Publicado en Bienvenida a las armas

Al lado del Paraíso

Al lado del Paraíso

hay una tienda de remordimientos

de segunda mano. Venden

también biblias con finales alternativos,

y chismes sobre el perfil malo

de Dios, agua bendita

de alta graduación

sin control sanitario, y spoilers

infumables del Juicio Final

por acaecer.

Al lado del Paraíso, hay, como siempre,

pobres perennes con ITV recién pasada.

De Pascua a Ramos hacen oferta

de rezos que funcionan

como las cremas anticelulitis,

y placebos apaga llamas

del averno malísimo, estilo

Antena 3 y demás sucedáneos.

No me queda claro si al lado

del Paraíso

no va a resultar aquí mismo,

en mi ciudad,

en mi esclavitud,

en mi tiempo finito de espacios

y eternidades.

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Miguel

Hedor de sombra

de fantasmas sobre la piel

del aire. Miguel

que balbucea y el universo

se le derrama.

Unos pechos que amamantar quisieran

la niñez asomada a la muerte,

se secan como el desamor

y las lápidas.

Pero los caídos no olvidan

que el fusil tiene ojos

y la maldición del remordimiento.

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Nieblas

El yang

amoldo al ying con el complejo

de los culpables tímidos.

Con aliento de piedra caliza,

un cristo de todo a euro

camina,

a escupitajos lapidado.

El ying reza con cruzados dedos;

se depila la entrepierna el yang.

Entre los suburbios en overbukin,

se nacen cien mil hijos de San Luis,

se escucha trash metal, se lucen

Levi’s etiqueta verde. El ying

es invisible, el yang camaleónico.

Un marroquí armado de tristeza

y artimaña fenicia,

sobre el mal y el bien vende

su esclavitud. También

anduvo sobre los mares nuestros,

al igual que el rumano

que nuestros sueños duerme,

roba todos los trabajos,

alienta tormentas de apocalipsis

poco hechos. Un burgués

encargado de encallar manos

obreras limpia las heridas

a Cristo, acusa de escupir

al marroquí, de ser piedra al rumano.

Largos cuchillos en la niebla europea.

Aquí,

a orillas del asfalto, el ying vislumbra

África; un bostezo da el yang

ante la costumbre del hedor a tragedia…

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Piruletas

Mi hija es la costilla de la que nacen

los sueños. Mi hija es tan poco

mía que inventa

la poesía cuando ve

Gumball y se ríe, sin saberlo,

con orgullo de su espejo

cóncavo y los acordes

que le da igual aprender.

Mi hija es intransferible

y solo esclava de sus propias metas.

Mi hija se llama Naima

y pone passwords a vuestra voz

de aliento borrachuzo,

a vuestro eco fascista,

a vuestra mirada embriagada

de primaveras marciales.

Mi hija es ya absoluta,

como el tiempo y los arco iris

que tanto os molestan.

Mi hija se viste sola

y da abrazos por instinto,

ve Frozen mil veces,

y se atranca leyendo cuentos,

no el Mein Kampf. No sabe

quién es Dios,

pero quizá un día lo invite

a entrar en su alma.

Se sabe las tablas de mates,

la de los mandamientos, no,

también sabe patinar

y cepillar a los renos de Papá Noel.

En fin, que ya que ella está

currando de niña

y opositando a princesa,

os lo digo yo: ¡idos

a otro planeta a sembrar

piruletas rellenas de odio!!!

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Él

Mucha gente en blanco y negro

ametrallada por la cruz

y alzacuellos con gonorrea. Mucha

otra lapidada

a espaldas del NoDo,

y niños que fusilaban

a los amigos en sus juegos.

Los adultos de tanto imitar

el pueril llanto de los culpables,

se vistieron de lágrima

y confesionario. Él, afable

como los buenos días del rico,

los arropaba y les leía versículos

de sus azañas. Él era el semen

absoluto, la apología

del amanecer patrio. En los rezos

escondía el asesinato

de adolescentes inventando kamasutras

jolibudenses y chicas degolladas

por parecerse a Rita Hayworth.

Los montes tenían ojos y los tricornios

dientes incisivos. Él era

el ventrílocuo del Dios levantado

con el pie izquierdo. También

el Abraham fascistoide,

entregando comunistas

al sacrificio del olvido.

Llevaba sin verse la virilidad

desde que la moral pétrea

le lapidó el reír de la salida de colegio.

Luego cerillita encendió el fuego

de la oscuridad,

y mató a infieles y a harapientos

españolitos, con el áurea

que le inculcaba una biblia

escrita con la lengua del Imperio.

Paró los relojes

y latieron cunetas nacidas

de las penumbras. El hambre

se alió con la muerte

y la españa sierva se fue a buscar

el amanecer,

más allá del empacho de sol.

Mientras otros se quedaban

ciegos con las pajas pecaminosas,

Él nos inventaba una monarquía

con parlamento roba almas.

Se cansó de jugarse a los dados

el Imperio

y se fue, cual emperador romano,

a que le lloraran la mortalidad

del cuerpo,

ese que tanto odiaba

Su Platónica Vuecencia.

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Vicepresidentes

Todos somos vicepresidentes,

todos abrillantadores

de arco iris, todos jueces

con la moral en la entrepierna,

todos influencers y flores

que regalar a abuelitas tiernas,

todos chiste fácil y ensalada

tras la indigestión de mentiras

consagradas, todos izquierda

etarra y pedo catalán, algarada

derechista si no, prístina

voz del toro de Osborne, mierda

divina, ley amordazada, almohada

de la siesta real, todos inquina

vicepresidencial, todos gilipollas,

todos mentira, todos ahora.

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Mentirijillas

Unos veranean

en los inviernos de otros.

Unos sirven la sopa,

otros hacen de moscas.

Unos inventan la estupidez

y el paso cambiado.

Unos decoran con acuarelas,

los otros tapizan

la poltrona con mentirijillas

de la última campaña.

Unos mueren en las guerras,

los otros son gatillo.

Unos rezan a Dios, los otros

hacen milagros y pagan

para que les lleven la cruz.

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Principio de incertidumbre

Purpurinas en los credos y dorados kitsch,

alguna puerta de goznes en el acto

del ahorcamiento y un sofá de IKEA

con restos

de patatas, marca blanca.

Un comensal, luego otro y otro

con el mismo apodo reductor

de “otro”. Una mujer sin piel

olfatea buscando a su prole.

Cuando las fauces

acabaron horas extras, vino

la calma,

y la culpa. Hay voluntarios

para disparar, quizás

no tantos para hacer de fusilados,

menos para admitir

ser ideología por escribir

entre las ruinas que esconden

las alfombras. Alguien,

en alguna velocidad,

porque correr es la respuesta

a la tragedia de las preguntas,

para los relojes. Pienso, luego

consumo, y me paso

los principios de incertidumbre

y a Dios en martes y 14

por debajo del falo del psicoanálisis.

Hoy hay fiesta de pijamas

y take away, y peli en Netflix.

Un político dado, en prime time,

confiesa su robo y su mentira,

y se retira con el comodín

de jueces puteros y serviles.

El ser en incertidumbre

se contempla desvestido

de principios. Nadie

compra revoluciones,

se gasta munición. Ciertas

primaveras cuánticas

colorean el desasosiego

de mentira y amaneceres

en fascículos. 3 por 2

en rímel para ojos ciegos

que observan, ruborizados,

las prisiones del lienzo

para atrapar la esencia de Dios.

Publicado en Poemas

Calle Farándula

Trapecistas en baja médica

por vértigo

en la calle Farándula,

atentos a la delgada línea

por la que camina el atardecer

hacia la muerte.

En la calle Farándula duermen

todos los payasos

casados con heroínas

que ganan las batallas todas.

Elefantes

adictos a dietas milagrosas,

envidian bikinis incoloros

en los escaparates-espejos.

Los bares cierran a su hora

en la calle Farándula, adoctrinados

por las multas y el látigo

de los domadores de hombres.

Unos magos repiten trucos

que los niños vieron en YouTube,

y unos malabaristas extranjeros

esconden

el Parkinson del alma.

En la calle Farándula hay sueños

de todo a un euro y bares

que se la clavan a los guiris,

leones transexuales

que disfrutan el sado

y mujeres barbudas

abrumadas de feminismo.

¿Que quién soy yo? Simplemente

el taquillero del circo. Nunca

salgo por la calle Farándula,

no sea que el mirar atrás

me convierta en estatua de sal…

Publicado en Bienvenida a las armas

Constitución

Constituyeron

los días de ayuno y las noches

de estrellas impares.

La democracia balbuceó la tabla del Uno,

y ya superamos el desastre del 98;

obreros con Tshirts,

con un Naranjito gordo y pesoísta,

limpiaban los excrementos

de las ecuestres esculturas

del Generalísimo superlativo.

Constituyeron

el harén del rey y la NATO

con misiles sabor comisión,

y una cruz para subrayar el laicismo

de los escolares monárquicos.

El asturiano príncipe sacaba

matrículas, tantas

como peces le picaban al

lugarteniente,

la corrupción siguió entre trajes

con corbata y desfiles. La reina

se quedó en la torre,

los fascistas se vistieron de pana,

los obreros veían al cicerón

Felipe, los que andaban sobre las aguas

hicieron un Pinocho Aznar.

Constituyeron un librito

que los hiciera imprescindibles.

En el cajón del Palacio

donde se inventan las crisis,

metieron varios huevos de águilas ,

y a unos jueces que abanican

a Dios cuando viene a amamantar

las guerras de españoles huérfanos.