Publicado en Poemas, Sin categoría

Poeta ahogándose

He matado
a la mar en calma,
la niñez como espejismo, prohibido.
He matado, casi, a Dios cuando
no miraba de frente.
El sol me ha dado de beber el fuego
del odio, la estupidez de Ícaro.
He matado
a veces a la muerte
que mis bromas no reía.
Hay un mundo ahí fuera,
una luna que bosteza en morse,
un desierto en cada suerte
esquiva, un poeta ahogándose
al recitar que ha matado…

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Ángel, el Lobo (III)

Noches sin dormir. Puedo escuchar su respiración jadeante mientras organiza sus próximas víctimas. Trato de perder respeto al miedo a sus aullidos y a la luna sanguinaria. A lenguetazos contra mis pies sin rumbo, Lobo es joven otra vez, un ejemplar absoluto y noctámbulo. Vislumbra instintivo mi entrepierna, su olfateo inventa todos el sabor de la feminidad esclava y me substrae en el azul del diluvio primero.
Mi redactor jefe no da segundas oportunidades. A mí me ofrecen una tercera vez, la resurrección, la bajada de la cruz, la oportunidad de contemplar la antítesis de lo divino. Hay un cierto grado de curiosidad por el desenlace, pero las religiones engañan a sus fieles. Yo quisiera descubrir en ese pasado de infiernos abiertos y tormentas en carne viva la realidad del crimen, las sendas que conducen al nacer de colmillos en vanguardia.
El padre de su esposa era un hombre de cierta fortuna. Compraron un hostal restaurante a las afueras del mundo de los supervivientes y desde allí Lobo comenzó a caer bien a los vecinos circundantes, mostrando el lado bueno de su existencia bipolar. Empezaron a entrar los dineros porque las habitaciones se ocupaban con asalariados del ferrocarril casi todos los meses y los platos que servía la mujer de Lobo eran obras de arte culinario. Pensaron en tener hijos, en veranear si Dios lo permitía, en comprar un coche y un televisor para contemplr en vivo al Generalísimo.
Cuando ella se desvaneció como por arte de magia, Lobo siguió con el mismo rictus de hombre condenado a la soledad que le habían caracterizado desde que no se mantenía aún en pie. Los civiles sospecharon, porque alguien recordó de pronto cómo y cuándo había llegado a aquella villa al igual que otros anticristos mucho tiempo atrás, como salido del Antiguo Testamento.
Lobo no ocultó pruebas, no mintió cuando descubrieron los despojos desmembrados de la mujer con la que concibió tener descendencia. Simplemente pasó, según iba confesando mientras se acariciaba las manos, herramientas de aquel primer estrangulamiento. No lo movió una infidelidad, tampoco la conciencia se le turbaría con escenas de la cruzada cuando él era y había sido la belicidad en persona. No hubo remordimiento porque no se regía por la moral católica ni nada que se le asemejase. Simplemente sabía desde siempre que ocurriría, me confesó sin ninguna señal de ser consciente de su condena social y humana. «Soy un lobo» me musitó, o creo que le oí, porque necesité que fuera una respuesta. Sus vigilantes se lo llevaron a las sombras donde le vetaron el derecho al instinto. Su pureza me atrajo, quizás envidia ante la lógica animal de sus actos, libres de reglas, libres de albedrío, libre de empatía.
Me hizo una mujer más adulta, no menos esclava. Como aquel viejo enjuto, aprendí a convivir con mis limitaciones . La entrevista me aseguró un artículo decente, un par de palmaditas y decenas de vistazos a mis escotes. Lobo me posee desde el mismo momento que me atreví a cruzar el pasillo hacia su reino, todavía preguntándome si Dios no se asemeja a aquel que no se rige por la condición de los hombres…

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El amar sin gangrena

Cuando ya unos ojos se abran

y contemplen el amar sin gangrena,

cuando el tiempo no nos apunte

con el adjetivar del envejecer,

cuando los verbos no sean condenados

a sufrir el feísmo indicativo,

cuando los fantasmas se desnuden

y el miedo declare la amnistía,

cuando tus besos no sean ya necesarios,

entonces, y no cuando diga el tótem

del salón, una mano instintiva

anunciará

el fin del virus que parimos

existiendo…

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Epigramas

Dos epigramas de mi amigo Zabdas:

Hambrientos de quebrantos,
andan los silencios
que quieren ser gritados.
Huérfanos de voces
que no se callen.
…………..

Vivir en mí sin tus abrazos,
es la celda de castigo
de un centro de exterminio,
un módulo de aislamiento patrio.

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Soy, luego…

El patinar de las primaveras amanecidas de repente,

consagradas a rodar sobre mis cimientos atardecidos.

La flor que sin saber, mira al otro lado ante tropiezos

de mi rural ser. La ciudad ha resfriado las calles,

llenas de hambrientos despojos.

Me saludan los riachuelos, las margaritas torneadas 

con luz de sinfonías. Un fantasma

con mis cicatrices gemelas dirige el esplendor de los crescendos.

Soy, luego Naima.

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Mi segundo poemario (ya en papel)

Tengo el honor de presentar mi segundo poemario: Poesía al acecho.

Gracias a todas las maravillosas cosas del universo por entrar en mis torpes versos…

https://www.libelista.com/products/716597-poesia-al-acecho.html