Publicado en Bienvenida a las armas

Quijotesco

Digamos que soy quijotesco

en el verbo y el facer,

que me voy de parranda con gigantes

hasta que cierren las calles

y la inmoralidad se asuste. Digamos

que maldigo a los que encarcelan

los sueños y entierran a los obreros

y a los pícaros. Digamos

que los mancos deshacen los enigmas

y los nudos de la historia enrevesada.

Digamos que los unicornios

no tienen pasaporte y los deportamos

a la oscuridad de los adultos.

Digamos que somos asesinos

sin necesidad de espejos cóncavos.

Digamos que divagar oculta el asesinato.

Digamos que somos dioses de barro.

Digamos que llegará el día en que nos estrellen contra el suelo.

Digamos radical a quien imite

a Max Estrella. Digamos sociata

a quien vista camiseta molona,

y rejuvenezca a los podridos muertos

y escuche indie pop.

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Altura

Érase una vez un primate intentando medir la profundidad de un abismo cualesquiera. Cuando el macho alfa, envidiando aquel acto de ego no autorizado por su absolutismo sin cuestión posible lo empujó al vacío, el primate comprendió la dimensión real de la caída mortal, fuera cual fuese la altura dada.

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Investidura

Vodevil de siete vidas en clase de hipocresía,

un sastre los viste a todos y los llaman señorías,

una pantomima tal que Sagasta se asustara

del uso vil de los versos de ladrones de palabras.

El Ken enchufa-parientes viste mal de Cicerón,

del Casado aprueba-créditos la ironía va sin don,

se sumerge en la Rivera del universo unidad,

que la noche sin estrellas compacta con libertad.

El coletas zapatista, el del chalé con piscina

se merienda la oratoria, la soberbia de la inquina,

y el Ibex va dando votos a los mejores actores,

y el público en el match point márchase al retrete,

a sucumbir al encanto, 900
limpia ojetes.

Y colorín colorado, este cuento no ha acabado.

Los catalanes Champions pierden, los de blanco

a rebuscar del No-Do glorias y otras perlas,

los vascos etarras todos, una forma bananera

de entuertos resolver en la patria de los ciegos

donde Abascal es el Cid, lo demás, un sacrilegio.

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Pedro

Barajar con los pies

y pretender póker de ases.

Las mangas esconden lo invisible.

A Pedro I “el incomprendido”

le ha tocado escalera de colores,

y sube y baja triunfal

a la pata coja, no sea

que pise mendigos podemitas.

Hubo una vez un pueblo

que perdonó al olvido. La partida

está trucada desde que un obrero

creyó libertad

a un palacete guardado por leones.

El Ibex eyacula sobre nuestra

prostitución esclava.

Pedro es un proxeneta asustado

de la historia. Acabaremos

con el sexo pagado.

Acabaremos con el miedo.

Acabaremos con vuestra versión de la historia.

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Los trabajos de Hércules

El Ken se pilla la baja en lo de los trabajos de Hércules;

el Coletas Yelao de escudero narrando la tan asonante hazaña:

Matar al león de los rugidos fascistas en mes par y jueves,

acabar con la hidra y la ira de espejos donde se refleje el mañana,

capturar la verdad y que de ella coma el pueblo libre de moral,

copiar el volar de las aves que quiso matar el Sistema,

limpiar establos para encarcelar allí a la corona fetal,

torear por un sueldo de 900 con contrato por sado y cena,

robarles al Ibex lo robado, a las manzanas la serpiente,

robar las yeguas a los caballos
del fascismo todopoderoso,

prohibir ahorcar con corbatas, llevar relojes con dientes,

ser obrero de derechas, abducido por tele 5, el despertar del ogro.

Trabajos por hacer, con enamorado Coletas del reflejo Cancerbero,

un presidente de Poder disfrazado, un país con la ubres del destierro.

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Fran Molero

Donde los hombres cantan acompañados del volar de los jilgueros,

la tragedia de las albas muy bernardas pare el fátum de cuchillos insondables.

Un hombre armado de piel árabe contempla el sueño arrodillado ante el tiempo

de miseria, y levanta instintivo el puño en alto, el mar respira; baila
la danza de los nadies,

la esperanza en un hatillo, bolsillos con el sol donde habitaban salmos.

En el útero de la patria suicidada,
la noche a dentadas levantó muros y oradores

de verso envenenado, cadencias
de la mentira, sinfonías que solo aplauden los amos.

Y un Fran erguido, de malagueño salitre embadurnado, asfalta al destino de canciones

que el gospel flamenco iba a parir. Se rodea el corazón de la alimaña concebida

de la mugre y los espejismos entronados, la esperanza cual antídoto de nieblas

lapa. Un grito adormecido expulsa sus legañas y el temblor que huele a vida,

de nuevo, convierte a los hombres en jilgueros, se crea la madre eterna

cuyos pechos amamanten bocas tapiadas. Fran se hace mar, y aire y serranía de linces.

Llega el fuego. Llega el buitre encorbatado. Llega el martillo sin yunque, ensangrentada

toga fusila con el verbo. Fran se queda sin hatillo. Fran es enjaulado con límites

armados de vendaval y afonía. Fran no existe. Fran no tiene puño, es melodía silenciada…

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Decían, sin embargo…

Era el combate del siglo, decían, la última rebaja

para adecentar la barricada, decían,

más asaltos que nunca a la yugular de las sorpresas

indigestas, decían, la victoria de los harapos adecentados

decían, menos riesgo de tongo en el amanecer

de los ángeles que dieran buenos días.

Fue el combate del instante, del sol desnudando

patria en los plasmas ante los zánganos del Templo;

sin embargo, disfrutaron, a sorbos con los orines

patrióticos tras expulsar a Jesús por puntos

de sus escrúpulos. Los perroflautas comieron

su galleta caducada, lamieron la bota del dandy

embaucador,

y el flautista de Hamelín entonó un himno

hueco plagiando a riquísimos de Madrid, centro

del ombligo hispanicida, sin embargo.

Decían, sin embargo, que habría más combates,

con más rounds, más desquiciados contrincantes

con Dios de su lado, más plasmas per cápita,

más dandies, menos perroflautas.

Las barricadas las retirarán del mercado:

afectan al prime time y a las gráficas

de ventas. Alguien en algún lugar, decían,

que destrozará los sin embargos.

Luego lamerá los zapatos del nuevo dandy.

Se venden yates, mansiones, esperanzas huérfanas…

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Caribeño son

Los problemáticos problemas

se ocultan en el ataúd de la cleptocracia.

Un caribeño son de merengue negro

menea a los esbirros del rey,

mientras degollan

cabezas pensantes en las mamadas

al falo monárquico, esdrújulo, lúdico.

Cuatro forasteros de mosqueteros,

en prime time discuten cúbicos

quién hace de d’Artagnan,

quien se folla

a la Ley y el Orden de bíblico verso,

quien hace de gañán, pajillero de Twitter,

quien de Porthos salvabanderas.

Mentiras de Apocalipsis, armas de líder

en manos bufonas, juramentos de mierda,

tahúres apostando nuestras vidas de enero

con el alba del planeta. Ahogados

en sus caminar de cabeza por el fango

sonreímos. Hasta la treta

de los ases en las mangas

permitimos, crédulos

porque vivir con esperanza

da a los muertos mucho vértigo.

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Yo acuso

Yo acuso 

a todas las lenguas en hielo y ronquido.

Yo acuso a todos los chamanes televidentes,

a la pestilencia neoliberal oculta

muerte bajo la alfombra persa,

en los palacios que abren fuego

contra el florecer de las sonrisas.

Yo acuso a todo Zola de espejo y pose

pilar fútil de las nuevas del Mein Kampf,

putas de los voceros de la noche, balas

y gatillos susceptibles de entonar imperativos.

Yo acuso a la Verdad de los salones patrios

de patear a Max Estrella en enésima

resurrección del esperpento.

Yo acuso al siglo XIX de ser excesivamente carlista, 

de que los fantasmas apestan

a jaula y jeroglíficos hispanos…