Publicado en Bienvenida a las armas

Investidura

Vodevil de siete vidas en clase de hipocresía,

un sastre los viste a todos y los llaman señorías,

una pantomima tal que Sagasta se asustara

del uso vil de los versos de ladrones de palabras.

El Ken enchufa-parientes viste mal de Cicerón,

del Casado aprueba-créditos la ironía va sin don,

se sumerge en la Rivera del universo unidad,

que la noche sin estrellas compacta con libertad.

El coletas zapatista, el del chalé con piscina

se merienda la oratoria, la soberbia de la inquina,

y el Ibex va dando votos a los mejores actores,

y el público en el match point márchase al retrete,

a sucumbir al encanto, 900
limpia ojetes.

Y colorín colorado, este cuento no ha acabado.

Los catalanes Champions pierden, los de blanco

a rebuscar del No-Do glorias y otras perlas,

los vascos etarras todos, una forma bananera

de entuertos resolver en la patria de los ciegos

donde Abascal es el Cid, lo demás, un sacrilegio.

Publicado en Bienvenida a las armas

Pedro

Barajar con los pies

y pretender póker de ases.

Las mangas esconden lo invisible.

A Pedro I “el incomprendido”

le ha tocado escalera de colores,

y sube y baja triunfal

a la pata coja, no sea

que pise mendigos podemitas.

Hubo una vez un pueblo

que perdonó al olvido. La partida

está trucada desde que un obrero

creyó libertad

a un palacete guardado por leones.

El Ibex eyacula sobre nuestra

prostitución esclava.

Pedro es un proxeneta asustado

de la historia. Acabaremos

con el sexo pagado.

Acabaremos con el miedo.

Acabaremos con vuestra versión de la historia.

Publicado en Poemas

Mileuristas

Príncipe hípster.

Desamor como bolsillo interior.

McDonald’s confesionario.

Mujeres transparentes. Bombas

lapas al final de la jornada.

Cultura pop y no future. 

¡Gol de Iniesta! Manifestaciones

a que van colegas. 

Ciudad. Estrés. Networks.

Postmodernistas robots en andrajos. 

Publicado en Bienvenida a las armas

Procés del esperpento

Con la verborrea del “¡apunten, fuego!” unas lenguas en busca del gag

juzgan como quien pela patatas, chusqueros de guardia perenne 

no vayan a romper las españas en procesión y carlistas guerras de mear

sobre el vómito; esos catalanes de cuernos y autopistas puyolistas merecen

quedar afónicos, pagar los cristales nuevos que partimos los españicidas,

pudrirse en las mazmorras de nuestro castellano absolutismo de tercera.

Vosotros, jueces cuyo adjetivo inmundo no quisiera de ungüento de la herida,

os pajeáis con Cánovas del Castillo,
medievales con el anatema por bandera

mil años que duréis en el Reich del PPSOE y derivados, cuales mamporreros

chupa decretos que al pueblo sodomizan  con viagras no visibles.

A alma de pana que escondíais  con el fusil, vuestra lengua sabe a verbo del Infierno,

se olvidó por el instinto de matar, desplumar águilas en la democracia intangible.

Está prohibido matarlas por peligro de extinción.

Sois los pollinos de los universales puntos.

Estamos hartos de morir derrotados por vuestra Razón.

Somos la luz enjaulada en la cínica noche del luto…

Publicado en Bienvenida a las armas

Reflejo del espejo

España es la belleza sin necesidad de ovarios,

el piropo rimbombante,

el reflejo del espejo, la foto del lado

menos malo, las uñas limpias

clavadas en ETA y los catalanes

malvadísimos y amputadores,

el destino de no sé qué universal.

El Universo se expande.

Las banderas son susceptibles

de ser quemadas.

Cataluña y Castilla significan

“tierra de castillos”. En los castillos

hay curro de Drácula, al parecer.

Las patrias van sobradas de cojones.

Y no tienen regazo para tanto emigrante

que apesta a la derecha del Fascismo Pantocrátor…

Publicado en Escritos

El hombre electrónico (III)

Manolo el cabo casi no cabe en el asiento de copiloto. A su lado va cualquier guardia que había disponible y que no es muy hablador. El grueso acompañante lo mira de soslayo.
-¡Ha muerto un pez gordo en Acepa!
Tiempo de reacción del conductor impasible. Sigue sin decir nada escondido en sus gafas oscuras.
El otro continúa.
-Lo han encontrado decapitado en medio de olivos de su propiedad ¡Es inaudito un crimen en estas tierras, no recuerdo que haya habido algo así por aquí en la vida!
Manolo pregunta por un cigarrillo. Lleva 18 meses sin caer. Su compañero en el Cuerpo solo abre la ventanilla. La radio está encendida. Pronto para que nadie dé noticia alguna. Sigue de fondo, tan poco animada como el de las cuidadas manos sobre el volante. La mano derecha tiene uñas de tocador de flamenco. Manolo siempre quiso saber aunque fuera unos acordes.

No sigah con lo de mi padre, Pablo, eh un padre, zolamente eso, no hay que darle tantah vueltah a lah cosah, ¿zabeh?¿Y qué zi te ha despreciao?¿Lo h’esho yo acazo? Eh ya mu’ mayor y ziempre ha tenío que hacé también de madre, un’ombre como é, que no’staba’ducao’n la ciudá y ziempre con suh laboreh del campo…Ya, ya empiezah con lo de que éh un casique, ¡pues yo zoy zu’ija y siempre zerá’zí por musho que desprecieh el dinero!¡No creo que tenga también culpa de ezo! Ya sabíah que era mi padre anteh de que zaliéramoh, anteh de que tuh padreh y tuh hermanoh oh fuéraih a la capital, bahtante aguanto con ehtá ziempre zola ha’ta que tieneh libre y vieneh a verme, ¿no te parece? Lah cosah son de momento así, también he sufrío yo en mih carneh séh hija única y que te culpen con suh miradah porque mi santa madre muriera en el parto. Sabeh que no todoh somoh unoh fascistah redomadoh ni queremoh que todo siga iguá ¡No t’abría azeh’tao en mi vida ni tú a mí! ¡Te poneh pesadísimo con todo eso, Pablo, cariño! Ademáh, ya sabeh lo que’stoy pasando’n la rezidensia, lah monjah son unah cabronah, eh como’htáh en el ejérzito o argo peó…

Publicado en Escritos

El hombre electrónico (II)

Rostros abofeteados por un sol de justicia. Los hombres fuman dentro del bar. Ninguna mujer. Ruido ensordecedor de comentaristas deportivos en pantalla. Niños que entran o salen en frenéticas carreras que a nadie inmuta. Maquilla el ambiente alguna adolescente que entra a pedir dinero a alguno de los presentes. El partido está a punto de comenzar. Por las ventanas se vigila a la gente que pasa por la plazuela del ayuntamiento. Aparecen los primeros cubalibres. El resto bebe cerveza en vasos abandonados anárquicamente sobre la barra. Aceitunas huérfanas en platillos. Se habla de cacería o se cuentan chistes verdes. Acento andaluz opaco.

Mitad de partido. La gente se agolpa de nuevo al mostrador. Detractores y simpatizantes de los equipos en lucha se agreden a voces. Risas. Camaradería. Adolescente reggaetonero con gorra en manos entra con cara de muerte. El bullicio acicala sus nuevas al oído de su padre, viejo con cigarrillo en ristre y capataz marcial en el tajo. Los dos salen no sin miradas cómplices con algunos presentes.
El partido en su segunda parte. Algunos corren calle arriba aún achispados por la cerveza. El resto ha descendido el volumen de su perorata de sábado y solo los periodistas deportivos se oyen de fondo en el sepulcral desconcierto. Como geranios de los balcones, los rostros bronceados asoman curiosos.

Casa cuartel de cabeza de partido comarcal. Aúllan perros por calles contiguas. El cabo que pelea con el ratón del ordenador es entrado en canas y carnes. Viste bigotes clónico de guardia civil de antiguo régimen. Un compañero más joven entra en oficina donde dos acusados por violencia de género esperan. Otro guardia vigila próximo a ellos. La impresora en potencia.
-¡Manolo, una llamada para usted! -exclama el intruso guardia- ¡Es importante!
Manolo el cabo se levanta con la rapidez que le permiten sus kilos de hombre que ha pasado los sesenta inviernos.Manolo se dirige a la llamada de quién coño será el que telefonea. El joven es observado por los presuntos maltratadores. El joven los observa a su vez mientras acaba de reconocer la impresora en pantalla. Otros civiles rondan fuera discutiendo amigables de fútbol.
Manolo vuelve y saca al joven con un gesto. Mueve los labios a través de los cristales de la puerta. Los dos esposados no saben leerlos y especulan. Añora uno un cigarrillo. Ambos son tan culpables como el sistema donde los han nacido.

Publicado en Escritos

El hombre electrónico (I)

Sindicato de izquierdas. Desconchados en las paredes. También pósters varios y obreros que charlan animados. Al día siguiente hay presentación de libro y ultiman detalles. Mientras, beben cervezas y fuman. Algunos olvidaron las causas perdidas pero se dejan llevar,por el ímpetu de los jóvenes. Radio ensordecedora que recibe los insultos de los presentes.

Fuera para un coche cualquiera. Hace ruido de viejo. Miradas cómplices que hablan. Uno sale, apenas un chaval. Se dirige al auto que baja ventanilla de conductor. El chico espera mirando al interior.
– ¡Andaos con cuidao, Migue! Van a por ustedes a jierro! Van a mandá gente de Madrí pacá…

Marcha atrás y se esfuma el intruso. La gente aquí habla con los ojos definitivamente.

Alicia es guapa. Toda la estirpe de terratenientes cuyos apellidos lleva ha tenido mujeres bellísimas y hombres borrachos y violentos. La belleza es un atributo más. A ella solo le ha servido para que su inquisidor padre no le permita haber disfrutado casi del abandono de la niñez. Quiere pensar que con mamá viva habría sido diferente. Sabe en su interior que no. Ella no recuerda y se siente culpable por no poder hacerlo. Mira las fotos que la criada le guardó cuando su padre destrozado obligó a eliminar vestigios del pasado a su forma. Ve a una extraña. Una mujer de cristal con sonrisa de buen ángel.

Publicado en Bienvenida a las armas

Cerdo

El lobo es tímido. Ronda mi puerta

sin llamar. Hasta él

se asusta de mi yo monstruo.

Solo soy el cerdo con la casa

de ladrillos.

Mis hermanos se los habrá comido.

Eran demasiado humanos. Olían

a debilidad, jugaban a la Play.

Esperaré a que se le pase la gula,

le invitaré a pasar, y firmaremos

un pacto de no agresión: quizás

las armas de los hombres

no estén tan mal al fin y al cabo.

Publicado en Escritos, Sin categoría

El perímetro de la libertad (I)

Las veces que la señora de la limpieza devolvía el buenos días estaba intrínsecamente motivado por lo que hubiera llovido, y por consiguiente, se refutara con rictus desagradable con las huellas de barro en todas direcciones. Pablo no desaprovechada ocasión para ahorrarse tal contacto y se tenía bien aprendidas las pautas a seguir cuando descendía con sigilo del ascensor matinal.
La limpiadora lo miraba de reojo por su aspecto quizás desaliñado e impropio de capital de provincias. Le duraba unos segundos hasta que volvía a maldecir para sus adentros y se acordaba de algún general de cuyo nombre no quiero acordarme, al recordar ella los ardores propios del aguardiente anterior al café solo que tomaba sin azúcar por aquello de guardar la figura. Nadie diría que había parido tres hijos y un aborto que le provocaron entre una escalera y un cubo de fregar que hubo colocado el demonio en cruel posición. Ya no dolía recordarlo, era como acordarse de los ronquidos de su esposo nauseabundo o de las malas notas de su hija menor. Estaban ahí, como están los macetones que debe intentar hercúleamente mover a diario para limpiar la mierda de los nuevos riquitos.
Pablo llegaba siempre tarde a clase como norma de conducta semanal y que ocultaba a su madre, viuda de policía caído en acto de servicio en la lucha nunca agradable contra la droga que nevaba sobre las discotecas haciendo mucho más mal que el que pudiera sospechar aún un adolescente pajillero. Su madre se guardaba de reñir mucho en casa toda vez que ambos sabían que Pablo sabía que le daba a las pastillas diluidas en vino. No eran tiempos para aventurarse así a la vacuidad de espíritu  siendo mujer cristiana y con hijos a cargo. La soledad y el demonio, decía el cura que olía a aguardiente en la iglesia de la esquina, juegan muchas malas pasadas. Y luego ponía a Dios como milagrosa solución y la cuadratura del círculo parecía aparecerse al hombre de túnica larga y barriga excesivamente redondeada hacia fuera, como correspondía a su estatus y canas.