Publicado en Naima

¡Míralos!

¡Míralos, Naima,

en la necesidad de Verbo

para demostrar amor! Son ramas

pétreas del útero seco, inviernos

con ojos que el fusilar quieren,

el odio en día de bajón.

¡Míralos, Naima,

fustigando al amor que del alma

fluye, inventando un Dios

en cada esquina donde el infierno

nace, en sueño de mieles

oscureciendo el momento!

¡Míralos, Naima,

con los ojos del amanecer,

donde el tiempo decaiga,

al fin, y muera de la sombra el nacer,

invisibles los dos a la venganza!

Publicado en Naima

11

11.

Y nos reencarnamos en el viento

donde las cometas vuelan,

en el guiño del ojo que llora,

en la bandera que arde.

11, y de pronto somos 2,

porque la suma importa

para soplar y nacer el vuelo,

para mirar el arco iris tras la lluvia,

para hacer caminos donde nadie

sea extranjero.

11 y nos amanecen manos

que acarician, que tocan la tonada

que los ciegos no oyen, que resuelven

el enigma de ser para ser manos.

Publicado en Bienvenida a las armas

James Dean

La velocidad de James Dean

en el salón de tu casa,

vendaval de amargor feliz

y luego la cárcel de nada.

La quietud del guepardo

al acecho, carne de hada

en pupilas de diablo,

mandíbulas armadas.

Nariz huracán, primavera

en la noche, secuestro

del rebelde libre de sendas,

el adjetivo que faltó al no sueño.

Al Este del Edén, rumiante

del día en últimos adioses,

compás huérfano de amante,

piratas morreando a la noche.

¡Tan gigante jungla tartamuda,

que el mar busca en la fosa

del silencio! La risa desnuda

su artificio, amanecer que solloza…

Publicado en Poemas

Bolsa Nova

Noche de estrella, Max,
noche de ángeles borrachos.
Noche de entrega, y más,
guiña el amor al desamparo.
Noche de Bossa y tal,
noche de eternidad contigo,
noche que llena al mar
de las vueltas del destino.

¿Te has perdido otra vez, Max?
¡Llévanos a ese maldito sitio!
¿Por qué el portero es el diablo?
¡Dijiste que era el paraíso!

Noche de rock on the rocks,
noche de alas, inmaculadas,
noche de moral al paredón,
noche de moribunda calma.
Noche de jazz sin Dios,
noche de luz domesticada,
lluvia que sabe a adiós,
charco de samba atormentada.

¿Te han matado otra vez, Max?
¡Tenemos algo que resucita!
¡Aquí no se marcha ni Cristo!
¿Oís el llanto de la risa?

Noche de blues azul,
noche de dominante cuero,
noche de cuando no eres tú
aliento de los avernos.

¿Qué pasa contigo, Max?
¿No gustas ser acribillado?
Aquí se fusila firme y cool,
con odio de segunda mano.

Publicado en Escritos

Don Rafael

Pasará algún vecino de los que no tienen voz en las historias porque repiten impolutos el credo al uso, y echará una mirada de desprecio a modo de saludo al amoral don Rafael, vecino más lapidado del edificio. Quedará este fijo en el morir delos pasos hacia las alturas mientras fuma de un cigarro impasible.
Don Rafael fue Fali el menor de una familia de cuatro hermanos cuatro, tres hermanas mayores a las que servía de muñeco comandadas por la terrible pelirroja Rosario, que en el fondo era adorable y se meaba en la cama cuando había tormentas en aquella ciudad del norte, donde siempre llueve y hay brujas porque los castigó Dios por no rezar suficientes avemarías ni creer fervientemente en la gracia que Aquel otorgó al de las palomas cagonas a pies juntillas. Lo vestían de chica, le pintaban los labios, ponían pelucas y aquel se dejaba en vez de partir espinillas y tirar de los pelos a aquellas tres hermanas tres que le superaban en el escalafón del tiempo. La madre reía las ocurrencias mientras cosía para la calle, pero no así el padre, de bigote felpudo con cara y cuerpo osuno cuyo sueldo de operario no cualificado lo dejaban en desventaja para partirle la crisma al niño y evitar futuro amaneramiento. Pasan Mercedes y Pili, que pretende un hola sorpresivo pero como es un hombre solitario a las puertas de la tramoya viviente, se esconde tras la madre que saluda casi evasiva. 
El niño Fali no jugaba al fútbol y pintaba pájarillos en un cuaderno, que como en toda historia que acaba mal porque alguien invente que un Dios a su vez inventado no quiere que los niños maricas pinten el volar que a los demás se les niega, en algún momento oportuno algún compañero amaestrado con la doctrina de moda en tiempos de guerras civiles donde vencen nacionales porque los otros serían de Transilvania o peor, le rompen el cuaderno y le parten las narices y el niño Fali, amanerado pero buen hermano, llora porque le duelen los golpes y no sabe que hay que vengarse.Don Rafael acaba su fumar pausado y entra en el portal, oliendo a ciudad del norte y a olvido.

Publicado en Poemas

Tiempo locuaz

En esta niñez atalaya,

por jaurías invisibles rodeados,

disparamos a las piernas

del impío tiempo locuaz.

En la crucifixión del alba

horca encuentra el ahorcando,

noche áspera la pena,

cobijo la niebla y el mal.

En este abrazo de la vejez

olvidado, caen la guillotina

y la cabeza del obrero cojo,

los puños abren en flor muerta.

En la maldición del envés

cejijunto con ínfulas de vida,

matamos del verso los sonrojos,

hermanos de la prosa y de la guerra.

En este resucitar del destino,

negro gatillo que inviernos nace,

los ángeles anocheciendo,

las aguas turbias de la nada.

En el mirar del yo pómez y raído

una luz del respirar subyace,

el volcán vomita infiernos,

un dios bautízanos en lava…

Publicado en Bienvenida a las armas

Hora de la siesta

Este aquí tiene el ceño tan fruncido.

La calma del verano encañona

los relojes culpables.

Sutiles coches de reguetón,

a la duermevela alertan,

se ajusticia con ponzoña de irrealidad.

Este aquí mira con la absolutez

de los infinitivos. Un silencio

de redonda vomita en los compases,

improvisan los pájaros invisibles

sobre acordes de imposibles

tensiones. Un niño naufraga

en brazos maternales, el mar

se despereza luego de ahogarte;

pone máscaras la muerte

a los reos. Gira el mundo,

ocultando su fragancia

al olfato de Dios.

Este aquí arrincona la niñez

y le regala oscuridad.

Publicado en Poemas

Una grieta

En estos versos numantinos,

inservible como un reo lo es al fin,

una grieta.

Escapan los que casi saben amar,

a lamer los clítoris de las metáforas,

a clavar en la cruz la letra pequeña

y los ceños de voluntad fruncida.

Entran a embestir balbuceantes vientos,

a borrar memoria de los mares

el destino y la fe ciega, a disparar

acidez el peso del tiempo, la ignorancia.

En estos versos huérfanos de daga

y cobijo de la incertidumbre,

me espera un dios sin hambre de hombres,

pupila en forma de grieta,

puente donde los universos se acostumbran

a sucumbir al vacío.

Publicado en Bienvenida a las armas

Barba crecida

Primaveras

de barba crecida y olvido

paren dientes

que muerdan el amanecer

del amor de dos mitades.

Se patea al Uno;

en baberos de rabia,

tsunamis de Rosario edulcorados

vigilan con Dios en el gatillo.

El amor se desvanece en la voz

y sus ecos paridores de prosa.

¡Cuánto rostro encarado al sol,

ciegos deja los versos, raídas

las manos que tu ser moldean,

a los cuerpos vuelve piedra!

Publicado en Poemas, Sin categoría

Poeta ahogándose

He matado
a la mar en calma,
la niñez como espejismo, prohibido.
He matado, casi, a Dios cuando
no miraba de frente.
El sol me ha dado de beber el fuego
del odio, la estupidez de Ícaro.
He matado
a veces a la muerte
que mis bromas no reía.
Hay un mundo ahí fuera,
una luna que bosteza en morse,
un desierto en cada suerte
esquiva, un poeta ahogándose
al recitar que ha matado…