Publicado en Poemas

Mi reloj miserable

Se acercará

la muerte a revisar mi atuendo

de esclavo. Su aliento

oleré, la faz

de su no tiempo asombrándome, aún,

como pubertad

de adolescentes escondidos

en morales platónicas.

Se acercará la muerte,

y tendrá mi rostro; aturdido

de mareas bajas donde Dios

escondiera mi reloj miserable.

Se acercará con mi voz,

los silencios dantescos del miedo

mostrando.

Quedo a merced del Big Bang último,

donde el blanco arranque las lenguas

a pesadillas desbordadas de futuro,

con los segundos apuntándome.

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Publicado en Poemas

Primaveras y salitre

Adiós a las paredes

que sudan primaveras y salitre.

Adiós a las mareas y su tempo

arrítmico. He matado, sí,

al Guadalquivir y sus ahogados,

he hundido sus barcos.

Adiós a la cal macilenta, a la vejez

de lo eterno. Calles empedradas

me lapidan. Un leñador

con rostro infame, leva mis anclas.

Adiós a la pubertad del cielo limpio.

En el acantilado del mañana

se encuentran las metas,

y un sino tímido de un solo ojo…

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Canción del abismo

Entre bocas entreabiertas al manjar y su esclavitud insondable,

entre comensales que murieron de inundación suicida,

entre el patíbulo de miradas con paladar enfermizo e ignorante,

entre el espejo asesino que te insulta por ser gorda, todavía

queda tu fantasma, sábana a la espera del leve huracán.

El vender tu cuerpo al azar

y el tiempo que increpa.

El comprar la rueca

donde el deseo hilvanar.

Entre la anoréxica voz de modelos que crees bíblicas,

entre el adjetivo que fustiga tu piel, la mano de la muerte

trucando los segundos, un tragar para el vómito que calma la ira

de tus pantalones vacíos. Tu reflejo zurce mañanas en siempres

borrachos. Quizás principio del fin, o fin del principio.

El arrojar del precipicio

y la altitud de las sombras.

El saborear de la aurora

fúnebre, canción del abismo.

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La moral y la calma

En gerundios, otra vez,

atravesar tímido

con voz de caos y después

la afonía ante el público,

que siempre es sordo

y agita joyas, ¿eh, John?

En gerundios salvajes y corvos,

animalados, en el ciclón

cuyo daño controlado y permisivo

es, pródigo en sensacionalista

show, gritos ante el ritmo

adolescente sin epílogo y sí prisa.

En gerundios en que muriendo

como fantasmas culpables

somos el siendo del horrendo

tercer acto, muerte amable

si acaso, disfrutando del error

de haber vivido siendo fragua,

juventud en huracán, el hedor

que acabe con la moral y la calma.

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Pasos de cebra

He muerto 
en tantos pasos de cebra,
que la resurrección
se convirtió 
en un trámite.
Nadie me explica
por qué me siento más vivo
muerto, por qué 
el desamor tiene mi mirada,
por qué Dios es ahora 
conserje
y no deja a los obreros
por el ascensor principal.
Susceptibilidades
de sepultura, me hago cargo…

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Mi mundo literario

En mi mundo literario
hay tantos espejos tuertos,
tantos mares en venta,
tantos buenos días ensayados
para nada,
tantos semáforos indiferentes
a la prisa del amor,
tantos olvidos durmiendo en los cajeros
de las sucursales que disparan
a matar,
tantos músicos con traje de burgueses,
tantas montañas con miedo
al precipicio, tantas
religiones buscando negocio,
tantas y tantos,
que no sé muy bien cómo
multiplicarme en tanto tonto… 

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Ferro despierto

Soy jaula,

y los barrotes me acicalo

con quienes mato cuando nadie mira.

Soy la nada

del sofá casi adormecido

el principio o el fin, el otoño de la huída.

Cuando todos duermen

salgo a avivar el fuego.

La suerte

de las alas invento, la quimera

de los hombres libres,

la dulce espera del reo

ante rostros sin nombre de los alguaciles.

Soy. Eso es más que un lector

acomodado a unos versos

de hedor

pusilánime, ferro despierto

acuchillando el desaire

de ser solo en el espejo,

los puntos suspensivos con sangre

de las nieblas civiles…

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¿Para qué…?

¿Para qué mis ojos,

si me ofrecéis la ceguera?

¿Para qué mis manos,

si son puñal de mil guerras?

¿Para qué mi grito,

si el acorde es afónico?

¿Para qué mis bocas,

si el mar se hace el sordo?

¿Para qué el camino,

si robais raídas brújulas?

¿Para qué el invierno,

si de mi piel florecen lunas?

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Ya de mar…

Ya de mar mis pies

en ebullición colérica,

tormento de los por ahogar,

zozobra de los destinos rectos,

fuerza demoníaca

que arrastre las mazmorras

de la moral y sus hijastros.

Mis bocas ya de mar, todas,

el lenguaje del horror,

el esperanto que hasta a la muerte

asusta,

el aliento de los volcanes,

los no escrúpulos del terremoto,

los incisivos de las tormentas

irracionales.

Ya de mar mis brazos, silenciosos,

susceptibles de martillear

los sueños de las estrellas,

de ser ramas de los inviernos,

montañas de la ira amanecida.

Un mar ya absoluto, gris homogéneo

en la pulcritud de lo susceptible

de suceder, del devenir dubitativo,

de las máscaras arrancadas

a cada acto en potencia…

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Agazapados presentes

El futuro está 

libre de impuestos y resacas.

Vivo rezando a esa utopía 

de fronteras tímidas, siniestra

biblia, ejército vestido de alba.

El futuro es como los adioses

olvidados, trenes que llegan tarde.

Llego a ninguna parte 

con los años abiertos de piernas:

pasaporte caducado, voces

del presente insultando, la guerra

indiferente, la alegría 

en el bando de los otros. 

El futuro está esperando

a mis agazapados presentes.