Publicado en Poemas

Aragón, Juan Carlos

Estabas

en el Paraíso de plata, piquete

en el desahucio del Árbol,

y vinieron sus huestes

a cortarlo 

con sus trucos y sus trajes

sin memoria, ni gaditana

hambre

de ser siendo voz del alba.

Acurrucaste

a la serpiente, que era obrera

como todos los diablos

que hacen versos y su hado

es la ribera

llamando al grito.

Tú sí abriste el mar y al destino

le vendiste los dados 

para que el poema fuera el abrazo

de la garganta tartessa,

el compás de lo eterno,

la fragua de la guerra

contra el amo y su ferro

sin párpados y sí mordaza

que prohíba la mañana.

¡Espéranos en el destierro,

tómate un carnaval o dos,

ponte cómodo y pide a Dios

el libro de reclamaciones,

ve mirando en el índice 

las nacientes canciones

que engañen al príncipe

de las tinieblas!

Hay niebla

en Cádiz desde que el disfraz

de hombre bueno

se quedó chico y el carnaval

a la muerte le cogió celos.

Publicado en Escritos

Esteticismo narcisista

Cuando Dorian Gray se tambaleó tras esnifar otra en el servicio del cuarto de invitados, tuvo un arrebato de realidad, y puesto que hasta los que disfrazan su animalidad con dosis de perfume esteticista son caínes, fue a buscar su próxima víctima entre las invitadas a aquella conferencia sobre Globalización y Feminismo celebrada en aquel instante en el babilónico jardín de su mansión.

El ego en estos personajes acostumbrados a ser centro de atención en programas de sobremesa y portadas en revistas de dudosa cualidad estilística o de contenido es paralela a su fortuna, y antes de elegir cuidadosamente a su rea  en consonancia a un protocolo cadencioso y decadente, fue escaleras arriba a contemplar la horrible imagen de su culpabilidad.

Quizás por lo intempestivo de la hora, quizás como última lección moral o lo mismo por mero hobby vengativo, al cruzar la puerta hacia su secreto insoslayable, Dorian alcanzó al fin su propia mentira: lo que el creía cuadro era un espejo donde reflejaba sus miserias humanas, toda vez que los más creíbles espejos inanimados del espectacular habitáculo reflejaban lo que se quería ver, como casi siempre ocurre. Ni siquiera el reflejado pudo ser menos egocéntrico que el reflejando, ya que ocultar por más tiempo la pantomima hubiera resultado un equívoco acto de misericordia.

Luego comprendió que todos sus lealtades le siguieron viendo joven y dandy a raíz de los beneficios pecuniarios obtenidos. Miró a su siames a los ojos dantescos y descubrió cierta dosis cómica en la arrogancia de aquél yo. El esteticismo haría que la traición a su persona se convirtiera en la nueva arma de Dorian, y como si nada hubiera alterado sus planes, bajó a acometer su infamia por el puro placer narcisista de su rancio abolengo.

Falta de empatía lo llamaron los psiquiatras cuando ya la egocentría se arremolinó en torno al error de pretender asesinarse a sí mismo, pues no encontrara víctima más acorde a su maldad de clase, sexo y moral.

Publicado en Escritos

Piano

Era muy transitado el edificio donde María trabajaba vendiendo seguros en el trapecio de los despidos y las técnicas de venta. Había puertas opacas giratorias como las de las pelis hollywoodenses y un aire de sofisticación cool calcado a los carpantas hidalgos de los siglos del Imperio. 

Antonio la observaba desde la lejanía agazapado tras sus oscuras gafas de mercadillo y su barbas nuevas . Con la meticulosidad impropia de un hombre en venganza, supo en base a la observación prismáticos en mano, hasta qué días eran los de quedar con amigas y cuáles había dormido mal por el maquillaje aplicado en sus ojeras. 

María nunca mostró sentimiento alguno. Dijo sí a su relación con el ahora espía con la naturalidad con que vuelan los pájaros. Y mostraba su aparente felicidad sonriendo modestamente a las ingentes cantidades de flores que desfilaban delante de sus ojos callados. Ni siquiera mostró sorpresa cuando vio por vez primera el virtuosismo sobre el piano de aquellas manos que tocaban aún torpes su piel.

Aprendió, quizás en retardo resuelto en disonancia, a no ser una plácida melodía más dentro de aquel soñador de legañas perennes y decidió abandonar sus partituras con un calderón como despedida.

Uno de los días numerosos en que la vendedora de seguros salió pensando en él precisamente, Antonio, pistola en el bolsillo izquierdo, decidió abordarla y en un crescendo inigualable hacerla parte protagonista de la tragedia sinfónica. Notó hasta las notas del piano cayendo sobre su ser orquestado por las percepciones del Universo. La gente corría a ayudar en un incidente en la misma entrada y aprovechó el magnicida para perpetrar su acto vil.

María lo miró sin reconocerlo, absorta como iba en saber qué pasaba con la multitud que se agolpaba en círculos metros más allá. La llamó a grito pelado y no obtuvo respuesta. Antonio intentó sacar la pistola pero su mano parecía evaporarse, como la de un fantasma. Se dignó finalmente a volver a la realidad y vio claramente lo acontecido: en su camino presto a la ignominia del asesinato, unos obreros que subían un piano de cola en un bloque de pisos colindante gritaron al músico que quedaría sepultado bajo la mole inmensa, sordo por su ceguera a los sonidos externos. 

Todos las armonías del mundo salieron de aquellos acordes por tocar, en el preludio incierto de ser la muerte trastocada y suspendida de una partitura mal escrita.

Publicado en Escritos

Clonados

Cuando todos cayeron dormidos tras 75 horas de combates , Jacques tuvo la mala suerte de tener el primer turno de guardia. Se atusó absurdamente el bigote y demostrose poca habilidad liando un cigarrillo tan escuálido como todo en aquella trinchera. 

No recordaba bien cómo era su vida de campesino allá por el sur, casi en la línea fronteriza. Pareciera a veces que había nacido con la casaca y los pies hundidos en el barro. Ni siquiera afrontaba con desesperación tener que echar de menos a su esposa y algún hijo delgado como su esperanza.

En la noche cerrada de aquel infierno solo había sordidez y ratas. Asomó su hirsuta cabeza y creyó divisar una luz en medio de la muerte. No daba crédito a tanta torpeza por parte enemiga y prefirió pensarlo una alucinación más de aquella fantasmagórica vida que le tocó en suerte.

El próximo vistazo que dedicara le llevaría a la oscuridad y a preguntarse acerca del porqué de aquella luminosidad casi religiosa hacia unos minutos . 

Presto seguiría a observar algún vestigio cuando divisó difusamente a un alemán deambulando a tientas. Totalmente ajeno a los peligros de la batalla, casi como venido de otra dimensión, pero con las inclemencias reflejadas en sus ropas, hacían sospechar que se había vuelto loco a causa del sufrir por el Káiser.

Jacques sintió compasión no sin antes advertir que no se trataba de algún truco para tomarlos por sorpresa. El alemán no daba síntomas de saber bien dónde se encontraba, y el francés salió a su encuentro ajeno a todas las consecuencias y sin darle mayor importancia a tan temeraria estupidez.

Unos metros más allá viose junto al soldado del ejército enemigo y se cruzaron miradas de sorpresa. Justo en ese preciso instante en que Jacques descubría la simetría de su clon en el soldado Otto, incluido el ridículo bigote y las mismas manchas de sangre en la chaqueta, éste, en su puesto de vigilancia de la parte germana, descubría al soldado Jacques deambulando perdido, descubriendo sorprendidos que ambos bandos tenían los mismos soldados clonados pues Dios se había cansado de crear vidas inéditas para tener que luego verlas morir. 

Los historiadores se sorprenderían décadas después de la similitud de las bajas en todos los ejércitos en contienda. Jacques y Otto murieron a la vez sin tiempo a avisar a sus compañeros compatriotas. Los gobiernos de sendos países siguieron, como hasta ahora, disfrutando del doble destino trágico de la vida repetida en dos cuerpos diferentes…

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Vidas

La vida habla

con sus dientes de menos,

con traje de alba,

con fachada de averno.

A veces grita

sin coro ni aleluyas,

noche suicida,

o espejo de la duda.

Otras silencia,

con reloj que dispare

el frío de la ausencia,

el cinismo del hambre.

Publicado en Poemas

Mi yo futuro

En el ERE de mi yo futuro,

altisonante harapo

del aspirante a Dios colérico,

habrá fallos de forma. La erosión

de la verdad

y sus fiscales corruptos

no harán mella en mi epílogo lunar,

no harán odio lo ya moribundo,

no harán lágrima de la sequía de los pétalos.

Me iré a sacar brillo a las estrellas

de los mansos, a robar

esencias,

a evitar los adioses y la pleamar.

Volveré en la edad adulta,

ya cual Superhombre,

cirugía filosófica que no os importa,

con la letanía hecha, el pobre

desnudo esperando

el estandarte con mi rostro ahogando 

las olas…

Publicado en Poemas

La esquina

Una prostituta en una esquina;

no viste más adjetivos que la noche

y sus cánticos de brothers in arms.

Una prostituta en una esquina,

adornada como se adornan las esquinas.

Un asesino que se traga las aceras;

no viste más que el deseo de ser epílogo

de los libros con el final arrancado.

Todas las aceras llevan a una esquina,

llave del infierno en silencio

de corcheas. Todas las esquinas

saben ver los ojos a la noche

cuando aplaude

la ausencia de luz.

Publicado en Bienvenida a las armas

Escombros

Estos escombros 

que derribara la ceguera de la historia,

fueron amputaciones

a mi yo abrazo.

Hubo quizás un tiempo

en que Dios nos quiso de veras,

donde todos fuimos niños

y el desamor una pesadilla intrascendente.

Llegaron las máquinas del hombre nuevo

con los versículos borrachos,

adoradores de la sangre derramada,

y trajeron una paz con la trampa

del tiempo inoxidable. Quitaron

los espejos y mis ruinas

se vistieron de Señores Hydes

huérfanos de trincheras justas.

Milenios usaron como estandarte

de la muerte armadas de silencio,

mas seguimos siendo flores,

sin evolucionar 

a cuchillos de la noche en ciernes. 

Publicado en Poemas

Francotiradores

Me sangrarán el cobijo y la esperanza.

Hubo tantos francotiradores disparando desde el pasado y sus aristas…

Me sangrarán el caminar y los abismos que alicaté con las misericordias del yo bueno.

Mi yo monstruo vuelve a abrir el instinto y se desnuda ¡Fuera

zapatos, soy camino! ¡Fuera

el vértigo, soy vuelo de buitres!

Cada vez que una cascada bañe

la malahierba, seré yo el agua envenenada,

la profundidad de la ciénaga

oculta cadáveres sin los escrúpulos

de la tormenta efectista…

Publicado en Poemas

Evaristo

La vida armonizada por las chicharras

de la siesta. Caleadas casas

sonoras del verano seco. Aguadulce

meciéndose en la ruleta del destino.

El ángel de la guarda que cabeceó,

dormitando melodías. Un tren 

roncó

con la velocidad de la noche.

Evaristo se fue a donde es ninguna parte,

polizón trágico en dados trucados

por la muerte rala. Enmudecimos

y flotamos ahogados en el silencio.

Evaristo fue eco, manos

de la reencarnación de la música.

Nos hicimos grises aquel verano.

Arco iris nos mandó Evaristo

y nos coloreó de jazmín y azucena,

marchitó las amapolas de las vías

a la eternidad insondable…