Publicado en Poemas

Condenado

Me condenaron al tiempo,

quizás a la calma de los días sedados.

Un espejo me persigue

escupiendo canas en mi pueril

cadencia.

Sé que debe de haber formas

de andar por los mares azucarados,

de no hipotecarse las sonrisas,

de nadar sin salpicar a los ahogados.

Pregunto a quien me imita

recordándome los appointments

con fabricantes de alas y vendedores

de la verdad en fascículos. Es muy cruel

llevar reloj y tomar pastillas

contra la niñez

y ser inmune a la oscuridad.

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Publicado en Naima

Amor salobre

¡Ven, Naima,

desempolvemos al unísono

las olas de este mar! Las barquitas

cuentan secretos

de sirenas y de los hombres aire.

Sobre Doñana hay una sinfonía

que espera tu batuta,

un cielo azul desenvuelto para tus ojos.

El verano de terciopelo

nos arropa, las gaviotas vigilan

los barcos de los fantasmas;

¡Ven, Naima, llave

del amor salobre de la niñez!

Publicado en Poemas

Germinar

En estos espejos donde germina

el vacío,

las sombras hacen burla.

Un ejército de sinsabores

desfila sin compás

ni mi rostro

en día par o fiesta de sábado.

Alguien nace con el narciso

introvertido, uñas afiladas

arañan la suavidad de los úteros,

mujeres paridoras difuminan

la atmósfera del Pecado.

Todos en pose, y no acierto

a devolver tanto reflejo inverosímil.

Salgo en flor de los espejismos

del ser,

túnica visto, barbas atormentadas

de insomnio. Me llaman

de nuevo Dios, se postran superfluos

los ricos, sumidos en miedo

los culpables de ser pobres.

Publicado en Poemas

Marcho

Marcho,

turista eterno sobre la piel amarillenta

de los horizontes.

En cada esquina

el desamor me atraca,

un árbol me ahorca en los parques,

una estatua ecuestre pisotea

mi sudar de sparring.

Marcho,

inventando los pies y el camino,

las caras para el recuerdo,

la luz que suavice

el agonizar de todos los que robaron

mis vidas extras. Marcho…

Publicado en Poemas

Me contemplo

Me contemplo ante un Goethe

de papada casi infame, lleno

de mil y una noches en insomnio

apátrida,

contemplándome contemplar

los caminos que nadie inventó.

Pongo al pensamiento los azúcares

de la noche infinitesimal,

donde el espacio se deforma

al antojo del vuelo a la cumbre,

la que arroja miedo a la dimensión

del humano efímero.

Me contemplo en la medida

de los sentidos trastocados,

en la cosmogonía virtual

que pagan las semanas sin días

de puestas de sol, sin escaleras

por donde caer, sin palabrotas

a quienes se dejan encarcelar

con gusto.

Me contemplo pensamiento fútil,

un volcán dormido entre la erupción

de realidades embellecidas

con el terror de la nada. Nadar

cuando la corriente en contra

tiene espíritu de sucedáneos del salmón primero.

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Epigramas

Dos epigramas de mi amigo Zabdas:

Hambrientos de quebrantos,
andan los silencios
que quieren ser gritados.
Huérfanos de voces
que no se callen.
…………..

Vivir en mí sin tus abrazos,
es la celda de castigo
de un centro de exterminio,
un módulo de aislamiento patrio.

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Desembocadura

En la desembocadura

de todo mi sangrar hay un grito,

un segundo donde se esconden

todos los asesinandos,

las amapolas que no evité pisar.

Aprenderé a andar sobre los muertos

caducados. Las gaviotas

del futuro tendrán dientes

con el ojo de Polifemo,

y mil orillas donde moriré

tantas veces como nazca

la indiferencia que me bosteza.

En mi anochecer hay

horizontes leprosos, un espejo

que mira asustado su destino,

un gato con las vidas inundadas

de calles que rumian

y Dios con mondadientes.

Publicado en Poemas

Con el blues en penumbra

Hay un bar con el blues en penumbra

en todas las pieles que mudé.

En todos hay un almanaque

con años que ya no sirven

y una mujer

asomando a la realidad de hombres lobos.

Hay olor a engañados

con el truco de ser felices,

un niño que es nieto del que se llevaron

una noche cuando los nacionales

miraban con la muerte y una cruz

aniquiladora. Hay también un televisor

que presume de las gestas del Madrid,

una radio envuelta en cortinas de tabaco,

una niña que nunca me mira

dentro de mi inocencia, un cromo

de Arconada, el ABC del fascismo

abierto a pescar incautos,

el ruido que tapa las cadencias del blues.

Yo soy el del fondo, allí donde

se ha fundido la bombilla.

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Bañera

En el mar de mi bañera

se bañan todos mis yos. Casi

ninguno pone impedimento

a dejar impolutos el cinismo

y la mentira. El único

que inventa excusas

es mi yo asesino, con la ropa

manchada de las veces

que disparé a quemarropa.

En el mar de mi bañera,

a punto de sal,

a veces ahogo mis sombras.

A veces el futuro nada a crol.

A veces hay diluvios

en el mirar bisiesto

de mis sequías y flores musculadas.

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Lola “La Corneta”

El pasillo de las brasas, azuzando

la niñez de alfombra voladora,

me llevan a la puerta macilenta,

celeste andaluz cielo

de Lola “La Corneta”. Pedro

me espera para explorar los mundos

de la infancia, diluvios de risa

por el verano exuberante

en sillas de near. Panziverdes

mecidos por la noche que vigila

nos contemplan recogedores

de grillos, botánicos absortos

con el reloj parado en la inocencia.

Se repiten esos sábados

de onzas de Curro Jiménez y pan,

engullimos felices como

la edad adulta nos engulle,

frente a la partitura de las notas justas,

los acordes mayores que aún Paqui sabía;

Valle que hace de princesa

en algún juego de luciérnaga tarde,

la pelota hinchada apenas,

implorando atención. Lola

que ríe con el compás armonizado

de críos de ojos puros.

Me desvanezco con el olor

a siesta y el gol que Pedro

me dejaba marcar. Joaquín

y José, Pili, Loli…

Me despido y me saludan

con el hasta luego de gente

que sabe ser cosmos.