Publicado en Naima

Amor salobre

¡Ven, Naima,

desempolvemos al unísono

las olas de este mar! Las barquitas

cuentan secretos

de sirenas y de los hombres aire.

Sobre Doñana hay una sinfonía

que espera tu batuta,

un cielo azul desenvuelto para tus ojos.

El verano de terciopelo

nos arropa, las gaviotas vigilan

los barcos de los fantasmas;

¡Ven, Naima, llave

del amor salobre de la niñez!

Publicado en Poemas

Feria

Adormilados de la batalla ferial aún,

con la luz de la primera juventud,

la risa pulida, el calor en

el paladar,

subimos desde el Cuartón

a reencarnarnos en nuevos soldados

que defiendan la Feria,

alojada en los veranos ya eternos.

Primeras manos entrelazadas,

el Infierno del mediodía soportado,

pues demonios éramos, y las cervezas

en un diluvio permitido. Últimas

cornadas en los coches locos, la noche

antídoto de muerte, y los fuegos

artificiales esparcidos por el recordar

desde la calma. En el paseo

se pactaba el levitar cuatro días que acababan

nuestra temporada de inmortalidad.

Empezaba el círculo hacia el horizonte

de los seres muy adultos…

Publicado en Poemas

Verano del 90

La adolescencia de granos florecientes a cubierto del sol inquisidor

sale a relucir en la mínima expresión
del pueblo del verano.

        Tardes de piscina. Unos ojos te describen en néctar 

por vez primera. Risas que salen 

por la barbilampiña voz, aún inocente.

Helados, entre chicharras monotonales, los ojos que te hablan 

de abrazar, alguna

carrera de niños alocados distorsionando

el amor que hace cosquillas. Esas 

noches, a lo lejos, dando descanso al terral,

una plaza donde entran primaveras
a olerse. El camino

alfombrado de vecinos en tronos de enea,

    saludando, mientras anotan sus pupilas

cómo pasa el tiempo en los nuevos
pretendientes al mundo

adulto. Me siento

con mis amigos ahora, fantasmales

los vecinos mayores, el sopor 

que no se notaba entonces, el reloj que ha ido deprisa,

y más barrigones, alopecia enloquecida,

y alguna mujer ya madre, que entonces

era princesa adormecida. Nos marchamos bajo el yugo

de las hipotecas a pagar, el cansancio

que se oculta, la vejez que se empieza a entender.

Pasan jóvenes, y los apuntamos, bajo sorpresa, 

en las pupilas de la vida… 

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El mar encima

La ciudad se ha echado el mar encima.

Sudan las hojas moribundas

de los árboles acostumbrados

a callar.

La ciudad tomada a traición

por los otoños, toda maquillada

de melancolía y coches taciturnos.

Musita alguien un hola que nadie contesta.

Rumbo a ninguna parte, los enamorados

de sí mismos se van mirando los pies.

Vendrás con los veranos derramándose

por tu sonrisa, asomados al destino.

El otoño no te envenena el deseo.

Da gusto así ser inmortal,

con los paraguas a buen recaudo…

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Ojos torrenciales

Inundados campos de mis ojos

torrenciales,

verdor y amarillos trigales andaluces

a contra luz despertando.

La orquestal chicharra, nota pedal

sobre armonías paradisíacas

se manifiesta en ensayos matinales.

Calor de infiernos en adolescencias

cae sobre el olivar en rezo,

el terral polvoriento de los medios

días silenciosos degollados.

Los pajarillos se atreverán,

como casas caleadas, a brillar

en el atardecer del sur celestial,

hipnotizado por el sol absoluto

del verano adormecedor…