Publicado en Poemas

Me amanece

Me amanece la cizaña

de la gente en erupción.

Los ladridos del vecino,

regañando a los árboles

en alopecia otoñal,

los perros declamando

odas a lo ingenuo, me resucitan.

Me amanece la cizaña,

habita en el vacío círculo

de mi yo aparcando,

de mi yo muriendo

en las penumbras de la tarde

fósil. Me amanece la noche,

y ahí ya me rindo a los infiernos:

conocen al Dios

del que me río cuando

se olvida de señalarme los caminos

menos iluminados por Su sombra.

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Ya de mar…

Ya de mar mis pies

en ebullición colérica,

tormento de los por ahogar,

zozobra de los destinos rectos,

fuerza demoníaca

que arrastre las mazmorras

de la moral y sus hijastros.

Mis bocas ya de mar, todas,

el lenguaje del horror,

el esperanto que hasta a la muerte

asusta,

el aliento de los volcanes,

los no escrúpulos del terremoto,

los incisivos de las tormentas

irracionales.

Ya de mar mis brazos, silenciosos,

susceptibles de martillear

los sueños de las estrellas,

de ser ramas de los inviernos,

montañas de la ira amanecida.

Un mar ya absoluto, gris homogéneo

en la pulcritud de lo susceptible

de suceder, del devenir dubitativo,

de las máscaras arrancadas

a cada acto en potencia…

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Agazapados presentes

El futuro está 

libre de impuestos y resacas.

Vivo rezando a esa utopía 

de fronteras tímidas, siniestra

biblia, ejército vestido de alba.

El futuro es como los adioses

olvidados, trenes que llegan tarde.

Llego a ninguna parte 

con los años abiertos de piernas:

pasaporte caducado, voces

del presente insultando, la guerra

indiferente, la alegría 

en el bando de los otros. 

El futuro está esperando

a mis agazapados presentes.

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Youtubers

La conciencia me observa desde el confín del tiempo. Sobre mi puñal

descansan los epílogos. Dios es un bedel

chismoso, con próstata y amante
de los reflejos deformes.

Un par de destinos copiados al sistema vienen caminando

sobre los sueños uniformados, una mujer

de seis pechos amamanta la Trinidad, huérfana de religión estable.

Hay Verbo en las lascivas bocas
de los arrianos, un grito en la garganta

del Futuro. La Carne se arrastra
por los arrabales del Averno,

un diablo en erupción maligna anuncia el golpe de Estado

y un espectador imbécil aplaude ante las risas enlatadas. Doce

Youtubers cocainómanos montan guardia ante las puertas de la Nada.

Mi conciencia me alerta de los trucos de la Muerte. En alguna web

mi laptop inmortal encuentra su prisión spam. Me quedo en el desierto

mientras lo arreglan. 40 días solamente.

Los poemas buenos, y más si son trascendentales, no acaban en adverbios

de mierda, miedo y resurrecciones

cartón piedra.

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Planeta Tierra

Yo era tímido aire,

os miré inventando jaulas

aprisionando el respirar.

Mis ojos son del mar

donde los barcos naufragan,

asesina de don nadies.

Yo que fui silencio

en mitad del huracán,

semifusas nerviosas disparando,

yo, que el “no pasarán”

tuve cual esencia del amando

amado, soy estruendo.

Yo en la confusión

de ser vuelo, asesinato,

locuaz pluma, la tragedia,

yo de la niebla anonimato,

dios en el espejo, senda

sin bifurcar, felicidad atroz.

Yo soy planeta Tierra,

muerte de biblias cuchillos,

eternidad y venganza.

Yo la madre de mil gritos,

vida que sabe a las guerras,

las bocas de la esperanza.

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Los poemas durmientes

Se descomponen los poemas

durmientes

sobre los amaneceres poco hechos.

Los trucados dados del destierro

de mendicidad me visten.

Aquí y ahora, tal como balbuceas

la pueril inocencia, los lobos

vestidos de revisores del gas.

Se hunden

las bóvedas del cielo, el techo

de mis infiernos de segunda,

estos versos bizcos…

Aquí y ahora, alumbrando al sol

con la linterna del móvil,

a Dios le da por charlar atropelladamente,

el sofá se viste de camastro,

enseñando sus fauces de ataúd.

Aquí y ahora; nunca un lugar

fue tan sórdido, el tiempo tan verdugo…

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Cueva

El volcán eructa.

Cubre la lava los recovecos

donde se aman los adolescentes.

Huele a casi noche, los semáforos

se despiden en rojo, alguno en ámbar,

ninguno en verde. Un eco

repite de memoria un gospel,

el antídoto a la soledad.

Un banquero menos malo

se eterniza abrazado a su pecuniaria

pestilencia. Se hace silencio

tras el saqueo y el caos.

Algunos arrastraban felicidad

y recambios de ambientadores.

Las fotos de Instagram

recogen tan insólito evento.

Se venden entradas

para ver los cuerpos calcinados.

Hay más tecnología, pero

las mismas piedras edulcoradas.

En el periódico de mentiras tenues

vienen anuncios ofertando cuevas…

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Asesinato

Haremos la guerra

mientras deportemos al amor,

que tendrá un tic en algún recuerdo.

Dejaremos la trinchera impoluta,

como si no pasara nada.

Sonreiremos a la muerte, saludándola

al pasar a desahogarnos con alguna

droga snob.

Le hablaremos a Dios de tú a tú,

con el arma de Zaratustra

traduciendo las biblias que bostecen.

Seremos seres con legañas

y mal olor neoliberal,

y ardor en el arrepentimiento cool.

Haremos la guerra con los orgasmos

fingidos. Nos acostumbramos

a que el Superhombre nos abandonara

tras planear el Asesinato.

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Ajeno

Un mar ajeno al tiempo.

Estoy en constante marea, altiva,

como noche entregando personajes

al destino indigesto.

La nada en masculino, deriva

altisonante de los que a Dios

arrancamos silencio, se manifiesta.

Hago zozobrar varias barcazas,

aun en la entereza 

de los hombres que saben ser alba.

Me cree Él  de su parte. Un ciclón,

la fuerza de mis entrañas todas

en dominante tensión verdiana

soy, fui, seré, flexionado en olas,

la resaca después del mañana 

inalcanzable para el ser bípedo 

que asimile el compás, el ritmo

de matar Altísimos placebos.

Ajeno al deseo de asesinato, 

soy muerte, antónimo de relojes,

vuestra respuesta retórica, ambos

lados del Superhombre. Noches..

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Salvajes sin reglas

Me he urgado en los cuarenta

con la pala de ocultar asesinandos.

Ha salido del cajón que chirría,

un abismo que apesta a gabardina

con el dobladillo cocido a máquina.

También una escalera que di por perdida

en alguna vida apostada al rojo

demasiado tímido.

Será más fácil alcanzar las estrellas

del firmamento, dejarlas impolutas

un par de veces cada cierta eternidad.

En el super venden cervezas

de marca blanca muy exquisita:

a la tercera has pasado al universo colindante.

También salieron unas fotos,

pero no debo ser yo, se me ve

demasiado feliz. Un carné

de un partido de izquierdas

cuando tenía pelo largo

y una mirada preñada de esperanzas.

Es complicado explicar, éramos

unos salvajes sin reglas, pensábamos

que el arco iris era de todos.

Normal que prohibieran los abismos.