Un día que sería cuasi otoñal en el caluroso Otoño sevillano, redundancias aparte, fue nacido el ciudadano y padre Juan Jacobo Ocaña. Revolución recordando a Rousseau debieron pensar sus papás y eso ha sido la vida itinerante de este europeo salido de la vida misma, poeta disfrazado de poeta a la búsqueda de ciertas musas.

Medio músico, quizás persona medianamente entera intentará hacer de su programa vital paritorio de desventuras alternativas. La ilusión de guiar humildemente a derroteros culturales vivos y muertos a la vez es causa de dioses. Y aunque ni divino ni inmortal, ni siquiera sabio, el escudero de voz medio ignorante hace intentos por no zozobrar en el naufragio cultural de estos tiempos anormales.

En fin, caballero de otros tiempos, salido de la nada porque de esa nada nace la apuesta diaria de apreciar dosis de realidad artística, ajena a intereses extraculturales que intentan socavar la conciencia humana. Temerario, morirá en su campaña porque de ella se consigue la digna inmortalidad.

 

 

 

    

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