Publicado en Poemas

Mis muertos

Me visitan

todos los muertos de mis guerras.

Algunos me han olvidado

el rostro, no así el miedo.

Otros, que me escupen dentro

del café,

son los menos. También

los hay que prefieren

inventar días de llanto torrencial

para que me estrelle

en cualquier curva dada.

Un par me da las gracias.

El que me mira en el reflejo,

con rostro descafeinado

y desconchados ojos

es el que acabará conmigo:

aún no tengo claro

a qué grupo pertenecer.

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Pétalos

Cual tierra árida

en raíz convertido, con los años,

y el mar en fémino amanecer

en el ahora estentóreo.

Me acaricia la piedra

la corteza,

donde de mirar cariado fantasmas

vieron un torso

que fusilar. Mi yo

serpenteante, mudadas todas las pieles,

saborea la manzana.

Es tan de noche en todo mediodía

que la luz ciega, a veces,

la savia que robo a primaveras,

envidiosas de mis bolsillos

inundados de pétalos.

Publicado en Bienvenida a las armas

Miguel

Hedor de sombra

de fantasmas sobre la piel

del aire. Miguel

que balbucea y el universo

se le derrama.

Unos pechos que amamantar quisieran

la niñez asomada a la muerte,

se secan como el desamor

y las lápidas.

Pero los caídos no olvidan

que el fusil tiene ojos

y la maldición del remordimiento.

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Nieblas

El yang

amoldo al ying con el complejo

de los culpables tímidos.

Con aliento de piedra caliza,

un cristo de todo a euro

camina,

a escupitajos lapidado.

El ying reza con cruzados dedos;

se depila la entrepierna el yang.

Entre los suburbios en overbukin,

se nacen cien mil hijos de San Luis,

se escucha trash metal, se lucen

Levi’s etiqueta verde. El ying

es invisible, el yang camaleónico.

Un marroquí armado de tristeza

y artimaña fenicia,

sobre el mal y el bien vende

su esclavitud. También

anduvo sobre los mares nuestros,

al igual que el rumano

que nuestros sueños duerme,

roba todos los trabajos,

alienta tormentas de apocalipsis

poco hechos. Un burgués

encargado de encallar manos

obreras limpia las heridas

a Cristo, acusa de escupir

al marroquí, de ser piedra al rumano.

Largos cuchillos en la niebla europea.

Aquí,

a orillas del asfalto, el ying vislumbra

África; un bostezo da el yang

ante la costumbre del hedor a tragedia…

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Piruletas

Mi hija es la costilla de la que nacen

los sueños. Mi hija es tan poco

mía que inventa

la poesía cuando ve

Gumball y se ríe, sin saberlo,

con orgullo de su espejo

cóncavo y los acordes

que le da igual aprender.

Mi hija es intransferible

y solo esclava de sus propias metas.

Mi hija se llama Naima

y pone passwords a vuestra voz

de aliento borrachuzo,

a vuestro eco fascista,

a vuestra mirada embriagada

de primaveras marciales.

Mi hija es ya absoluta,

como el tiempo y los arco iris

que tanto os molestan.

Mi hija se viste sola

y da abrazos por instinto,

ve Frozen mil veces,

y se atranca leyendo cuentos,

no el Mein Kampf. No sabe

quién es Dios,

pero quizá un día lo invite

a entrar en su alma.

Se sabe las tablas de mates,

la de los mandamientos, no,

también sabe patinar

y cepillar a los renos de Papá Noel.

En fin, que ya que ella está

currando de niña

y opositando a princesa,

os lo digo yo: ¡idos

a otro planeta a sembrar

piruletas rellenas de odio!!!

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Él

Mucha gente en blanco y negro

ametrallada por la cruz

y alzacuellos con gonorrea. Mucha

otra lapidada

a espaldas del NoDo,

y niños que fusilaban

a los amigos en sus juegos.

Los adultos de tanto imitar

el pueril llanto de los culpables,

se vistieron de lágrima

y confesionario. Él, afable

como los buenos días del rico,

los arropaba y les leía versículos

de sus azañas. Él era el semen

absoluto, la apología

del amanecer patrio. En los rezos

escondía el asesinato

de adolescentes inventando kamasutras

jolibudenses y chicas degolladas

por parecerse a Rita Hayworth.

Los montes tenían ojos y los tricornios

dientes incisivos. Él era

el ventrílocuo del Dios levantado

con el pie izquierdo. También

el Abraham fascistoide,

entregando comunistas

al sacrificio del olvido.

Llevaba sin verse la virilidad

desde que la moral pétrea

le lapidó el reír de la salida de colegio.

Luego cerillita encendió el fuego

de la oscuridad,

y mató a infieles y a harapientos

españolitos, con el áurea

que le inculcaba una biblia

escrita con la lengua del Imperio.

Paró los relojes

y latieron cunetas nacidas

de las penumbras. El hambre

se alió con la muerte

y la españa sierva se fue a buscar

el amanecer,

más allá del empacho de sol.

Mientras otros se quedaban

ciegos con las pajas pecaminosas,

Él nos inventaba una monarquía

con parlamento roba almas.

Se cansó de jugarse a los dados

el Imperio

y se fue, cual emperador romano,

a que le lloraran la mortalidad

del cuerpo,

ese que tanto odiaba

Su Platónica Vuecencia.

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Vicepresidentes

Todos somos vicepresidentes,

todos abrillantadores

de arco iris, todos jueces

con la moral en la entrepierna,

todos influencers y flores

que regalar a abuelitas tiernas,

todos chiste fácil y ensalada

tras la indigestión de mentiras

consagradas, todos izquierda

etarra y pedo catalán, algarada

derechista si no, prístina

voz del toro de Osborne, mierda

divina, ley amordazada, almohada

de la siesta real, todos inquina

vicepresidencial, todos gilipollas,

todos mentira, todos ahora.

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Mentirijillas

Unos veranean

en los inviernos de otros.

Unos sirven la sopa,

otros hacen de moscas.

Unos inventan la estupidez

y el paso cambiado.

Unos decoran con acuarelas,

los otros tapizan

la poltrona con mentirijillas

de la última campaña.

Unos mueren en las guerras,

los otros son gatillo.

Unos rezan a Dios, los otros

hacen milagros y pagan

para que les lleven la cruz.

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Cromofobia

Asustados de los hombres

con el naciente amanecer,

los gritos

del pasado mastican

del aire que brújulas mece.

¡Tantos ancianos con el puño

joven, las amapolas

rellenas de olor a horizonte,

el traje de faena inmaculado,

la sangre in crescendo hacia

el eterno coro de ángeles obreros!

Sobre la mar de los panes y los peces

un monstruo camaleónico

anda disparando

a las sirenas, cambia nombres

a los dioses mitológicos,

adorna de epopeya a asesinos

generalísimos.

Un televisor y unas fake news

exorcizan a los pinceles

del arco iris. Vestida de Cenicienta

queda la mujer que engañó

a la serpiente, las rosas

paren espinas, hacia Madrid

unos zombies come sueños

viajan desde la realidad indigesta.

Se para el Universo

a contemplar el match point.

Un telespectador emite

un venezolano eructo, un pedo

bilbaíno

provoca tumultos en Gran Vía.

La derecha siente dormido

el brazo ejecutor. Brillo

se saca al gris del NoDo.

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Filípica

El verso afilado

para matar a la eterna madre

de ubres marchitas. Edipo

su filípica ensaya,

chuleta tallada en el cainita brazo

que suavice adivinanzas y laberintos.

Mil padres de esperma adormecido

mueren en las bocas de la etílica danza.

Edipo en selfies

urgándose el miedo a matar espejos.

Desempolvadas preguntas retóricas

se traducen al idioma del instinto.

Disimula Edipo

con sonrisas de curva perfecta.