Publicado en Poemas

Me amanece

Me amanece la cizaña

de la gente en erupción.

Los ladridos del vecino,

regañando a los árboles

en alopecia otoñal,

los perros declamando

odas a lo ingenuo, me resucitan.

Me amanece la cizaña,

habita en el vacío círculo

de mi yo aparcando,

de mi yo muriendo

en las penumbras de la tarde

fósil. Me amanece la noche,

y ahí ya me rindo a los infiernos:

conocen al Dios

del que me río cuando

se olvida de señalarme los caminos

menos iluminados por Su sombra.

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Publicado en Esmeraldas

Esme

Donde la eternidad

nos acaricie,

donde hasta la desnudez

sea un adjetivo redundante,

donde

los dónde se guarden

donde las arpas mudas,

donde mis ojos sean niñez

en tus amaneceres,

unos sanlúcares de cal

y primavera

abrazada al existir,

detendrán al tiempo y la muerte.

El cielo sabrá a verde,

verde pandemia

esmeralda cual perenne

calma del Guadalquivir.

Publicado en Poemas

Ya de mar…

Ya de mar mis pies

en ebullición colérica,

tormento de los por ahogar,

zozobra de los destinos rectos,

fuerza demoníaca

que arrastre las mazmorras

de la moral y sus hijastros.

Mis bocas ya de mar, todas,

el lenguaje del horror,

el esperanto que hasta a la muerte

asusta,

el aliento de los volcanes,

los no escrúpulos del terremoto,

los incisivos de las tormentas

irracionales.

Ya de mar mis brazos, silenciosos,

susceptibles de martillear

los sueños de las estrellas,

de ser ramas de los inviernos,

montañas de la ira amanecida.

Un mar ya absoluto, gris homogéneo

en la pulcritud de lo susceptible

de suceder, del devenir dubitativo,

de las máscaras arrancadas

a cada acto en potencia…

Publicado en Naima

Jardinero

Un jardinero condenado

a ver de lejos

el olor de la primavera.

Una flor entre barrotes,

en la jauría de la noche humana.

Las raíces saboreando

la savia de la niñez indómita,

siendo cada vez más árbol,

menos oscuridad en círculos.

Un jardinero se atraganta

del néctar que le deja el tiempo.

Todo se silencia.

Una pesadilla atroz nos respira,

poda las semillas de nuestro

vientre, me hace mayor a Naima…

Publicado en Naima

El tú ya mujer

La fuerza del tiempo nos vence,

Naima,

su ingenio da cuerda a los relojes

y en todas mis trampas

sus agujas me hacen caer.

El cielo estará tan azul

como queramos mañana, volar

será tan fácil como nos deje

la responsabilidad del tú ya mujer.

Yo no te mostraré caminos,

ni a disparar, ni a ser mar encrespado,

ni a hablar la prosa de las corbatas,

ni siquiera a ser lluvia.

Te enseñaré a ser color del desválido,

a ser agua en cascada,

a ser risa y moco verde, a ser pedo

que interrumpa la norma,

a ser búsqueda insondable

de la no culpabilidad, a ser persona

que hable el idioma de los animales

indefensos. A ser ser

desde mi humilde esculpir

de aprendiz de ser erguido.

Publicado en Poemas

Agazapados presentes

El futuro está 

libre de impuestos y resacas.

Vivo rezando a esa utopía 

de fronteras tímidas, siniestra

biblia, ejército vestido de alba.

El futuro es como los adioses

olvidados, trenes que llegan tarde.

Llego a ninguna parte 

con los años abiertos de piernas:

pasaporte caducado, voces

del presente insultando, la guerra

indiferente, la alegría 

en el bando de los otros. 

El futuro está esperando

a mis agazapados presentes.

Publicado en Naima

Hija de mi yo desnudo

He visto en tu rostro, hija

de mi yo desnudo, el idioma

del aire, el canto de las flores,

la vejez del infierno.

Hay una bruja malvada

que nos ahoga la risa, que inventa

los naufragios, que pone colmillos

a los peluches.

He visto a la ley ciega,

mostrando el horizonte

cuando tiemblan los sueños.

Nos fusilan con mala hierba,

no saben que resucitamos

y somos árbol de hoja perenne.

Quemaremos a la bruja,

y nos quedaremos

con el libro de pociones mágicas.

Se secarán las tormentas,

la lava será un tiramisú

relleno de mediodía, prohibirán

la oscuridad con monstruos

arrinconados.

Sé que sabremos las respuestas,

y no se las diremos jamás a nadie.

Publicado en Esmeraldas

Huesudas manos

Vigilan las iglesias,

con la soberbia anquilosada de las monarquías.

La piedra amarillea el recuerdo;

unas niñas que serán mujeres

en las siestas del verano,

gritan su niñez, inocencias

de estuario. Las calles

fantasmales del invierno, cuyo

murmullo es ajusticiado

por la Sanlúcar inmisericorde,

silba a los barcos pesqueros.

En la calle Ancha rugen los comercios,

mujeres en flor queriendo ser primaveras,

aprendices de hombres noche

pasean su olor a acantilado,

feministas exultantes arrancan

los bigotes al sistema, una anciana

de ninguna parte mendiga

las monedas a judas invisibles.

El mar tatúa las almas mozárabes

de tangos preñados de luz.

Músicos callejeros mantienen

el compás hasta que la piedra duerme.

Sanlúcares de niñez salobre

traen sus huesudas manos

a mecer doñanas que acechaban

vigilantes.

Publicado en Poemas

Planeta Tierra

Yo era tímido aire,

os miré inventando jaulas

aprisionando el respirar.

Mis ojos son del mar

donde los barcos naufragan,

asesina de don nadies.

Yo que fui silencio

en mitad del huracán,

semifusas nerviosas disparando,

yo, que el “no pasarán”

tuve cual esencia del amando

amado, soy estruendo.

Yo en la confusión

de ser vuelo, asesinato,

locuaz pluma, la tragedia,

yo de la niebla anonimato,

dios en el espejo, senda

sin bifurcar, felicidad atroz.

Yo soy planeta Tierra,

muerte de biblias cuchillos,

eternidad y venganza.

Yo la madre de mil gritos,

vida que sabe a las guerras,

las bocas de la esperanza.

Publicado en Poemas

Los poemas durmientes

Se descomponen los poemas

durmientes

sobre los amaneceres poco hechos.

Los trucados dados del destierro

de mendicidad me visten.

Aquí y ahora, tal como balbuceas

la pueril inocencia, los lobos

vestidos de revisores del gas.

Se hunden

las bóvedas del cielo, el techo

de mis infiernos de segunda,

estos versos bizcos…

Aquí y ahora, alumbrando al sol

con la linterna del móvil,

a Dios le da por charlar atropelladamente,

el sofá se viste de camastro,

enseñando sus fauces de ataúd.

Aquí y ahora; nunca un lugar

fue tan sórdido, el tiempo tan verdugo…