Publicado en Esmeraldas

Al mar que nos observa

Se asoma, cual niña

a la dimensión de los sórdidos adultos,

Sanlúcar al mar que nos observa.

Muros llenos de primavera en legañas,

la ciudad enseña sus lechosa ubres

y las aguas murmuran, lascivas.

Sabe el salitre dónde acaba

esta eternidad de sexo estentóreo,

dónde el futuro de los hombres
árabes,

dónde el orgasmo del cosmos andaluz.

El mar es un ojo, centinela

de todo lo por pasar. Sanlúcar

peina sus olas, lo amansa…

Publicado en Esmeraldas

Una vez

Envés de las hojas

tantas veces,

hoja del abismo

por escribir,

veces del envés

oculto al sol

escrito en miel

cínica. Tantas

veces yo,

tan pocas tú,

tan Dios, a veces,

el fin y su letra pequeña,

el cosmos en tus olas,

en tu dialecto árabe…

Tan poco a que aspirar

si no tú, una vez,

y soñar la regresión,

y que me desempolves

las pesadillas.

Publicado en Poemas

Piedra ciega

Mis ojos

encallados en la piedra ciega.

Unas barcas huérfanas

preguntan a la nada,

si los despojos

del tiempo soplan con fuerza

para cubrir mi romo

cuerpo en la batalla.

Unos ojos cerrados

me sueñan, ando

sobre la derrota,

erosionaron las olas

la victoria…

Publicado en Poemas

Noviembre

A las puertas

de la Inmensidad,

unas manos octogenarias

reconocen

a sus yoes ahogados;

la Verdad con túnica

les miente.

Un río invisible

acepta barcas parásitas.

La noche duerme

con la muerte pensativa.

En la ciudad, la piedra

muestra golpes de la lluvia.

Un silencio de hombres secos

retumba

en las entrañas de Dios…

Publicado en Poemas

Primaveras y salitre

Adiós a las paredes

que sudan primaveras y salitre.

Adiós a las mareas y su tempo

arrítmico. He matado, sí,

al Guadalquivir y sus ahogados,

he hundido sus barcos.

Adiós a la cal macilenta, a la vejez

de lo eterno. Calles empedradas

me lapidan. Un leñador

con rostro infame, leva mis anclas.

Adiós a la pubertad del cielo limpio.

En el acantilado del mañana

se encuentran las metas,

y un sino tímido de un solo ojo…

Publicado en Esmeraldas

Esme

Donde la eternidad

nos acaricie,

donde hasta la desnudez

sea un adjetivo redundante,

donde

los dónde se guarden

donde las arpas mudas,

donde mis ojos sean niñez

en tus amaneceres,

unos sanlúcares de cal

y primavera

abrazada al existir,

detendrán al tiempo y la muerte.

El cielo sabrá a verde,

verde pandemia

esmeralda cual perenne

calma del Guadalquivir.

Publicado en Poemas

Agazapados presentes

El futuro está 

libre de impuestos y resacas.

Vivo rezando a esa utopía 

de fronteras tímidas, siniestra

biblia, ejército vestido de alba.

El futuro es como los adioses

olvidados, trenes que llegan tarde.

Llego a ninguna parte 

con los años abiertos de piernas:

pasaporte caducado, voces

del presente insultando, la guerra

indiferente, la alegría 

en el bando de los otros. 

El futuro está esperando

a mis agazapados presentes.

Publicado en Esmeraldas

Huesudas manos

Vigilan las iglesias,

con la soberbia anquilosada de las monarquías.

La piedra amarillea el recuerdo;

unas niñas que serán mujeres

en las siestas del verano,

gritan su niñez, inocencias

de estuario. Las calles

fantasmales del invierno, cuyo

murmullo es ajusticiado

por la Sanlúcar inmisericorde,

silba a los barcos pesqueros.

En la calle Ancha rugen los comercios,

mujeres en flor queriendo ser primaveras,

aprendices de hombres noche

pasean su olor a acantilado,

feministas exultantes arrancan

los bigotes al sistema, una anciana

de ninguna parte mendiga

las monedas a judas invisibles.

El mar tatúa las almas mozárabes

de tangos preñados de luz.

Músicos callejeros mantienen

el compás hasta que la piedra duerme.

Sanlúcares de niñez salobre

traen sus huesudas manos

a mecer doñanas que acechaban

vigilantes.

Publicado en Esmeraldas

La piedra llamando

La piedra llamando musculosa,

arropada de mediodía.

Acechan parásitos vientos

en la gula de Historia moribunda.

Sanlúcar habla estentórea; el eco

de la tragedia flamenca se enraíza

en la cal

donde habitan fantasmas.

Unos guardianes del mar

suben con ojos tormenta. Huelen

las primaveras que bostezan

con sus manos salitres.

Noche presagia una gaviota,

y los pescaores del versículo

humilde asienten, con el saber

que nadie atrapó en los libros.

Atardece la piedra un sol lánguido;

las ramas de andaluces nómadas,

se sienten libres esclavizados

a los océanos inmortales.

Publicado en Esmeraldas

El Color que se derrama


Este Guadalquivir de párpados 

cerrados, entregado 

a reencarnarse en risa única

de críos. Bautizados de inocencia

en el juego de la vida, cae la tarde 

en sanlúcares tan blancos

como el Color que se derrama,

solsticios de la vida entrando

en la edad de las tragedias.

Unos barcos vienen desde donde

el tiempo no existe. En la Sevilla 

de los azahares que desnudan 

la magia, contarán  olvidos,

otras derrotas.

Saludamos a nuestros yoes 

de ayeres repetidos. Presagiamos 

la muerte del sol. 

El Guadalquivir  nos cierra los párpados.