Publicado en Bienvenida a las armas

Altura

Érase una vez un primate intentando medir la profundidad de un abismo cualesquiera. Cuando el macho alfa, envidiando aquel acto de ego no autorizado por su absolutismo sin cuestión posible lo empujó al vacío, el primate comprendió la dimensión real de la caída mortal, fuera cual fuese la altura dada.

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Publicado en Bienvenida a las armas

Copas de Europa

El laberinto con las telas de araña

en oferta. Se venden escaños

al portador. Hay que saberse

himnos falangistas y la alineación

de las cinco primeras copas de Europa.

Unos buitres vestidos de señoras,

raudas a misa de las nueve a.m.,

picotean de varias dignidades,

silenciadas con el mango de un rifle.

En un castillo sin almenas ni foso

defensivo, un señor repasa sus mentiras.

Asómase al balcón de las pelis apologetas,

dirigidas por chupaculos ebrios

de saber ser élite, y se ve inmortalizado

al romanus modus. Se le olvida

la pose del último día de Mussolini.

El director de un periódico importante

despide a la Verdad sin indemnización.

El presidente repasa, cauto,

sus mejores chascarrillos

de putas y maricones: son

los preferidos de los esclavos.

España se echa la siesta

e inventa una pesadilla donde

se fusila al obrero imbécil. No sabe

que es sonámbula. Tampoco

que Dios, si existe, es del Barça.

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Pedro

Barajar con los pies

y pretender póker de ases.

Las mangas esconden lo invisible.

A Pedro I “el incomprendido”

le ha tocado escalera de colores,

y sube y baja triunfal

a la pata coja, no sea

que pise mendigos podemitas.

Hubo una vez un pueblo

que perdonó al olvido. La partida

está trucada desde que un obrero

creyó libertad

a un palacete guardado por leones.

El Ibex eyacula sobre nuestra

prostitución esclava.

Pedro es un proxeneta asustado

de la historia. Acabaremos

con el sexo pagado.

Acabaremos con el miedo.

Acabaremos con vuestra versión de la historia.