Publicado en Poemas

Filípica

El verso afilado

para matar a la eterna madre

de ubres marchitas. Edipo

su filípica ensaya,

chuleta tallada en el cainita brazo

que suavice adivinanzas y laberintos.

Mil padres de esperma adormecido

mueren en las bocas de la etílica danza.

Edipo en selfies

urgándose el miedo a matar espejos.

Desempolvadas preguntas retóricas

se traducen al idioma del instinto.

Disimula Edipo

con sonrisas de curva perfecta.

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Calcetines blancos

La muerte no lleva arrugas

en la camisa,

ni calcetines blancos.

Es puntual cuando quedamos,

y una vez, quise adivinarle

una mueca de empatía.

La muerte habla de usted

y miente para disfrutar

ser la única verdad en los telones

que decapitan la obra.

La muerte se ha cruzado contigo

en el semáforo. Una avería

provoca que este no cambie

a verde.

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Charlas políticas

Están lloviendo mis manos

sobre la tierra seca

de los pisos exclusivos.

Una rana con smoking

me exige regar sus pies.

La luna engordada por amores

primeros, se escabulle

de las charlas políticas.

Están lloviendo mis manos

sobre los a punto

de ahogarse.

Una gata en celo

maúlla a las siete vidas del amado.

En el norte sacan los inviernos

a vencer al sol.

Están lloviendo sobre

los pasos a tu puerta,

mis manos.

Una araña arrogante

se niega a limpiar esquinas.

Las estrellas se bajan luz,

para no molestar al tedio.

Están lloviendo,

pero mis manos están secas.

Unos días fríos de relleno

acurrucan a varios mendigos.

La norma es un paraguas

olvidado en la oficina.

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La soledad de los suicidas

Te acompaña en la cena

tu yo aterrado,

misma mirada fría, traje

impoluto. Conversación

sobre el tiempo, próximo

campeón de Liga, alguna

barbaridad en boca

de populista de moda.

Te acompaña tu yo aterrado

de tu tú aterrador.

No imagináis una buena noche

con la cena fría

como la soledad de los suicidas.

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Temporal

Viento en semifusas

sobre adagio en calderón.

Silencios alados

y nota pedal de la lluvia.

Tonalidad menor los coches

rugen . La muerte

dirige la obra,

el compás a veces confunde.

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Envuelto

Estaba el ser

vestido con su piel incolora,

recostado sobre la juventud

de la nada absoluta.

El destino abrió la puerta,

y entraron los acordes menores,

los semáforos de imperiosos verbos,

futbolistas egocéntricos,

los perezosos abrazos.

Un big bang de dioses

y colores abigarrados,

como metralla esparcida

por la memoria,

cayó y se formaron

los sexos…y el odio parásito,

el que vive de las sobras

del amor, envuelto en calendarios.

Está el ser al acecho de ser Ser,

encañonado por el ojo moral,

la erosión del racismo,

el ostracismo

de la existencia en el mar

sin hacer pie…

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Invierno

Ya viene el invierno

con su aliento hueco

a mecer mis albas,

puñal de mañanas.

El invierno viene ya,

muerte sin compás,

asesino de flores,

lluvia salobre.

Ya el invierno viene

y despierta serpientes,

tormenta al acecho,

árboles sin pechos.

Viene invierno, ya, él

azul ataúd y la hiel,

réquiem y murmullo,

homicidio en susurros.

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Piedra ciega

Mis ojos

encallados en la piedra ciega.

Unas barcas huérfanas

preguntan a la nada,

si los despojos

del tiempo soplan con fuerza

para cubrir mi romo

cuerpo en la batalla.

Unos ojos cerrados

me sueñan, ando

sobre la derrota,

erosionaron las olas

la victoria…

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Señora Alicia

La señora Alicia

vende de todo en su bazar del Purgatorio:

jinetes de apocalipsis varios

con sus caballos a juego,

peleas de parejas para imitar

en casa, también en cenas

con amigos,

estufas para frío de almas asesinas,

espejismos de oasis con todo incluido,

ruegos y preguntas a Dios o sucedáneo,

huevos que no se rompen,

el saco del hombre del ídem,

bombilla para el cuarto oscuro,

libros para fascistas recalcitrantes,

helados que no se acaban,

la llave del almacén de Papá Noel,

la inocencia sin aditivos,

las guerras sin soldados ni balas,

el color de piel de todos los sabores,

arena de playa que no molesta,

los armisticios para cenas de Navidad,

discursos tediosos al son de bachata,

los volcanes con lava fría,

televisores que no mienten mucho,

la inspiración para crear el bien,

buses que no hacen esperar…

Siempre hay ofertas, abierto 24 horas

por sonrisa,

no se permiten malhumores nocivos

ni demagogos de verdad absoluta.

Muy recomendable para gente normal,

elfos y hadas con tiempo libre escaso…

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Calle Farándula

Trapecistas en baja médica

por vértigo

en la calle Farándula,

atentos a la delgada línea

por la que camina el atardecer

hacia la muerte.

En la calle Farándula duermen

todos los payasos

casados con heroínas

que ganan las batallas todas.

Elefantes

adictos a dietas milagrosas,

envidian bikinis incoloros

en los escaparates-espejos.

Los bares cierran a su hora

en la calle Farándula, adoctrinados

por las multas y el látigo

de los domadores de hombres.

Unos magos repiten trucos

que los niños vieron en YouTube,

y unos malabaristas extranjeros

esconden

el Parkinson del alma.

En la calle Farándula hay sueños

de todo a un euro y bares

que se la clavan a los guiris,

leones transexuales

que disfrutan el sado

y mujeres barbudas

abrumadas de feminismo.

¿Que quién soy yo? Simplemente

el taquillero del circo. Nunca

salgo por la calle Farándula,

no sea que el mirar atrás

me convierta en estatua de sal…