Publicado en Tiempos del destierro

Réquiem

Es tan de noche siempre.

Es tan asesino el mar.

Es tan difícil no hervir la tormenta.

Es tan de día cuando mueres.

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Publicado en Tiempos del destierro

Donde el amor es crudo

Aquí donde los trabalenguas mudos

encontramos anclada respuesta en el ayer,

aquí donde el amor con des-  es  grisáceo y crudo

y su resurrección espejismo difícil de creer,

algunos zombies losers

tendemos los recuerdos ahorcados a secar.

En el zénit encantado vimos tenues luces,

son sobras de vetustas olas de donde mata el mar,

curiosas deshojadas flores que supieron el fin

y ahora muertas yacen en la invernal conciencia.

La felicidad en su sonrisa encaramada al ardid

deja ver caries en la gula indigesta de inocencias.

Aquí donde los miopes ciegos

a tientas copian  domesticados versos que hablen,

las piedras silban para vencer el tartajoso miedo

a la erosión y sus trampas de hedor amable.

Aquí con la cercada cercanía

de la violación por manos llenas de salmos,

tan nevando como el morir de la manca alegría,

el desamor lustra el alba incolora al nuevo amo,

y trae los allís con sus pusilánimes tormentas,

y los diluvios y su malware de ojos invernales

a las puertas del burdel donde alimenta

al monstruo interior el balbuceo de las salves …

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Victorias en la lluvia

Me has pisado todas las vidas,

como pisan las victorias en la lluvia,

como si la resurrección

no se llevara todos los diluvios.

Soy cuneta del destino traslúcido.

La maldad de tus manos, enterrando

mis moribundas primaveras,

me mira en el principio de las guerras.

Es tan invierno siempre aquí,

que no tengo ni remordimientos ya,

no caigo ya en vacío siendo vacío,

no subo a matar siendo ya silencio,

no te pienso siendo ya tu pensamiento.

Ya es una eternidad insobornable

cuando a nadie se espera,

mis ojos enterrados en la tierra,

cuneta soy…

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Avernos

Este silencio que se escapa

a la dictadura

de los pentagramas, es mi eco

con la esperanza cortada a ras.

Mis ojos son avernos, mal pintados

por el caudal de la ceguera.

Debe ser tan de noche de nuevo

que sea guerra lo que respiran

mis manos cuando esperaban

tu cuerpo en soberbia, ira

que hasta a mi fantasma creó

recordándote…

Se me olvida a veces

que el odio me hace más libre,

que las alas te inventé

para mi suerte

al contemplar tu volar

hacia la huida de mi apestosa muerte.

Espejo quedo reflejando tu matar…

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Rompeolas

Fuimos rompeolas que se quedaron

dormidos en la tormenta.

Nos tuvo la mar que arrancar las manos.

Nos arrancó el abrazar.

También los besos que nos debíamos.

Nos dejó en la isla más desierta

que había en mitad del estruendo.

Somos tan sordos…

También un sueño sin final moral,

la distorsión de los amaneceres,

la superficie de los pozos.

El mar campa a sus anchas por la pesadilla

de lunas que gritan y puñales

que aplauden…

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Soy invierno

Hace mucho que soy invierno.

Hay flores esperando a nacer

donde velé tu huída.

También fui quien inventó las calles.

La ciudad me pertenece ahora.

Pido para dos en la barra del Purgatorio

y sonrío

por los diálogos, repetidos y distorsionados.

Solías ser ángel en vaqueros.

Yo un imitador de transgresor

con ropa interior de marca.

Un día no supe evitar la tentación

y te corté las alas.

Levantaste el muro de los sinsentidos.

No tienes ni idea de lo que es asustar

a tu propio terror.

Las flores no saben que morirán

por más primaveras que les abra.

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Nada absoluta

Eras la nada absoluta.

Ahora la nada maquillada de verso

derrotado, la muerte

cuando la venganza abre sus cuchillos.

Los romanceros se presentan, firmes,

ante la luna en sangre.

Eras la nada absoluta, agazapada

al otro lado de la noche.

Ahora sigues siendo nada,

despojada de virtud y adjetivos.

No hay más allá de este momento.

Tendrías que existir para ello.

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Se secará el deseo

Quiero que lluevas las tormentas

en mis bocas, eternas. Mantendré

el agua,

se secará el deseo.

Nos iremos a la última cena

en un Macdonalds cutre y apartado.

Querrás ahogar mis poemas de odio,

mas seré poesía tan arrogante

como la muerte segura de sí.

Nos pasearemos en calles paralelas,

lanzarás rayos que no ciegan, el vendaval

sobre la quietud del desprecio serás.

Y mis bocas a la espera de tu sueño,

para besar tu muerte y llorarte

conmigo en el regazo, ya muerto,

esparcido cual erosión caprichosa…

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Odio en horas bajas

Mi odio en horas bajas

lame tu piel con ojos.

Ataca ya en campo abierto

con las bocas llenas

de hielo y noche. Tú eres muda,

ciega, la deserción

de la esperanza.

La piel se muda, recuerda,

y te quedarás tan desnuda

que para mi odio serás

octubres mendigando existirte.

Tu piel con ojos centinelas

espera; no he acabado aún

de resucitarte para

que mueras más y peor

en mis vomitados poemarios

de lava y cancerberos…

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Grito último

Son tan estridentes estos silencios…

Me he encontrado el alma

llena de vacío y nubes con tus lágrimas.

Esta vida la he poetizado con versos

que siempre matan en el mismo sitio.

Pensaste ser mi grito último,

la caricia de la muerte acicalada de principio.

Nunca aposté por el desamor lúdico

que jugó todo al rojo sangre.

Tú sí, y ahora toda odio con hambre eres…