Publicado en Bienvenida a las armas

Los girasoles ciegos

Enterrad libros en las cunetas del olvido.

Hay una cicatriz que dignifica

el rostro adusto de los girasoles.

Nuestras manos saben hablar

el grito de los muertos.

Hay un mar sordo a los diluvios,

a la sangre de vuestro arroyo desatado.

Una esperanza desentierra la memoria hermosa.

Marchitaremos vuestro brazo en alto,

espejos del odio en posición

de ataque.

Somos girasoles ciegos,

acostumbrados a la oscuridad

y los avernos de vuestro sol,

colmillos que desperazaron

el despertar del nuevo hombre.

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Publicado en Bienvenida a las armas

Primera quijada

Unos infiernos con piernas marciales

y paso síncrono

se derramaron en mi camino.

Pasados enjaulados, fustigados

de olvido

pretendieron enfriar la eterna lava

soplando desde tan lejos

como hombres sin niñez.

Desnudos ante el pelotón del ejército

incontable, la vejez avanza

y la esperanza cojea de Dios

que muere, como en todas las guerras.

La lepra avanza más rápida

que el mundo, a mucho de la primera quijada 

cuyo grito apestaba a desamor.

Publicado en Bienvenida a las armas

La derrota despierta

Somos la derrota despierta,

el desierto donde inventar

el medir del no tiempo presos.

Somos la voz de la cuneta

lanzando paladas al mar,

la ceguera con los ojos abiertos.

Somos el pueblo embalsamado,

la sombra robada al fantasma,

la muerte que habla de usted.

Sois el reír del sino atascado

en las dunas de la atalaya,

el diluvio nadando en la sed.

La luz vestida de ausencia,

el salmo de memoria, la boca

de la mentira, la saliva

de la garganta en penitencia,

el alud que sepulta la aurora,

la ignominia viviendo su prisa.

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Caverna televisiva

Enjaulados en los atuendos;

de la corrección víctimas cómplices,

arengando al balón que cuadra

los números en la felicidad de un estadio,

la sordera aplaudiendo de políticos

armados de cuentas suizas. Amor,

en los tantos por ciento invisible;

odio en las secuelas del sueño.

La jaula nos adora: somos el quid

de los himnos desafinados.

Descafeinadas banderas cuales

velo de la ceguera, en la caverna

televisiva y platónica.

Publicado en Bienvenida a las armas

En el universal destino

En el país de los trajes sabor mierda,

en el país del Esperpento por espejo,

en el del Casado con la soez ramera,

en el del Rivera que gritó primero,

en la purpurina del oro que fue,

en la mentira sabor monarquía,

en la Vox de Imperio cruel,

en el visón de la no empatía,

en el escudo del íbero en tangas,

en el universal destino enjaulante,

en el juicio sin piel al truco del hada,

en el franquismo nato no vinculante,

en donde era mi patria,

en donde era mi infancia,

en donde nadie es verdugo,

en donde nada es oscuro,

en donde Dios es cojones,

en donde se aspira a ser noche,

en donde España se ahorca

en donde el ayer es ahora…

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La maldad en pubertad

La maldad en pubertad

masajea el útero patrio, lo estimula

con la niebla en clítoris de adjetivos.

La maldad de no reflejo en las aguas

que se abren,

en orgasmos derramados 

en arengas milicianas, fúmase

al pueblo en combustión rápida;

la precoz matanza 

del silbido en allegro, la flor carnívora

de los cementerios, fuerte

en la venganza del olvido, 

se hace doncella. Llagas de Cristo

sangran sobre el asfalto 

y el iPad. Los usureros de la noche

por costumbre empiezan a devorar

versos. Su gula es invencible,

negritud de los avernos

en rojo y gualda, negritud

de los rincones en animalidad

violando, hedor sobre las flores muertas.

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Resucitar

Difícil tarea la del verso incorrupto

la del verso de ironía cargado,

cuando

la realidad es una pantomima

embadurnada de excrementos.

Soy el moro apestoso

y el negro mantero, el maricón

de Chueca y el marxista dialéctico

de barba mal cuidada, el histrionismo

en vuestro orinal de odio y balas. Simplemente,

disparad a todas mis vidas,

será un placer resucitar

con la barricada bajo el brazo,

con la dentadura en las manos

del Verbo…


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La escalera

La mujer que desentraña 

los recuerdos a la escalera nunca

fue joven. Hay un olor 

sobre las conciencias telegráficas

a podredumbre. Ropas 

de asiáticos sin sueño ni alas

capitalistas se adhieren a neoesclavos

sin rostro. Llevan en el alma 

una hipoteca deseada 

y mil libros leídos que arden 

en la pira del orador ciego,

el del vídeo viral, poseedor 

de la verdad uniformada.

La escalera va al infierno

que no quema, donde la mujer

que nunca fue joven, echa horas

extras. La escalera

la vomitó un obrero picassiano

fusilado por el sol patriota.

La mujer de la escalera limpió

sus restos de ceniza,

y pintó un cuadro grande

con los colores de la Biblia…

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Abascal

La guerra no te invita a cenar

del plato hondísimo de la muerte;

la guerra tampoco da las buenas

noches con un beso, ni

admite su error cuando no recoge

los restos de la batalla. La guerra

se niega a negociar la paz,

prefiere perder el tiempo y el deseo

en ver bellas sus arrugas,

además, se regocija en su reflejar

de nieblas fúnebres.

Tú eres la guerra.

No doy ningún verso por verte en paz.