Publicado en Naima

What’s time is it?

“What time is it, dad?”

“Hora de nacerte, Naima.”

Tan fácil

como asomarme

a mis primaveras aletargadas.

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Poli malo

Te ha hecho vudú,

Naima,

el tiempo puro,

libre de biblias, condimentado

de hipérboles y magias

varias. Las caderas

de tu futuro se abren paso.

Amanece la mujer

de aletargados horizontes,

y dientes ausentes, aún,

de la boca que dispara.

Un papá en arenas movedizas

te inventa un soñar de plata ,

y de puntillas,

danzas sobre el polvo

de mis recuerdos.

Una aguja de reloj

nos guiña un ojo.

La otra hace de poli malo…

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Mis guerras

Nos han hecho estridencia,

Naima,

y los pájaros cantan fúnebres

cuando el arco iris

nos ignora.

Nadie sabe que mi venganza

es un agujero negro

donde mis manos

arrojan pasados y decrépitas

sonrisas cínicas.

Sigue durmiendo, suavidad

de mis instintos,

te despertaré

al volver de mis guerras.

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Ocho de siempre

Ocho de siempre

en el tiempo que respiro;

sonriendo contra la sombra invencible,

el arma letal

de tu niñez, luz que llena

de ojos mis espaldas,

me nazco de mis manos semillas,

me creo en nueve años

de caos ordenado, de aventuras

que vieron tus ojos de niñez,

Naima,

de los big bangs en la mirada.

Nueve años

con las pesadillas en paños menores,

con los allegro acentuados

de primaveral jazz.

Nueve reencarnaciones azules,

hacia tu yo futuro,

cuando yo sea ya viento

y tú el eco de mi silbar de padre

en hambre de tu abrazo…

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Inventando el color

Estaré en alguna estrella fugaz
con vistas al roncar de Dios, Naima,
para cuando te crezcan,
silenciosa y temerosa ante el temblar 
de la tormenta. Estaré 
con la capa de invisible, 
con arrugas en el mirar
y el lumbago aún por las espaldas
que el tiempo asesina porque sí.
Estaré inventando el color
en cada arco iris 
en que te acuerdes de mí, 
en cada asesinato de algún alba,
en cada adiós
que te ampute un abrazo.

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Jardinero

Un jardinero condenado

a ver de lejos

el olor de la primavera.

Una flor entre barrotes,

en la jauría de la noche humana.

Las raíces saboreando

la savia de la niñez indómita,

siendo cada vez más árbol,

menos oscuridad en círculos.

Un jardinero se atraganta

del néctar que le deja el tiempo.

Todo se silencia.

Una pesadilla atroz nos respira,

poda las semillas de nuestro

vientre, me hace mayor a Naima…

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El tú ya mujer

La fuerza del tiempo nos vence,

Naima,

su ingenio da cuerda a los relojes

y en todas mis trampas

sus agujas me hacen caer.

El cielo estará tan azul

como queramos mañana, volar

será tan fácil como nos deje

la responsabilidad del tú ya mujer.

Yo no te mostraré caminos,

ni a disparar, ni a ser mar encrespado,

ni a hablar la prosa de las corbatas,

ni siquiera a ser lluvia.

Te enseñaré a ser color del desválido,

a ser agua en cascada,

a ser risa y moco verde, a ser pedo

que interrumpa la norma,

a ser búsqueda insondable

de la no culpabilidad, a ser persona

que hable el idioma de los animales

indefensos. A ser ser

desde mi humilde esculpir

de aprendiz de ser erguido.

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Hija de mi yo desnudo

He visto en tu rostro, hija

de mi yo desnudo, el idioma

del aire, el canto de las flores,

la vejez del infierno.

Hay una bruja malvada

que nos ahoga la risa, que inventa

los naufragios, que pone colmillos

a los peluches.

He visto a la ley ciega,

mostrando el horizonte

cuando tiemblan los sueños.

Nos fusilan con mala hierba,

no saben que resucitamos

y somos árbol de hoja perenne.

Quemaremos a la bruja,

y nos quedaremos

con el libro de pociones mágicas.

Se secarán las tormentas,

la lava será un tiramisú

relleno de mediodía, prohibirán

la oscuridad con monstruos

arrinconados.

Sé que sabremos las respuestas,

y no se las diremos jamás a nadie.

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Padres olvidados

Me entran sed de tormentas,

hambre de eternidad,

que la podredumbre envuelve

en papel de periódico.

En los bolsillos de mi piel venganza

quedan mapas de laberintos,

y tickets para un concierto

suspendido. Naima

aprende a ser invisible.

Golpearé tan fuerte el firmamento

que las estrellas caerán

en sus ojos de niñez ciega.

Vienen los terremotos

a que la madre Tierra

sepulten mis destinos malolientes.

Naima aguanta la respiración

frente al reflejo del cristal;

un mago en paro le enseña

a no creer en la oscuridad

y sus formas. Soy la niebla

sin derecho a sueño, el bostezar

de los padres olvidados

por la realidad y sus tribunas.

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Te llevaré el mar

Te llevaré el mar

asido de mis camaleónicos versos,

niña que asesinó por mí

los relojes. Te regalaré

las mismas olas

que arrastraron nuestra risa,

las auroras del cuento sin fin.

Te naceré para que gatees

en mi no tiempo,

niña de aire,

brújula en este lado del paraíso.

Te llevaré el mar para que salves

náufragos,

para que seas naufragio

en la mediocridad, mi faro,

el adagio

cuando la muerte quiera allegro.