Publicado en Poemas

Metástasis

Erupciona la mar

unas olas soñolientas. Este aire

que abrillantaba los silencios

me susurra

el fin. El ahora de cariados

recuerdos forma tormentas

ingenuas, indigestas, pueriles…

Fui una vez un hombre erguido,

el mecer del tiempo, los ojos

del amor. Los brazos me amputa

el pasado, ningunea el universo

debajo de la piel. Spinoza

viene surfeando sobre la quietud

que mata. Cierro mi ser

y mastico a Dios,

me reencuentro con el timo

del Más Allá.

La metástasis

del desamor, mudo y ciego,

se manifiesta al fin en infinitivos

arrogantes y pétreos.

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Diablos digeribles

El diablo coge el bus en mi misma parada.

Habla tan poco como el resto, e igualmente

ahorra en buenos días y en dar tabaco.

Con el rabillo del ojo

juzga a todos, perpretando

asaltos definitivos al podium

de la escalera social.

Quizás, agradecería

una avería, un accidente

y llegar tarde al Infierno,

ser invisible y prescindible.

Libre de cuernos, rabo y azufre

en el día a día, todos somos

diablos digeribles.

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Elixir ámbar

Un bus a ninguna parte

lleno de timidez con legañas.

Una duda al rescate

de la niebla, creando la mañana.

Iba por otra limosna

al piso franco del destino;

tristeza había en la sorna

de su voz, luna llena y lirios.

Me habló del sabor del aire,

de la música de los vertederos,

reflejo de sombras sin hambre

del amor cuando echa el aliento.

Se guardó

que ahora no paga dádivas

cuando se burla de Dios,

e invisible lo vuelve

su elixir ámbar.

Vive el semàforo en rojo

dejándose atropellar, dijo,

la sobra de verdes lobos

que engullen con ceño fruncido.

Los fantasmas, ya se sabe,

arrastran cadena y tormenta,

viven en la Babel del desastre

en idiomas varios, en la ribera

del sueño por alicatar,

en la conversación con la suerte,

en los destinos por adecentar,

en la carta trucada por la muerte.

Se olvidó

de medir silencios en este lado

y quedarse en el adiós

de los hombres inservibles,

excremento del pecado.

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Noviembre

A las puertas

de la Inmensidad,

unas manos octogenarias

reconocen

a sus yoes ahogados;

la Verdad con túnica

les miente.

Un río invisible

acepta barcas parásitas.

La noche duerme

con la muerte pensativa.

En la ciudad, la piedra

muestra golpes de la lluvia.

Un silencio de hombres secos

retumba

en las entrañas de Dios…

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Premio literario

Algún día, por casualidad,

puede que gane

algún premio literario.

Ensayaré un discurso

falso de modestia,

reiré estúpidos cumplidos

de gente que no ha leído un poema

en su puta vida. Me llamarán

vanguardista

mas soy tan real como

los obreros que gritan en los partidos

y quizás un cínico

que vote a la derecha por probar.

Nunca sabré ser poeta,

pero se me da bien mentir,

como a aquellos. Me gusta

la idea de que me escuchen discernir

sobre cosas que a nadie le importa.

Supongo que para la gente,

los poetas son chamanes

medio amanerados y un poco melancólicos.

Será un placer orgásmico

peerme en tanta moral mojigata,

sacarme mocos y pegarlos

en las hojas de libros

que hablan por y de mí.

Supongo que por esto

no gano nunca nada:

se me nota demasiado

la falta de sensibilidad amoldable.

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Sunt

He caído

en este mismo calvario en otras vidas.

El horizonte se acicalaba

demasiado,

estaba yo abstraído

mi perfil bueno mirando,

reflejado en la alabanza

de mi yo joven.

Ahora la cruz pesa más,

gente que corre

a tu auxilio no queda. Se acaba

pronto la pubertad

y llega

la crucifixión sin avisar;

te coge de improvisto

descubriendo pegas

a los magos de la infancia.

He caído

en este mismo calvario en otras vidas.

Es consuetudinario

a los que nos dan miedo los espejos

que hacen burla, ergo sunt,

con el empeño

que robaron a mi risa.

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Rey del enjambre

La mujer

se embalsama en una cocina

con barrotes y una tarde

que huele a ocaso. La rima

fácil de un cantante sin garra

acompaña su hambre

de ayer,

esculpida en la doctrina

del rey del enjambre.

La mujer viste de reina

cuando el zángano memo

le abre las piernas

y le fecunda miedo.

La mujer

saca brillo a la tormenta

de la que fue rayo y lluvia,

y alimenta el arder

de su polen, luna

llena de sangre. Una barba

vigila, con ojos divinos,

donde su infinito acaba

en enjambre y sus zumbidos.

La mujer viste de obrera

en manis anti-realidad.

Roba el hombre miel al mar,

cual reloj de mil esperas.

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La vida que hace burla

Unos grillos músicos

ensayan sus negras notas,

vertiginosas. Algún coche

pide auxilio. Romas

narices compiten; noche

de vecindario obrero dormido.

La vida que hace burla,

europeas damas con burka

en la entrepierna. Las farolas

invernan

al desperezar de la aurora.

Una muerte en cada esquina.

Solitarios borrachuzos

sin tempo, recuerdan risas

en alto. Los duros

bancos de avenidas huérfanas,

contemplan la no prisa

y la soledad hambrienta.

La vida que hace burla,

la ciudad que impone curas

a los poemas. Lobos

con nombre propio,

sedientos, células del cosmos.

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Creta y Jauja

Moriré en una copa aguada,

justo cuando el fantasma

me pida fumarme, y arrojar

las cenizas sobre la inmensidad

de todo lo que existía

gracias a la orgía

de sabores de ti.

Moriré todas las veces

que inventes una nueva Creta

o un cáliz en Amazon

o una mano

que dibuje el existir

de un solo trazo, dulcificando

tus treguas.

Moriré cuando el deseo

me aprisione,

en el elixir del miedo

a erratas en los guiones.

En las vidas sordas

en que Creta cierre por obras,

en las heces del quiero.

Moriré en los laberintos

maquillados a la última

moda, henchidos

de fusil monocorde, suma

en explosión de jaulas

que respiro

en la tierra de no Jauja.

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Sofá y serie

Nos caducó Dios al fin.
Su stand-by nos mastica
y luego nos vomita.
Somos obsoleto festín,
espejismo en la huída,
tongo en cualquier ring.

La piel del televisor,
comida para pájaros,
balas de la razón,
el abismo del ánimo.

Dios en stand-by,
con el vosotros 
del amáis
cual legañas de Sus ojos.

Nos tiró a la oscuridad
sin separar trapos varios,
ni destinos al azar
de hombres de barro,
sin separar la maldad
de los dientes humanos.

El mirar de la duda,
los lobos amables
en trueque de hambre,
el llorar de la lluvia…

Dios en domingo
de sofá y serie,
mirando el ombligo,
roncando vuestra muerte.