Publicado en Poemas

No se puede

¿Oís el lamento del planeta herido,

el sollozar de los animales

guarecidos de vuestra ceguera?

¿Notáis la lluvia sobre vuestro

fuego incandescente, la venganza

del mar donde orinasteis

la felicidad de tabernas?

Esta quietud de chicharras,

claxones en el caos de los ricos,

es el fin vuelto de espaldas,

la guadaña en falsos paraísos.

“Me crucificaré para morir por mí mismo”

clamas frente a la resurrección de las olas.

El mar no es la pandemia, tú el naufragar enemigo,

un Ícaro ingenuo entregando alas a la derrota.

No se puede ahogar cuando eres barco.

No se puede ordenar cuando eres caos.

No se puede florecer cuando eres invierno.

No se puede responder cuando eres el eco.

Publicado en Poemas

Manual de uso

Falta el manual de uso

y tengo el corazón desmontado

por estos versos fríos.

Busqué

en la brusquedad del otoño,

en los prospectos de la esperanza,

en la melodía que no se toca,

en Dylan, por supuesto,

en las palabras a medias,

en el hueco del ascensor

al Cielo, en las parábolas de Messi,

en el cuadro ladeado de mi vida.

Tendré que tirar las piezas

al cajón del olvido,

donde me desprendo

de todo lo que ya no sirve para casi nada.

Publicado en Poemas

33

Llevo haciéndome el vivo 33 años.

Imito bien el respirar,

alguna vez una sonrisa no muy pronunciada.

Rara avis me consideran los cicerones

de rala cultura más allá de bíblicas efemérides

y adivina futuros a posteriori. De esos

están las españas patrañeras

a rebosar. 33 años

orgulloso de apestar el aire

que creéis privativo de las élites.

¿Oís este silencio

luego de vuestro gritar fútil?

Es la venganza del planeta,

donde descansamos los no vivos.

Llevo haciéndome el ciego y el sordo

desde la obligación a ver vuestra armonía,

a oír vuestra creación, nacida adulta

y vestida, susceptible de disparar

a quienes, como yo,

huelan demasiado a color muerto.

33 años es demasiado tiempo,

y a mí no me engañáis con un ataúd

más cómodo,

por si no sale lo de la resurrección. Os voy

a vomitar versículos hasta que sepulten

la plusvalía y se asfixien

vuestras manos de Judas,

contemplándome crucificado.

Publicado en Naima

Viajeros de primera

Cuando la realidad y el tiempo

insobornable

se den la vuelta

seremos magos de primera, Naima.

En gominolas convertiremos

toda la muerte sin bolsa

en el contenedor de los hombres sin sonrisa.

Quizás en ola de mar sin ceño

las palabrotas de dientes largos,

en serpentinas las balas

que caguen las pistolas tartamudas.

Cuando el tiempo nos robe el reloj

y la realidad borracha los poemas,

nos haremos fuertes

sobre la alfombra

sin viajeros de primera clase.

Tan personas seremos

que solo la invisibilidad

nuestra aventura podrá descubrir.

Sin gravedad dejaremos

los sueños de los niños,

construiremos albergues

en los arsenales de bombas indigestas.

Quizás vayamos a la luna

cuando un vendedor nos ataque,

y nos negaremos a hipotecar

estrellas para comprar una plancha.

Publicado en Poemas

Guerra aletargada

Hace tanto que Blas de Otero

nos dio todos los versos,

que se pudrieron los amaneceres

en los ojos que merece

un pueblo tartamudo al declamar.

Fue un mal entendido. El hombre

nunca ha estado en paz,

más bien en luto por el pobre

que murió censurando el frío

del invierno, la sonrisa mellada

de los veraniegos niños,

la felicidad enlatada

vendida al por mayor.

La guerra aletargada no es menos

guerra porque nos salve Dios,

ni el grito más fuerte por el eco…

Blas existió, quizás el hombre no.

Publicado en Naima

Mujer luna

Viene la tormenta, Naima,

pero nosotros gritamos más alto.

Se hará de noche

y luciérnagas del antaño

seremos, niños invisibles

que el monstruo no descubra.

Viene la tormenta, Naima,

pero nosotros llovemos torrenciales,

allá donde el muro haya que derribar.

Se hará de noche

solo cuando yo cierre los ojos,

y entonces, tú el sueño,

mujer luna, el no tiempo…

Publicado en Naima

De mi voz en tus manos

¡Sopla, Naima, que la luna

despierte,

que la mar sea la cuna

donde sueñe tu suerte!

¡Huele, hija de viento,

la indecible caricia

que muero en cada verso,

ayudando a la brisa!

¡Mira, Naima, que los ojos

del tacto

sean resurgir entre escombros

de mi voz en tus manos!

¡Llama, volar de jilguero,

a la puerta en la calma,

donde arropan los sueños

mi sonrisa del alba!

Publicado en Poemas

¿Por qué…?

¿Por qué la muerte,

cual muerte,

no mata al hambre

en vez de decorarla con moscas?

¿Por qué la tormenta,

si tormenta siempre,

a los ojos secos de la tarde

no los inunda de aurora?

¿Por qué el invierno,

si invernal solo a veces,

al murmurar de la sangre

no planta bocas de amapolas?

¿Por qué el silencio,

si silencio que hiere,

no para antes del desastre

del réquiem ante el rompeolas?

Publicado en Imprescindibles

Machado

Siendo hombre a los 16,

lo demás es un marchitar la soberbia,

quise manosear los pechos

a la realidad de ásperos encajes.

Descubrí lo caduco

de la inmortalidad adolescente,

hoy callo cuando me vence

el huracán, pues caer es natural

en lo vetusto. Y marcho,

en una realidad de colinas suaves,

castellanas en el devenir del Duero

y sus hombres encallados

que el viento erosionó.

Hablo con Machado,

aquejado de la pandemia del fascismo,

mientras andamos por las aguas

y se nos pega la muerte

a ser invitada

al diluvio del affaire Dreyfus modernista,

a los grillos del patio sevillano,

al romancero de alvargonzález

que no cesa, a las Españas

mitómanas y las otras

que abuchean a Juan de Mairena

y su contrario. Inactuales,

como somos, damos esquinazo

a lo diario, a la lágrima en pañuelo

de seda,

a españolitos varios.

Y se despide D. Antonio, ahogando

su poesía en el mar de la ignorancia

y vuelvo a los 16, a la inmortalidad,

al modernismo y su arrogancia…