardos

en el poder que corruptos moldea,

otra dentada que ocultará el sarro

de la virginal boca que todo lo afea.

Otro liberal de dedo ambivalente,

brújula soberbia que los vientos pare,

otra deidad del suizo que hiede

a mentira chupadora de obreros en hambre.