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Parada de bus

Ya que animales de costumbres, la mía ha sido transformar la pequeña terraza en una especie de rincón de pensamiento de fin de semana, donde paso horas enfrascado en lecturas variopintas mientras diserto filosofías propias de bar para la gata Pimienta, quizás el único ser vivo que no interrumpe con un sonoro bostezo ante tamaña empresa.

Hacia mediodía un señor con artilugios de pesca se sitúa justo en la parada de bus de enfrente. Me ve, pues vivo en un primero y me contempla con la misma parsimonia con que mirará, supongo, al mar sabiéndose tan invisible como el virus que nos asola o mi pedantería. A veces enciende un cigarrillo que previamente ha construido con más rapidez que mi mera contemplación y fuma fuera de tiempo; el bus nunca lo va a sorprender fuera de juego.

Me dice mi pareja que hay muchos hombres así por la zona. Hombres que viven de lo que pescan a diario para luego vender y llevar algo caliente a sus mesas familiares. Me recuerda a El disputado voto del Sr. Cayo, de Delibes. El protagonista puede vivir sin aquellos que necesitan su voto pues es ajeno a la política, a la historia, al tiempo que lo vió nacer. Son hombres que viven instintivos, anteriores a la Revolución Industrial. Ni que decir tiene que nunca, en estas semanas de destierro en mi filosofal terraza, ha usado móvil en la espera. Lo que para mí es tiempo de reflexión, de la incertidumbre de no saber si yo sobreviviría a un Holocausto puesto que él sí, es para esta figura atemporánea parte del círculo de la vida, igual que las altas y las mareas.

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Borges o el virus

El concepto Humanidad debiera ser un atributo libre de todo elemento superfluo acorde a la Metafísica de Aristóteles. Y digo concepto donde el discípulo díscolo de Platón, como debe ser todo buen alumno que se precie, habría dicho sustancia, es decir, el sujeto de toda predicación u objeto individual que existe por separado de otros.

Esta concepción (¡y dale!) de Humanidad como un todo indivisible viene a estas líneas de deriva incierta por los acontecimientos tan extravagantes que el fátum (otro término de aquellos judeomasónicos griegos) nos has puesto en este devenir no eterno, pata desgracia de algún que otro riquísimo empresario de esos que pasean en zapatillas por los mercados bursátiles porque realmente viven en tan dantescos hogares.

Divagaciones aparte, el concepto dualidad es esa dicotomía maquiavélica que rige la realidad que nos moldea buenos o malos, pobre o ricos, de derechas o izquierdas, puesto que hay día y noches, redondas y silencios de redonda, compases binarios o terciarios, cultura o Tele5; todo, bromas quevedianas aparte desde la antropología y sus diversas manifestaciones. Y así, lo que parece claro es que el virus mata o no mata, tanto a gente conservadora como a adoradores satánicos, sin en absoluto hacer caso a la aguerrida trinchera que cabe el gobierno de turno, que en todo caso servirá para que miles de soldados inocentes mueran ante un enemigo al que no podrán percibir, como a los fantasmas de cualquier pasado que se precie de tal.

Esta Humanidad así vista como un todo se desnuda de atribuciones punzantes como capitalismo, comunismo y demás sandeces interpretadoras de estadísticas. Cual sustancia que somos como especie deberíamos luchar por un establecimiento social y vital que de verdad humanizara a aquella. Lo demás son esos vestidos insidiosos que tanto odiara Juan Ramón Jiménez en su poesía, del que por cierto recomendamos encarecidamente leer más allá del Modernismo de Platero y yo. Luego caemos en el mal hábito de opinar de tan tremendo poeta como quien argumenta a favor o en contra de la alineación del equipo de nuestros amores.

Si les sirve de consuelo, recuerden a Manrique que socializó a la muerte, o a Ortega y Gasset en cuya obra La revolución de las masas nos habla de que solo en época de Revolución Industrial el millonario tiene donde gastar su fortuna. El virus ha acabado con todo eso, y si no les sirven los anteriores, lean a Borges: es lo más parecido a hablar con Dios que pueda haber en este planeta que se rebela, cual feminismo, contra las atrocidades cometidas sobre su cuerpo como sustancia. «Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal» (El Inmortal, Borges).

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Invisibles y molestos

Podría pensarse que a estas alturas de confinamiento debiera saber cuántas hojas tiene el árbol que se ve desde la terraza y a qué hora algún pájaro inclasificable se posa en cada rama, enrevesada como se supone que es la naturaleza en tierras del grito flamenco. Pero no, no es así por ese insidioso cambio o permutación que pretende la madre naturaleza en los más mínimos elementos de su estética. La hoja que quedaba justo arriba del enmarque ahora se sale de aquel o cambia de color como en un cuadro de Monet. Los pájaros, por otro lado, llevan instintivamente el libre albedrío en sus alas, y con la libertad de no usar reloj, mantienen una arrogante actitud ante cualquier tasación más allá de la biológica.

A la pregunta, no sé si hiriente, de un amigo de bar sobre la actitud de la poesía en estos tiempos de sombras con las cartas en las mangas, mi respuesta es tan nebulosa como la invisibilidad del virus. Comparto al 100 % las palabras de Jesús López Pacheco que consideraba lo estético, cuya etimología deriva de un verbo griego que significa «sentir», como parte indisoluble de lo social. En aquellos años 60 del pasado siglo la canción protesta adquirió protagonismo valiéndose del nuevo medio entonces, la televisión y la cultura «estética» de la imagen.
No creo que la poesía necesite público lector . El gran José Hierro llegó a afirmar que no habían sabido hablarle al hombre cuando hablaban todo el rato del hombre. Hoy quizás, al menos en esta cuarentena y sus sucedáneos, la enfermedad ha quitado protagonismo al Ser, se ha perdido el prisma antropocéntrico porque el Capitalismo como religión que no admite ateos (recuerden que «religión» en latín es «unión con lo trascendente») ha visto poner en peligro su estatus en favor de un fátum diferente: ahora no se trata de un enemigo sobre el que aplicar una espada de Damocles fabrilmente construida en conjunción de Wall Street y Pentágono, sino algo que diezma ostensiblemente a los borregos adoctrinados que empuñar pudieran tal arma.

La poesía social no necesita vídeos, ni colores superfluos por medio de CSS, ni redes sociales. Necesita voz, y hasta los muertos tendrán siempre una. Lo invisible, por otro lado, ya estaba aquí cuando la ley Mordaza, cuando descubrimos que el GAL era algo más que buenos ciudadanos luchando por la paz, cuando hemos descubierto que la Constitución tiene letra pequeña dependiendo si la edición que se maneja está en manos de un juez o un obrero…es complicado vivir al margen, mirando atentamente al color de las hojas del árbol o el volar que sale del pájaro asustadizo.

Viene un nuevo tiempo, el de la «vigilancia jerárquica «, usando el término que el gran Foucault nos mostró en «Vigilar y castigar». Pero esta vez no mediante edificios que intimiden o resalten el orgullo de pertenecer a un grupo, más bien un enemigo que nuestros ojos de Superhombres no pueden detectar con dinero y tecnología. Se llama miedo, es una sensación que va a permanecer por mucho que Nietzsche se empeñara en mostrarnos el camino al Nuevo Orden. Y mejor dejamos lo del filósofo alemán no me vaya a leer algún neofascista, aunque dudo mucho que entrara alguno en un blog literario.

Por lo demás, aquí seguiremos con los versos cargados y las metáforas demasiado podridas de Postmodernismo, pero ya saben que el hombre es prisionero de su tiempo, y los obreros de la palabra debemos ser, como el virus, invisibles y molestos.

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Sonrisa de Averroes

El 2 de mayo ha hecho calor veraniega en esta tierra cainita y desmemoriada. Sobre las 8 se ha permitido casi todo, después de un día de cierta libertad en paseos con los niños y también los ancianos que han dejado plantada una vez más a la Parca.

Vivo cerca de donde el Guadalquivir abraza la inmensidad. Llevo una hora intentando leer algo sentado en la terraza y veo a las gentes que aquí en el sur son el saludo estentóreo de la esperanza. Supongo que el confinamiento nos desnuda, en cierto modo, y he sentido la emoción de ideas irreconciliables fuera de sus contextos; libres de adjetivación, quizás todas las corrientes de pensamiento se reducen a una: supervivencia.

Los pájaros parecen afinar mejor hoy, tras los balbuceos de las últimas semanas. El tiempo ha parado, acostumbrado como está esta parte del mundo a ser primavera constante. No culpo la despreocupación, la falta casi coral de guantes y mascarillas. La vida tiende a serlo cuando la heroicidad y la epopeya llegan a su epílogo.

Mientras acabo estas líneas anochece, con el color casi árabe que grita llamando a lo que fuimos en tiempos de Averroes. Como aquel gran filósofo seguidor de Aristóteles, Andalucía es la simbiosis de realidad y ficción. Esta vez del presente, despreocupado una horas del mañana que aún asusta, pero quizás menos porque huele al fin a azahar y jazmines; también a mar en calma, y a obreros dándose las manos.

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Acerca del 1 de mayo

La gente plancha sus trajes tras la hibernación. Seguramente las corbatas salen de sus refugios antivirus, con la certeza casi absoluta de vencer cualquier tipo de nuevo orden. Los nuevos hombres desnudos de lógica y estadismo representan un virus mucho mayor que la pandemia en sí. Tantos años de ensayo en el laboratorio mundo, con todas las bocas repitiendo sin valor semántico alguno, han traído una respuesta antihegeliana. Es un método infalible, independiente del prisma con el cual se observe.

Decía Isaac Berlin que el capitalismo venció cuando tuvo capacidad para anular al obrero mediante la golosina de la paga extra y las vacaciones de 30 días, sin perdida de salario competitivo. Porque competir por la felicidad, sea cual sea concepto alguno el capitalismo lo adapta a su gula económica, es uno de sus pilares. La maquinaria de igualamiento, que no de igualdad, se encargaría de usar a esclavos para abrillantar el desierto donde incluso si el sistema quiere, puede parecer que crece el paraíso de cualquier religión.

El 1 de mayo es una oportunidad cuyo simbolismo y esencia debe representar mucho más que la lucha en contra del patrón o sistema que aquel soporte. El año pasado se salió a la calle, llevamos nuestra simbología contraria a la crueldad burguesa, y a cambio obtuvimos el mismo resultado que el año en curso. ¿Vamos a un nuevo hombre por un virus? ¿O por dos? En todo caso al hombre orwelliano, en mi humilde opinión de obrero descreído, donde una gigantesca estructura policial tipo CIA nos indique cuando pestañear y por qué emocionarnos.

Tendremos que abandonar la idea de una aplicación de móvil que toque la guitarra por nosotros, hay que tocar rock hasta que sangren los dedos. También escribir sin correctores de estilo, descubrir cuáles son las artimañas lingüísticas que usa el Sistema para engañar al pueblo, estar orgullosos de ser la Razón que justifica que el Mundo pueda abandonar su inmolación constante. Seguramente también aceptar que el progreso no consiste en crear hadas virtuales que deleiten a nuestros hijos. Ellos son capaces de volar y salvar mundos con su imaginación, capaces de no tener más gobierno que el de su fantasía, mejor música que la que haga feliz. En ningún caso justificado podemos decir que hacerse adulto deba ser algo diferente. Secuestren a Peter Pan
para sus retoños. Lean para tener los ingredientes del conjuro. Sean niños al menos de lunes a viernes…

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Yo en el vaho de mis espejos

Hace demasiados años,1973, me nacieron en Sevilla, capital del mundo cuando las grandes urbes que florecieron siglos más tardes eran pasto de las vacas o similares. Tiempos agrios corrían por las españas de entonces y me fui irguiendo mientras leía mis primeros cuentos y versiones infantiles de libros inmortales. Respondía al nombre de Juan Jacobo Ocaña Haro y así se me quedó grabado en todos esos impresos que te cuestan el dinero para tenerte bajo cautela. En casa todo eran prisas por pasar página, de la Historia quise decir, así, rimbombante y en mayúsculas, y se me fue pegando al ADN eso tan hispano ( léase español) de estar orgulloso de mirarme el ombligo y creerlo hermosísimo. Mi padre corría delante de los grises en época tan convulsa y me enseñó a tener esperanzas hasta en los callejones sin salida. Mi madre no es que rezara mucho tampoco, pero tenía sus dioses lares cual herencia de los romanos que recorrieron aquellas tierras tan marianas.

En el colegio alumno aventajado hasta que me tropecé con los concursos literarios y me sentí Narciso y orgullo de mis convecinos. Los estudios por inercia, en busca de ese infinito que no se entendía en las mates y que tan redondo me quedaba en las redacciones de lengua. En inglés y ciencias no tan mal, dejando para el día siguiente lo que me sobraba absorto en buscas las primeras musas. Más tarde, en las españas de la social democracia con reminicencias liberales me fui haciendo aprendiz de adulto y en ello sigo a pesar de la edad tardía. Landero se me cruzó en el camino con sus Juegos de (ídem) en algún momento hacia la universidad. Años de primeros amores
y fracasos y todo lo que podría haberme ahorrado, de no escribir para reflejarme en Bukowski o Kerouac y toda aquella generación de desgenerados que también acompañaban el desgarramiento Grunge.

Cela, Galdós, Jiménez o Lorca… leer fue un placer al igual que tocar la guitarra mientras seguía descubriendo nuevas formas de dudar de todo y todos a medida que la Universidad me demostraba que el conocimiento estaba más allá de clases magistrales y los límites de bibliotecas. Borges fue una bofetada de amanecer de nuevo a la desnudez, pero igual Sábato o Camus y ese comunistilla
que respondiera al apellido de Sartre.

Fui, en cierto modo, modelando mis creencias al vaivén de los tiempos de la sobreinformación y leía sin miramientos, observando para mi sorpresa que muchos libracos infumables eran solo la marca de ventas de alguna editorial. Cervantes o Shakespeare fueron llegando al entendimiento del que se hacía medio hombre, o mejor medio humano, y aprendí de la sangre en verso de Blas de Otero o del deslumbramiento de los jinetes tan polacos como le salió a la intrahistoria de Muñoz Molina.

No he superado esa época, para mi fortuna. La historia dicen que se repite. Procuro nacer todos los días y alcanzar la adolescencia. Lo demás es ir menguando o marchitando las ideas. Descubrí entre tanto que la literatura puede disfrazarse de ironía hasta el paroxismo, ironizando de la propia sorna en una espiral sin fin cuyos atributos estan al alcance de muy pocos. Pretendo ingresar en tan selecto club a medida que me vuelva inteligente para al menos, servir las copas o limpiar las mesas donde se emborrachan de letras poderosas los Quevedo, Swift y compañía. Mi héroe de estos tiempos es James Ellroy, un bastardo escritor de prosa magistral y un radical amante de mantener el listón de la polémica muy por encima de la media.

Doy clase de inglés. Toco la guitarra cada vez con menos ganas de deslumbrar y escribo, a veces, con la falta de costumbre de ser Dios, o al menos eso espero. Los escritores son como chamanes cuyo sexto sentido les hace ver nuevas dimensiones desde el mundo paralelo en que habitan. También me gusta el fútbol, vivir mirando el mar desde Málaga con mi otro-yo, caro regalo del destino que encontre en los pasillos virtuales tras batallas no definidas, eructar tras la cerveza y perdonarle la vida a los dragones que mi hija Naima ( obsérvese el matiz jazzístico de mi torpe existencia) y yo nunca mataremos porque nos caen mejor que las princesas pijas y repelentes que la tradición dibujó de fragilidad y tristeza. Es mucho más divertido reirse de lo impuesto y esperar la muerte amando.

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Sobre nacionalismos y otras maldades

Nazionalismos

En estas Españas casi busconianas y carnaza para el más avispado quevediano escritor, Cataluña se presenta en su nacionalismo cual esperpéntico Max Estrella. Lo que no es de recibo para los ansiosos espectadores de gallinero, entre los que me incluyo, es que Don Latino de Híspalis, compañero inseparable e insuperable de aquél corresponda de facto al decimonónico nacionalismo español. Y claro, no hay obra posible entre tan mal dibujados protagonistas.

Decíamos que la lucha titánica se hace insoportable ya por soporífera entre los acuciantes problemas de la gente de a pie, la que no logra alargar lo suficiente sus míseros ingresos mensuales. No es que pretendamos dibujar desde tal perspectiva un problema de tal envergadura, sería clasista y en esto el marxismo no parece una herramienta útil, pero sí es cierto que cada vez son más los que pertenecen al Tercer Estado. 

Ya en 1882 definía Ernest Renan el nacionalismo como NO dueño del hombre por motivaciones religiosas, de lengua o de raza y estaba seguro de que «las naciones no son algo eterno. Han tenido un inicio y tendrán un final. Probablemente la confederación europea las remplazará«. Irrisorias palabras con la que está cayendo en esta que fue » una unidad del destino en lo Universal«. Luego vendría un nacionalismo cultural, plausible, por qué no, que en el caso catalán los ha hecho artífices de llevar sus costumbres por medio mundo para regocijo de los ávidos de intercambios culturales. Pero la cultura catalana no son Patria y Sangre de Fitche, oiga usted, que en su «Discurso a la nación alemana» (1808) hacía un grito encendido del nacionalismo germano mal que le pesaba la invasión napoleónica de aquel entonces. Las comparaciones son odiosas, dirán algunos.Iconos engañosos

Como comprabarán, caemos en la eterna estupidez de buscar en los libros racionales respuestas en estos actos tan mal conducidos por los directores de la obra. No hay más que buscar los comentarios de simpatizantes y detractores de ambos bandos y son una búsqueda maquiavélica en pos de la humillación histórica más sonada por parte de cualquiera de las partes. Son historia, señores, responsables en parte de un acervo común, o no, que corresponde a la intrahistoria y a los esclavizados ciudadanos a los cuales les toco servir de dianas de sus nefastos gobernantes. No nos deberían valer los datos estadísticos tampoco, cuya frialdad matemática falsean la vida humana dejándonos interpretaciones parciales a consciencia que desfiguran un problema latente: el ciudadano catalán ha decidido dejarse esclavizar por otros supuestos amos que en la algarabía de la celebración parece ser menos maligno y, seguramente, igual de ineficaz.

Nacionalismo Ultra

¿Qué hacen los sistemas cuando nacen? Crear un corpus legislativo y judicial que justifiquen su esencia para adoctrinar a sus esclavos. Libertad manipulada, conciencias aburguesadas en pseudodemocracias consusmistas donde el capitalismo pasará su apisonadora haciendo valer su ley. Son demasiados temas los que convergen en este principio de siglo, una cultura postmodernista que pone en duda tantas verdades de antaño que el problema debería estar ninguneado por falta de apoyos. Y lo decimos en el ámbito de tolerar cualquier pensamiento político, pero que partidos como la CUP sean capaces de aceptar un gobierno con otro partido político espejo de la corrupción en sus feudos, no hace sino dejarnos tristeza. ¿Era necesario este nacionalismo a ultranza? ¿No valía la diversidad cultural en un Estado federal que cumpliera con todas sus partes en una República, superado el bochornoso espectáculo monárquico?

Las preguntas quizás no tengan ya respuesta cuando se camina al borde de la autodeterminación. Lo que no parece de recibo es que la rumba catalana , sin ir más lejos, no sea sino el reflejo de una tierra rica y su mezcla de culturas, crisol que quizás casara más y mejor en una patria común federativa

Los jueces catalanes, pongámonos serios, no son más que eso, señores del aparato burocrático que tienen derecho a defender su postura porque la Ley, así con mayúsculas no es más que un producto para que el nacionalismo cree a la nación, y jamás al revés

 

Nacionalismo Marca España

¿ Qué hace un Estado represivo? Lean las noticias. Seguramente esto traerá varios epílogos por la sencilla razón de que nos creemos eternos y llevamos en la genética españolizada aquello de la nación creada a raíz de los exaltados reyes católicos, que eran también prisioneros de la época que les tocó vivir y que tanta apología creó en nuestra historia común. Los catalanes han tenido sus Cortes siempre, y han bailado el agua o enseñado los colmillos a los diferentes reyes dependiendo de los tiempos. Total, que cuando menos se lo espera uno viene el señor Marx a invadirnos con su materialismo dialéctico y todo se reduce a Barcelona es bona cuando la bolsa sona… Y los gobernantes actuales son herederos de la más rancia derechona del país que no permite que la democracia tenga el más mínimo protagonismo en la demostración de fuerza que hace el pueblo al pedir el derecho elementalen que se sustenta la malherida Transición del 78.

Bonito espectáculo damos fuera, y los ciudadanos sin poder llegar a fin de mes, con contratos basura y algunos, en la parte que les toca, viviendo del idilio de la Tierra Prometida, hasta que lleguen los burgueses catalanes a chuparles la sangre en catalán o en castellano, según el acto que toque representar. Aplausos para todas las partes implicadas. Seguimos ávidos el desenlace desede tierras andaluzas; a nuestra emperatriz Susana ha dado su veredicto en nombre de todos los esclavos que vivimos en la tierra del arte y el señorío…

P.D: En un hipotético estado catalán, ¿miraríamos La Sagrada Familia con ojos de españoles reaccionarios o nos seguiríamos quedando maravillados? ¿Será Rajoy recordado en Cataluña como Don Juan de Austria, que en los Países Bajos es usado para atemorizar a los infantes con aquello de » Que viene el coco ( Don Juan de Austria)»? No se pierdan el próximo acto de esta tragicomedia tan made in Spain…Si es que al final somos todos íberos cabezotas…

J.Ocaña

 

 

 

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El extraño caso de Juana y Mr. Maltratador

Riot Girls

Una de las obras fundamentales de nuestras andanzas estudiantiles, en su versión para niños, es la espléndida El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El gran autor Robert Louis Stevenson da rienda suelta a un tema que le apasionaba y tan en boga en su tiempo: el de la antítesis bien-mal y el conflicto interior que genera tal dualidad interior en cada ser humano. Los niños ven a un monstruoso Mr. Hyde que asusta en las primeras impresiones a tan tierna edad. Luego se comprende que no es sino el reflejo de nuestras maldades interiores, esos garrafales errores que puerilmente algunos tratamos de esconder ya en edad supuestamente adulta.

El manuscrito hacia 1901 había vendido la friolera de 250 mil reproducciones, catapultado por las críticas propicias en The Times. Jugando con esa misma dualidad y, sobre todo, pretendiendo cantidades ingentes de telespectadores que sigan un duelo bien-mal en capítulos densos y ambiguos, nos han visitado por sorpresa en nuestras casas Juana Rivas y su ex, el vapuleado Francesco Arcuri.

Ninfómanas y Sátiros

Stevenson tenía recursos de sobra para ser un escritor de éxito y también de prestigio. Alguna crítica le achaca falta de sensibilidad en el tratamiento de los personajes en su magistral obra. En el caso de la tele basura los ingredientes se dan en las cantidades que requiera el empacho, da igual si la indigestión pueda o no matar las opiniones a favor o en contra de la dualidad, en este caso una versión mariana de la fémina (¡qué íbamos a esperar en un país católico!), y la peor versión de un maltratador que para más inri, no solamente es extranjero, es maltratador con todo lo de peyorativo y nebuloso del término.

En fin, lágrimas, despropósitos, opiniones de fuerzas políticas , tele basura haciendo honor, dudoso, a tan olorosa etiqueta, donde digo digo digo Diego, absurdo mediático a la americana, que para eso tenemos que ser occidentales y enfermar de los mismos virus que la gran potencia, y sobre todo la gran iluminación de Ana Rosa y todos los guardianes del Templo. ¿Han visto ustedes o leido muchos análisis realmente jurídicos del caso? Negativo. Jerga judicial y circo no van de la mano, se pierde uno, es mejor arrojar piedras o escupitajos, que se cree uno que duelen menos, a la cara de Juana o de Francesco, que encima se han atrevido a ser tan humanos que no casan bien con las teleseries donde cada uno tiene su papel definido como bueno o malo o justamente lo contrario. Van sacando opiniones de vecinos que más bien parecen compañeros de alcoba o al menos de piso estudiantil, donde se distorsionara el espectáculo en dosis altas de drogas y alcohol.

Lo malo de las tramas, de los comentarios preocupantes de las redes llamadas sociales es el alcance de este tipo de situaciones. Opinamos quizás por miedo a lo desconocido, porque pisamos en las tierras de la supuesta libertad de sexos, alejada la sociedad patriarcal y resulta que las ecuaciones tienen demasiadas, por esquivas, soluciones. Lo patriarcal existe. Lo fingido, por desgracia, también. Seguramente Juana y Francesco ya han pagado con creces en el momento en que entraron en huracán de odio que los alejó de los días en que disfrutaron del amor. pero para eso nosotros somos perfectos e inmaculados y tenemos la consciencia limpia e impía para lapidar al enemigo sea quien se nos antoje dependiendo de nuestra perspectiva antropológica.

Lo que hace a un buen libro llegar a ser inmortal es no solo sus personajes principales o una trama bien diseñada. Hay que trabajar bien la ambientación y los tiempos, y sobre todo los personajes secundarios, que en este caso son los hijos de la desgraciada expareja, que no salen porque hay que respetar a los menores, pero que vaya, que da igual sacar todo esto en horario infantil porque para eso las televisiones tienen derecho a hacer lo que les salga de sus santos bemoles. Y puestos a lapidar, ya podríamos lanzar piedras a los d¡que se sientan en esos platós veraniegos a opinar de a quién se debe crucificar sin tener la más mínima decencia u ética para tan vil tarea. «Nada purifica, salvo la inteligencia«, es una frase de un célebre escritor, Oscar Wilde. Lo encarceló la moral victoriana por marica, pero claro, eso ya afortunadamente no es delito. Tuvo el hombre el enorme fallo de nacer en una época que no era la suya. Quizás como casi todos nosotros cuando nos atrevemos siquiera a lapidar a alguien guiados por la carnaza que nos arrojan los bochornosos espectáculos de las televsiones guardadoras del Templo.

Convirtámonos de una vez en los jesucristos que se atrevan a despojarlos de sus riquezas. Pero no con las piedras que tenemos en las manos; más bien simplemente cambiando las armas arrojadizas por libros. Uno de Oscar Wilde o Stevenson, por ejemplo.

J. Ocaña

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Trump al desnudo

Gran Gatsby

El Presidente de USA.

Que Trump sea presidente en el anquilosado sistema electoral estadounidense no tiene porqué sorprendernos. Si tenemos en cuenta la particular visión chovinista que tanto gusta en aquel país, Trump tiene todos los atributos para ser un triunfador en medio de una sociedad hastiada de aburrimiento televisivo y enferma de tanto narcisismo pseudodemocrático.

En la época clásica, aquélla de los griegos filosofeando a todas horas, se le daba a la ciencia de la Etimología un valor de descubrimiento de lo verdadero. Como realmente no hemos inventado gran cosa desde tal mítica época, aparte del motor diésel y las redes sociales para alardear de faltas ortográficas, le vamos a conceder cierto grado de razón al gramático Melampo. Éste sugirió que tal disciplina es «el estudio de la verdad» porque se concede a las palabras su significado después de observar las cosas en su justo sentido.

Los significados de Trump en el idioma de Shakespeare.

Si siguieramos tal apreciación al dedillo, Resulta que Trump, la palabra, no el presidente electo, tiene diversas acepciones en consonancia con el individuo que gobierna nuestras pesadillas más catastrofistas.

Trump viene a significar triunfar, sobrepasar, superar. Y aunque no niego que pueda tener un cierto sentido que debería ser positivo, no es el caso del sujeto a debate. En Donald  todos los significados «verdaderos» de su apellido ilustre ilustran mal que bien la parte más degradante de la sociedad que representa. Es un ganador, por supuesto, porque ha nacido en familia de ganadores, porque es un empresario clase A y porque puede alardear de vivir con la hermosísima Melania, a la cual no me importaría preguntar en privado en qué grado de felicidad conyugal y afectiva se encuentra.

El morbo está servido para una sociedad que no ha cambiado mucho de la que reflejara Fitzgerald en El Gran Gatsby.  Daisy es el amor adúltero del gran triunfador self made man que representa el protagonista. En un magistral momento cumbre de la literatura Fitzgerald atrapa la esencia del tedio existencial en manos de la dama de alta cuna: ¡Y qué hacemos hoy? ¿Y mañana? ¿ Y los próximos veinte años? Donald Trump es Gatsby a lo bestia. Pero también es misógino, elitista, ególatra, racista y un sin número de adjetivos más de dudosa calidad en una persona humana.

Lo divertido del caso es que en lenguaje callejero Trump también significa pedo en inglés americano. Sí, como lo leen, e incluso el acto en sí de ventosear, con tal acierto al parecer que según se desprende de su exitosa carrera política desprende gas de la risa. La misma que provoca en los que observamos boquiabiertos su mandato con la trágica percepción de que el personaje supera con creces cualquier esperpento que pudieramos imaginar en una comedia de cine. A los norteamericanos actuales les debe de resultar jocoso ser parte de la versión más rídicula de su mítico país de libertades.

Presidente número 45.

Para acabar de rematar al personaje con eso de la numerología que tanto gusta a los ocultos masones que deambulan por tierras del gran Walt Whitman, el 45 tiene un sentido que llama a la esperanza: «Simboliza la ayuda a los demás, la conciencia por nuestra labor social, la solidaridad. Por su raíz 9, se agudiza nuestro amor por el prójimo. La combinación entre el 4 y el 5, conjuga la universalidad, la sanación, la fuerza, la energía, con las habilidades comunicativas, el llamado a la acción y el éxito en las negociaciones colectivas en pro del beneficio de todos. Simboliza la ayuda a los demás, la conciencia por nuestra labor social, la solidaridad. Por su raíz 9, se agudiza nuestro amor por el prójimo. La combinación entre el 4 y el 5, conjuga la universalidad, la sanación, la fuerza, la energía, con las habilidades comunicativas, el llamado a la acción y el éxito en las negociaciones colectivas en pro del beneficio de todos...» Les juramos que hemos extraido el párrafo de la web magiainterior.com/numerologia-significado-de-los-numeros-compuestos/. Vamos, sin comentarios para añadir de un señor que gobierna el mundo igual que un desastrozo quinceañero su habitación…

Solamente, a colación de los sentidos etimológicos, que el phrasal verb TRUMP UP viene a ser FALSEAR en castellano y que PLAY YOUR TRUMP CARD es JUGAR SU (TU) MEJOR CARTA. Seguimos con la plausible idea de abstenernos de añadir valoraciones propias, y que nos perdone Mankiewicz por hacer uso fraudulento de su inmortal Eva al desnudo en el título de este artículo. O quizás le venga como anillo al dedo. ¿Qué opinan ustedes? ¿Le viene o no bien el apellido al Presidente?