Publicado en Bienvenida a las armas

La deriva de los leprosos

Había restos de lluvia desconchada

en los ojos del tiempo arrepentido.

Charcos con peaje e invisibles niños

cruzando inviernos alumbrados de lunas.

Había restos de la batalla última

en el espejismo de Hitler,

hombres cuyos odios sudan,

y esclavos aplaudiendo a príncipes.

Unas europas borrachas

tararean reggaeton ario.

Nórdicas albas

sueñan 

con el guiño del caos.

Unas jaulas sabor cielo azul

y soldados en gula de almíbar;

las noches inventando la luz,

el paraíso virtual de las rimas

en game over, unas estrellas

brillando con polvo de tristeza

y un silencio de lobos tímidos

borrando bondad al destino.

Un mar que cubre las pesadillas,

unos ahogados orgullosos,

un infierno residencial con vistas

a la deriva de los leprosos.

Unas europas borrachas

tararean reggaeton ario.

Fascistas almas

preñan

de venganza lo rancio.

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Publicado en Poemas

Mi reloj miserable

Se acercará

la muerte a revisar mi atuendo

de esclavo. Su aliento

oleré, la faz

de su no tiempo asombrándome, aún,

como pubertad

de adolescentes escondidos

en morales platónicas.

Se acercará la muerte,

y tendrá mi rostro; aturdido

de mareas bajas donde Dios

escondiera mi reloj miserable.

Se acercará con mi voz,

los silencios dantescos del miedo

mostrando.

Quedo a merced del Big Bang último,

donde el blanco arranque las lenguas

a pesadillas desbordadas de futuro,

con los segundos apuntándome.

Publicado en Poemas

Primaveras y salitre

Adiós a las paredes

que sudan primaveras y salitre.

Adiós a las mareas y su tempo

arrítmico. He matado, sí,

al Guadalquivir y sus ahogados,

he hundido sus barcos.

Adiós a la cal macilenta, a la vejez

de lo eterno. Calles empedradas

me lapidan. Un leñador

con rostro infame, leva mis anclas.

Adiós a la pubertad del cielo limpio.

En el acantilado del mañana

se encuentran las metas,

y un sino tímido de un solo ojo…

Publicado en Poemas

Canción del abismo

Entre bocas entreabiertas al manjar y su esclavitud insondable,

entre comensales que murieron de inundación suicida,

entre el patíbulo de miradas con paladar enfermizo e ignorante,

entre el espejo asesino que te insulta por ser gorda, todavía

queda tu fantasma, sábana a la espera del leve huracán.

El vender tu cuerpo al azar

y el tiempo que increpa.

El comprar la rueca

donde el deseo hilvanar.

Entre la anoréxica voz de modelos que crees bíblicas,

entre el adjetivo que fustiga tu piel, la mano de la muerte

trucando los segundos, un tragar para el vómito que calma la ira

de tus pantalones vacíos. Tu reflejo zurce mañanas en siempres

borrachos. Quizás principio del fin, o fin del principio.

El arrojar del precipicio

y la altitud de las sombras.

El saborear de la aurora

fúnebre, canción del abismo.

Publicado en Bienvenida a las armas

Black Hole

En España mueren las metáforas.

Los poetas

curran de mendigos en los infiernos,

se santiguan los niños

cuando la pubertad les vence.

En España todo el mundo

tiene un black hole:

es deporte nacional tirar allí

al contrario

y saber guardar el secreto.

Dios veranea en España

y se deja engatusar

por los sabios de las tascas

y el colorido de los desfiles.

España es el país donde huele

más a muerto

de la European Community.

Es tierra rica en cunetas

y olvido, en dualidades, quizás,

en parir camareros

y guardias civiles gallegos y andaluces.

Rara vez nos bañamos

en el Mare Nostrum, si no

es para curar resacosas esperanzas

con exceso de arco iris.

Publicado en Bienvenida a las armas

De democracia y fe

Mi padre era un hombre sin boca.

Su piel, terca como los monos

de los obreros,

huérfana de apellidos y luna,

soportaba el blanco y negro del No-Do.

Mi padre blasfemaba con el acento

del azahar, y la Giralda cayéndole

de su niñez de niebla y hambre.

Vivió en una casa de vecinos,

con los colchones en la azotea

del perenne solsticio,

y las risas invisibles de la niñez

al omnipresente odio

del “¡Franco, Franco, Franco!

Mi padre tenía barba de hombre

cuando la aventura

y el miedo a los fantasmas

se vistieron de pueblo en grito.

Unos uniformes grises

le persiguían, asesinos

haciendo horas extras,

por esperanzas balbuceantes.

Cuando la democracia

nos cegaba con su juego de luces,

descansó en su séptimo día.

Luego el devenir de los otoños

silenciosos, el obrero

absorto en la magia de los reyes,

la rosa marchita, muerta

por olvido de la Bolsa y las tinieblas.

Un desconcierto de voces

al amanecer, un hombre medicina.

Mi padre murió de democracia

y fe. Nosotros somos

inmortales e inmunes.

Publicado en Naima

Ocho de siempre

Ocho de siempre

en el tiempo que respiro;

sonriendo contra la sombra invencible,

el arma letal

de tu niñez, luz que llena

de ojos mis espaldas,

me nazco de mis manos semillas,

me creo en nueve años

de caos ordenado, de aventuras

que vieron tus ojos de niñez,

Naima,

de los big bangs en la mirada.

Nueve años

con las pesadillas en paños menores,

con los allegro acentuados

de primaveral jazz.

Nueve reencarnaciones azules,

hacia tu yo futuro,

cuando yo sea ya viento

y tú el eco de mi silbar de padre

en hambre de tu abrazo…

Publicado en Poemas

La moral y la calma

En gerundios, otra vez,

atravesar tímido

con voz de caos y después

la afonía ante el público,

que siempre es sordo

y agita joyas, ¿eh, John?

En gerundios salvajes y corvos,

animalados, en el ciclón

cuyo daño controlado y permisivo

es, pródigo en sensacionalista

show, gritos ante el ritmo

adolescente sin epílogo y sí prisa.

En gerundios en que muriendo

como fantasmas culpables

somos el siendo del horrendo

tercer acto, muerte amable

si acaso, disfrutando del error

de haber vivido siendo fragua,

juventud en huracán, el hedor

que acabe con la moral y la calma.

Publicado en Poemas

Pasos de cebra

He muerto 
en tantos pasos de cebra,
que la resurrección
se convirtió 
en un trámite.
Nadie me explica
por qué me siento más vivo
muerto, por qué 
el desamor tiene mi mirada,
por qué Dios es ahora 
conserje
y no deja a los obreros
por el ascensor principal.
Susceptibilidades
de sepultura, me hago cargo…

Publicado en Poemas

Mi mundo literario

En mi mundo literario
hay tantos espejos tuertos,
tantos mares en venta,
tantos buenos días ensayados
para nada,
tantos semáforos indiferentes
a la prisa del amor,
tantos olvidos durmiendo en los cajeros
de las sucursales que disparan
a matar,
tantos músicos con traje de burgueses,
tantas montañas con miedo
al precipicio, tantas
religiones buscando negocio,
tantas y tantos,
que no sé muy bien cómo
multiplicarme en tanto tonto…