Publicado en Naima

Jardinero

Un jardinero condenado

a ver de lejos

el olor de la primavera.

Una flor entre barrotes,

en la jauría de la noche humana.

Las raíces saboreando

la savia de la niñez indómita,

siendo cada vez más árbol,

menos oscuridad en círculos.

Un jardinero se atraganta

del néctar que le deja el tiempo.

Todo se silencia.

Una pesadilla atroz nos respira,

poda las semillas de nuestro

vientre, me hace mayor a Naima…

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Publicado en Naima

El tú ya mujer

La fuerza del tiempo nos vence,

Naima,

su ingenio da cuerda a los relojes

y en todas mis trampas

sus agujas me hacen caer.

El cielo estará tan azul

como queramos mañana, volar

será tan fácil como nos deje

la responsabilidad del tú ya mujer.

Yo no te mostraré caminos,

ni a disparar, ni a ser mar encrespado,

ni a hablar la prosa de las corbatas,

ni siquiera a ser lluvia.

Te enseñaré a ser color del desválido,

a ser agua en cascada,

a ser risa y moco verde, a ser pedo

que interrumpa la norma,

a ser búsqueda insondable

de la no culpabilidad, a ser persona

que hable el idioma de los animales

indefensos. A ser ser

desde mi humilde esculpir

de aprendiz de ser erguido.

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Hija de mi yo desnudo

He visto en tu rostro, hija

de mi yo desnudo, el idioma

del aire, el canto de las flores,

la vejez del infierno.

Hay una bruja malvada

que nos ahoga la risa, que inventa

los naufragios, que pone colmillos

a los peluches.

He visto a la ley ciega,

mostrando el horizonte

cuando tiemblan los sueños.

Nos fusilan con mala hierba,

no saben que resucitamos

y somos árbol de hoja perenne.

Quemaremos a la bruja,

y nos quedaremos

con el libro de pociones mágicas.

Se secarán las tormentas,

la lava será un tiramisú

relleno de mediodía, prohibirán

la oscuridad con monstruos

arrinconados.

Sé que sabremos las respuestas,

y no se las diremos jamás a nadie.

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Padres olvidados

Me entran sed de tormentas,

hambre de eternidad,

que la podredumbre envuelve

en papel de periódico.

En los bolsillos de mi piel venganza

quedan mapas de laberintos,

y tickets para un concierto

suspendido. Naima

aprende a ser invisible.

Golpearé tan fuerte el firmamento

que las estrellas caerán

en sus ojos de niñez ciega.

Vienen los terremotos

a que la madre Tierra

sepulten mis destinos malolientes.

Naima aguanta la respiración

frente al reflejo del cristal;

un mago en paro le enseña

a no creer en la oscuridad

y sus formas. Soy la niebla

sin derecho a sueño, el bostezar

de los padres olvidados

por la realidad y sus tribunas.

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Te llevaré el mar

Te llevaré el mar

asido de mis camaleónicos versos,

niña que asesinó por mí

los relojes. Te regalaré

las mismas olas

que arrastraron nuestra risa,

las auroras del cuento sin fin.

Te naceré para que gatees

en mi no tiempo,

niña de aire,

brújula en este lado del paraíso.

Te llevaré el mar para que salves

náufragos,

para que seas naufragio

en la mediocridad, mi faro,

el adagio

cuando la muerte quiera allegro.

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Dentadas aduanas

Naima construye un castillo

sin hipotecas, donde no habrá

dentadas aduanas

ni legajos que inventen porqués

al respirar de la inocencia.

Todos los que lleguen exhaustos

recibirán una esperanza

recién parida, un sueño

para moldear, un sol

sin ceño fruncido. Un foso

con atracciones acuáticas,

y la mazmorra decorada

con grandes del heavy metal.

Las coronas estarán prohibidas,

los reyes muertos y olvidados,

las princesas serán

las que aspiren a ser mariposas,

las mendigas

presidentas de fábricas de piruletas.

Naima cocinera, condimento

de tormentas que lluevan

burlas a los cobradores del frac.

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Eco de mi caminar

Eco de mi caminar eres,

Naima,

la sonrisa de Coltrane

hecha niñez. Mis pasos

de gigante

sobrevuelan maremotos

y lascivas muertes que besan

mis espaldas.

¡No cierres el alba, espejo mío,

no quiero ser niebla,

ni noche de silencio de redonda,

ni cristal en un mundo de martillos!

Eco de mi caminar eres.

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Amor salobre

¡Ven, Naima,

desempolvemos al unísono

las olas de este mar! Las barquitas

cuentan secretos

de sirenas y de los hombres aire.

Sobre Doñana hay una sinfonía

que espera tu batuta,

un cielo azul desenvuelto para tus ojos.

El verano de terciopelo

nos arropa, las gaviotas vigilan

los barcos de los fantasmas;

¡Ven, Naima, llave

del amor salobre de la niñez!

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Niñez abierta

Somos cometas.

Somos el viento que agita

nuestro volar, la prisa

de la niñez abierta

a fabular molinos con gigantes

atiborrados de no egoísmo,

los que encienden la noche

para amiguitos con miedo.

Los puntos de las preguntas,

los paréntesis de las dudas.

Somos Naima y su papá

con capa raída de héroe,

la comba, la ternura de la suerte,

el armisticio azul del mar.

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Soy, luego…

El patinar de las primaveras amanecidas de repente,

consagradas a rodar sobre mis cimientos atardecidos.

La flor que sin saber, mira al otro lado ante tropiezos

de mi rural ser. La ciudad ha resfriado las calles,

llenas de hambrientos despojos.

Me saludan los riachuelos, las margaritas torneadas 

con luz de sinfonías. Un fantasma

con mis cicatrices gemelas dirige el esplendor de los crescendos.

Soy, luego Naima.