Publicado en Poemas

Walking trees

Con recelo

nos mira el abismo. El séptimo

día hubo un dios underground

que echó horas extras,

arrepintiéndose del bien

engominado. El “sí-mismo”

no sabe guiñar y abierta

a manipulación la hiel

deja, the sound

of walking trees, el velo

de la verdad débil, las pistolas

susceptibles de ira.

Va a ser un paseo sobre olas

disimuladas el acabar las risas

ante lo no establecido.

El suicidio

de los voluntariosos ordeno;

sé que mi tecnología anula

el existir de Dios. Prohíbo

la licantropía

y las ensangrentadas lunas.

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Veneno en las escamas

Necio soy

al pretender mostraros la inmortalidad,

el arco iris que emana

en las manos que se besan,

entre los que tienen esperanza,

el volar.

Necio me adoráis,

porque la nada asusta

en vuestras penúltimas cenas,

frugales, con la ambrosía

que creéis mi alimento

justo antes de mataros vestidos.

La vuelta a serpientes

os pareció óptima

para vender fruta prohibida,

para desahuciar evas putas

y adanes sumisos. No os

importa la indolencia al arrastraros

mientras

tengáis veneno en las escamas.

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La piel en pausa

Este resucitar de los relojes,

erosión en mi trinchera,

asfalta la piel en pausa.

Hubo un tiempo anterior

a los bombardeos

donde las flores eran verbos;

los amaneceres,

mi desnudez que hablaba.

Ahora que la madurez

ha manchado la inocencia

de perpetuidad, acuchillo

a mi propia sombra

los días de paga y los árboles

se postran ante mi paso

inseguro. Me conocen

en los confesionarios

de los confines del mundo,

llevo la marca del pecado

en alguna de las vidas

que no supe domesticar.

A veces, cuando la humanidad

se hace la dormida,

hago ruido para despertaos

en mitad de la pesadilla.

Nadie me ha descubierto aún

cepillando mi traje

de Superhombre taciturno…

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Germinar

En estos espejos donde germina

el vacío,

las sombras hacen burla.

Un ejército de sinsabores

desfila sin compás

ni mi rostro

en día par o fiesta de sábado.

Alguien nace con el narciso

introvertido, uñas afiladas

arañan la suavidad de los úteros,

mujeres paridoras difuminan

la atmósfera del Pecado.

Todos en pose, y no acierto

a devolver tanto reflejo inverosímil.

Salgo en flor de los espejismos

del ser,

túnica visto, barbas atormentadas

de insomnio. Me llaman

de nuevo Dios, se postran superfluos

los ricos, sumidos en miedo

los culpables de ser pobres.

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Me contemplo

Me contemplo ante un Goethe

de papada casi infame, lleno

de mil y una noches en insomnio

apátrida,

contemplándome contemplar

los caminos que nadie inventó.

Pongo al pensamiento los azúcares

de la noche infinitesimal,

donde el espacio se deforma

al antojo del vuelo a la cumbre,

la que arroja miedo a la dimensión

del humano efímero.

Me contemplo en la medida

de los sentidos trastocados,

en la cosmogonía virtual

que pagan las semanas sin días

de puestas de sol, sin escaleras

por donde caer, sin palabrotas

a quienes se dejan encarcelar

con gusto.

Me contemplo pensamiento fútil,

un volcán dormido entre la erupción

de realidades embellecidas

con el terror de la nada. Nadar

cuando la corriente en contra

tiene espíritu de sucedáneos del salmón primero.

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Descartes

El del espejo es más real.

La noche se manifiesta

cuando cierras ojos a la luz.

Los caminos se multiplican

cada vez que quieras aparcar.

Los mares tienen naufragios

e islas desiertas hipotecadas.

El del espejo hace el saludo fascista.

Te coge con desgana, esta vez.

Hay que gente que vuelve a la niñez

a quitar el bocadillo al empollón

de la clase.

El del espejo hace la ecuación

de Cuarto Reich. Su padre

habla con el director pecoso

y lo aprueban. Tú tienes envidia.

Llama Descartes a la puerta,

te escondes. La verdad asusta.

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Mi yo futuro

En el ERE de mi yo futuro,

altisonante harapo

del aspirante a Dios colérico,

habrá fallos de forma. La erosión

de la verdad

y sus fiscales corruptos

no harán mella en mi epílogo lunar,

no harán odio lo ya moribundo,

no harán lágrima de la sequía de los pétalos.

Me iré a sacar brillo a las estrellas

de los mansos, a robar

esencias,

a evitar los adioses y la pleamar.

Volveré en la edad adulta,

ya cual Superhombre,

cirugía filosófica que no os importa,

con la letanía hecha, el pobre

desnudo esperando

el estandarte con mi rostro ahogando 

las olas…

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Francotiradores

Me sangrarán el cobijo y la esperanza.

Hubo tantos francotiradores disparando desde el pasado y sus aristas…

Me sangrarán el caminar y los abismos que alicaté con las misericordias del yo bueno.

Mi yo monstruo vuelve a abrir el instinto y se desnuda ¡Fuera

zapatos, soy camino! ¡Fuera

el vértigo, soy vuelo de buitres!

Cada vez que una cascada bañe

la malahierba, seré yo el agua envenenada,

la profundidad de la ciénaga

oculta cadáveres sin los escrúpulos

de la tormenta efectista…

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La muerte y Dios

Ensordecedor el espacio,

   un beso en el rostro macilento del pasado,

el despertar del monstruo siendo esquinas

que doblar, el deseo

hipotecado, fusilar de los dados

al 2 negro apuntando.

Viene el desconcierto a arropar

todas tus actuaciones con el público

bostezador. Muere 

la muerte y Dios. Quedar

como agujero negro, gula

de mis asesinatos, de mis errores,

de mis manos de dedos astillados,

de mis mendigas y soñolientas 

brújulas.

Un hombre aparece en el espejo

con el rostro culpable

de todo Pecado registrado en la culpa,

apuntando al aire. Pero

es que a veces, respirábamos

cuando Dios se echaba aún la siesta…

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Dios

Mi niñez de espada mata leones

despertará en el amanecer absoluto.

Superados el calor y el frío, los colores

de la moral y el aguardiente, ardidas

las cruces y las barricadas 

de hombres amarrados a la doctrina,

me encontraré con mi yo en el Espejo:

“¿Quién eres?”

Mis ojos de la Verdad mentirosa

musitarán, al otro lado,

la Mentira verdadera:

“Dios”.