Publicado en Otro Yo, Sin categoría

De serie

No sé cómo se acaban los poemarios.

No sé el límite de Otro yo.

Quizás la eternidad sea algo más adictivo

que los aprioris soñando. No sé

y le estoy cogiendo el gustillo a no saber.

Ahora me visto de Ser a todas horas,

no solo los domingos. ¡Otro yo

está tan hermosa vestida de los versos

compartidos! Me he fundido con ella,

queremos ser árbol con serpiente de serie.

No nos va a vencer ni Dios ni vende biblias

alguno. Somo otros-yoes al fin, intransferibles

y al fin sin fin, mar del que beber y regarnos…

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Queríamos hacerlo

El amor es un director de destinos

severo,

más deja puertas abiertas, comer

manzanas,

ir a hacer pis en mitad de escenas

rasposas.

Me ha pillado observando al tú,

enamorado en las realidades de legañas

llenas,

con tu mal aliento de café y huraños

buenos días,

con los adioses a flor de desamor,

con la mala hierba mostrando caries

entre los escombros.

Me ha dado el sí; seré el ojo que te mira.

También el cuello que corte el filo

de tus espadas, cuando me odies

en los amaneceres de diario,

cuando descubras que mis alas

eran disfraz de los chinos,

cuando el mechero

no encienda y queme el aburrimiento

y a sus secuaces televisados.

Va a ser magnífico vivir el torbellino

de tu sangrar en mis heridas.

Hábitos de una vida consagrada

a ser inmortal,

el color de tus grisáceos silencios.

Lo mismo hasta me quieres, sin saberlo.

Y sonríes de vez en donde yo esté,

en este lado de la realidad apestosa,

con los jazmines de lo nuestro

conquistando los abismos.

Habremos vencido, porque simplemente

queríamos hacerlo.

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Olvidé

Me olvidé de los precipicios

cuando fui abismo

entre las olas que ya ni eran,

cuando dejaste de ser hermosa,

mas yo en todas tus respuestas

que balbuceara en los volcanes

de ser,  equivocados como los

cambios de espejismos, como

las cruces sin barniz, como el amor

sin impuestos ni cédulas, como

los telones que se bajan cuando

los poetas se mosquean, como

el amor que quiere más y no hay,

como los palacios sin limpiadoras,

como el infinito sin ti, mas contigo.

Como cuando ya no sé escribirte, otro yo.

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De sábados

Si amarte en condición esclavo

es esta borrachera sin fin, bienvenida.

Si el lector es burgués con las eses líquidas,

bienvenido aún, lo engañaremos en esta

bacanal de amarte hasta la esencia de tu ser.

Da tanto miedo ser hombre( o mujer, eso

más siempre ( esta de moda) o al pairo)

Somos muchos los que no sabemos

qué es el pairo.

Pero yo te quiero. Sí, te quiero.

Y que me venga J.M.Jimenez a decir

sobre simbolismos y poesías sin adornos.

Te quiero. Y creo que ni te sorprende.

Pues aún así, con toda la esperanza moribunda, te quiero.

Y me cago en Dylan y en mí en vigilia

de sábados..

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Prosa y noche

Los demás no son poetizables, otro yo,

son de prosa y noche,

son del viento aquel

que rumia los reproches, rezando corriendo

a la mentira que guiña,

y descalzos nos ven con los pies cortados,

con las almas mendigas y camastros

de barro. Por eso somos rima

estamos casi vivos, nos despeina

el viento, asustamos destinos,

estamos in situ naciendo de dentro…

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Al fin

Me he convertido al fin en maremoto.

Acabo con todo intento de horizonte.

Acabo porque en el fin está mi esencia.

Me he convertido en la terminación

sin epílogos. Soy el desamor que corta

los capullos que soñaran ser flor. Soy

porque necesito justificarme.

Y todo lo soy por la pureza que exudas.

A alguien debía tocarle ser el lado malo.

Afortunadamente no eras tú, otro yo.

Afortunadamente tampoco eres

un puto poema de mierda de aplauso

y medio. Lo mismo eres Dios

acariciando a un ateo recalcitrante.

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Ecuación resuelta

Me gusta observarte

entre la ciencia infinita absorta, pura,

absoluta como la fórmula que nos haga Uno,

u horizonte de naranjas tan hermosos

como cuando me haces ecuación resuelta sonriendo.

Me gusta observarte siendo la inteligencia,

la vida dedicada al placer del abrazo

al desválido, los ojos fijos en mí

pintándote con los otoños menos tristes,

con el placer, otro yo, de pertenecer a tu mundo

de cataclismos por abortar.

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Existir

Ya debías existir en alguna explosión en potencia

antes de que fuéramos acto a enamorar, otro yo.

En algún lugar de mi ser, en los agujeros negros

de las dudas, en la ocasión de matar los temores

y quemar las cruces de la ignorancia, en el condón

que no se abría, en las sábanas que amanecen al revés.

Ya debías existir porque te intuía, al acecho del te quiero

que no llega, en las nieblas de la danza en que me pisas,

en los versos donde te persigo y lo niegas, en los arcos

que borras al iris de mi reflejo, en los mares que invento

para tragármelos contigo achicando el universo a recorrer

a tu encuentro. Los caminos adjetivizados de tu esencia

solo pueden ser huellas de un te quiero, tan enorme

como disfrutar hasta de echarte de menos.

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Comodín

No nos hace falta el comodín de la inmortalidad

a medias, ni las tormentas para las reconciliaciones,

ni subrayar que soy adán y tu eva o al revés,

que la serpiente es bienvenida a casa, que los putos reyes

son para guillotinas únicamente, que la política

es una mierda peor que lo del universo que se expande.

No nos hace falta porque vivimos en la inmortalidad

de ser nosotros, con los espejos reflejando al otro-yo,

con las hadas menos cursis que en Disney, con el rock

del bueno y el jazz free libre de verdad, y los caminos

sin asfaltar y casi sin construir, y la vida con el destino

que Dios sabrá dónde lo perdimos, y a veces, solo a veces

con ganas locas de odiar todos los versos que salen

del universo paralelo que hicimos haciéndonos

antídoto a la realidad y sus colmillos de aburrimiento…