Publicado en Tiempos del destierro

El sonido de los porqués

¿Oyes el calderón,
la tensión de Verdi, el músculo
de Wagner, la estridencia
de Sonic Youth? Venía
la relajación para coger aire,
quizás las armas que nos vende
el tedio, el fin de los pactos;
tuvimos que matar al director
de la orquesta. Ha apagado
el desamor hasta el sonido
de los porqués…

Publicado en Tiempos del destierro

Flores de pvc

Le han crecido ojos a la oscuridad.
Me harté de tu esconder siempre
en los mismos recuerdos,
adulterados por flores de pvc.
Sobre el alambique, estático,
esperando a que muera el tiempo,
a que esos ojos se conviertan en pistolas
que muestren su monólogo interior.

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Asonancias sordas

Mátame la próxima vida
empezando por el verso. El mar
es un cementerio
de rimas inconclusas, asonancias
sordas, encabalgamientos
de patas rotas y carreras perdidas.
Mátame como solías hacerlo
cuando aún éramos  invisibles
al amor y los diluvios.
Mátame saboreando 
el artificio del color tangible,
del atardecer propio, del invento
de un paraíso privado.
El odio es sin mácula. A patadas
nos expulsó como vomitan
los poetas el dolor 
sin adjetivos, susurrando 
melodías de muerte desafinadas,
pero siempre conocidas. 
En los que anochecimos
el instinto,
en el limbo donde la venganza
campa a sus anchas,
te sé cómoda, un siendo 
aterrador, un estando cruento
sobre el recuerdo del nosotros vivo.

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Tormentas sinfónicas

Esto hay

cuando se acaba la eternidad:

un silencio que mira demasiado

fijo a sus víctimas,

una calle en obras, el bar confesionario

cerrado por ampliación,

algún muerto que sobraba

en alguna guerra sin nombre

o etiqueta.

Esto hay

cuando se resfría el infinito:

todo bajo llave

y reformas en los sueños sin sinopsis,

unas manos huérfanas,

cuerpos amarrados al invierno

en mitad del verano feroz.

Esto hay

donde haber es proscrito,

el caminar antónimo de esperanza,

el tú subrayado en ausencias,

el yo desvaneciéndose,

el nosotros en el limbo

de las tormentas sinfónicas.

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Dióxido de carbono

Crédulos del amor fuimos.

Sobre las fauces del mar

caminando en el sueño indigesto.

Un Instagram y las copas brindando

porque el futuro olía a arco iris.

Descalzos sobre los cristales rotos

no había sangrar. Pero las pirañas

despedazan los tiempos muertos,

las bibliotecas del azar borran

los poemas empachados de amar ,

el desamor se hace visible

en los hombres muertos que esperan el bus.

Este dióxido de carbono que mis ojos cierra

toca con manos de noche alcoholizada,

Este desamparo en traje de bodas

inventa guillotinas. Corta

el epílogo y la respuesta.

Empieza a mojarnos el fin.

No tendremos branquias esta vez.

Los dos lo sabemos. Se nos va ahogando el Uno.

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Donde el amor es crudo

Aquí donde los trabalenguas mudos

encontramos anclada respuesta en el ayer,

aquí donde el amor con des-  es  grisáceo y crudo

y su resurrección espejismo difícil de creer,

algunos zombies losers

tendemos los recuerdos ahorcados a secar.

En el zénit encantado vimos tenues luces,

son sobras de vetustas olas de donde mata el mar,

curiosas deshojadas flores que supieron el fin

y ahora muertas yacen en la invernal conciencia.

La felicidad en su sonrisa encaramada al ardid

deja ver caries en la gula indigesta de inocencias.

Aquí donde los miopes ciegos

a tientas copian  domesticados versos que hablen,

las piedras silban para vencer el tartajoso miedo

a la erosión y sus trampas de hedor amable.

Aquí con la cercada cercanía

de la violación por manos llenas de salmos,

tan nevando como el morir de la manca alegría,

el desamor lustra el alba incolora al nuevo amo,

y trae los allís con sus pusilánimes tormentas,

y los diluvios y su malware de ojos invernales

a las puertas del burdel donde alimenta

al monstruo interior el balbuceo de las salves …

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Victorias en la lluvia

Me has pisado todas las vidas,

como pisan las victorias en la lluvia,

como si la resurrección

no se llevara todos los diluvios.

Soy cuneta del destino traslúcido.

La maldad de tus manos, enterrando

mis moribundas primaveras,

me mira en el principio de las guerras.

Es tan invierno siempre aquí,

que no tengo ni remordimientos ya,

no caigo ya en vacío siendo vacío,

no subo a matar siendo ya silencio,

no te pienso siendo ya tu pensamiento.

Ya es una eternidad insobornable

cuando a nadie se espera,

mis ojos enterrados en la tierra,

cuneta soy…

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Avernos

Este silencio que se escapa

a la dictadura

de los pentagramas, es mi eco

con la esperanza cortada a ras.

Mis ojos son avernos, mal pintados

por el caudal de la ceguera.

Debe ser tan de noche de nuevo

que sea guerra lo que respiran

mis manos cuando esperaban

tu cuerpo en soberbia, ira

que hasta a mi fantasma creó

recordándote…

Se me olvida a veces

que el odio me hace más libre,

que las alas te inventé

para mi suerte

al contemplar tu volar

hacia la huida de mi apestosa muerte.

Espejo quedo reflejando tu matar…

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Rompeolas

Fuimos rompeolas que se quedaron

dormidos en la tormenta.

Nos tuvo la mar que arrancar las manos.

Nos arrancó el abrazar.

También los besos que nos debíamos.

Nos dejó en la isla más desierta

que había en mitad del estruendo.

Somos tan sordos…

También un sueño sin final moral,

la distorsión de los amaneceres,

la superficie de los pozos.

El mar campa a sus anchas por la pesadilla

de lunas que gritan y puñales

que aplauden…