Publicado en Bienvenida a las armas

Enfermera

Dormido el virus frente al espejo.

Te asomas a pintar tus labios,

quizás a mirar tus flácidas tetas.

Por la ventana ves a alguien

con armadura de quijote.

Otro alguien escupe al suelo

porque es libre.

Dejas una nota al virus.

No llegarás tarde, que por favor,

recoja la cocina.

Tú vas a coger el metro,

al matadero a luchar contra la muerte

invisible, como la esclavitud.

Publicado en Poemas

Manual de uso

Falta el manual de uso

y tengo el corazón desmontado

por estos versos fríos.

Busqué

en la brusquedad del otoño,

en los prospectos de la esperanza,

en la melodía que no se toca,

en Dylan, por supuesto,

en las palabras a medias,

en el hueco del ascensor

al Cielo, en las parábolas de Messi,

en el cuadro ladeado de mi vida.

Tendré que tirar las piezas

al cajón del olvido,

donde me desprendo

de todo lo que ya no sirve para casi nada.

Publicado en Bienvenida a las armas

Don Juan

España es un país donde a los que sueñan en color les apuntan francotiradores a jornada completa. Juntos a modo de cosméticos, tiene todos los pecados capitales a juego con la estación para tapar la culpabilidad. Es mucho de copla y lleva mal el ritmo en las verbenas, tanto, que casi no se nota.

España es un país donde se celebra la muerte del contrario porque la caballerosidad se quedó en Don Juan Tenorio. Sobre la mentira, para que los buscadores de respuestas se resbalen y caigan en posición de reos, nieva siempre. También gusta de usar la cámara de diputados en pos de arrojar muertos en cementerio ajeno.

España es un ente que pulula queriendo ser, bestia sin dentadura, pícaro en donde no hay a quien robar, un banco que asalta un ladrón encañonando a ladrones de corbata. Gusta del buen vino, y de limpiarse los escrúpulos antes de asesinar a Abel en prime time. No suele ir a confesión mas sí enarbola estandartes cristianos cada vez que alguien mira. Los cuchillos de descuartizar la memoria los compra en Amazon, solo primeras marcas.
Sale a altas horas, adicta a todo lo que esté prohibido para los pobres…

Publicado en Naima

Mi ser pájaro

Me dispara el destino indolente,

Naima,

en ambas piernas,

orgulloso de vencer mi inmortalidad

para con la niebla que trago

al regalarte amaneceres,

coloreados con tu infancia.

No sabe que soy el camino.

No sabe que tú, el caminar

de mi ser pájaro…

Publicado en Poemas

El eco de mis miedos

Caminar por la piedra tatuada

al existir

y ver las cicatrices

con estos ojos llenos de canas,

casi cegados ya

a la eterna juventud y su ambrosía.

Los báculos, ahora de nuevos materiales

u otrora castigo del mismo tiempo,

son bofetadas de la derrota.

Aprendo a no tener necesidad

de decir adiós,

nadie me reclama, más que el eco

de mis miedos de niño

respondiendo a emboscadas del amor.

Envejecer consiste en saber al fin

que en la tormenta que nos mira

sin cronos, desaparecen la ciudad,

los campos, Dios…

Publicado en Poemas

Otra vez

Otra vez un aquí

de preguntas retóricas

y pentagramas vacíos.

En la calle que me toca inventar

es donde el virus

ha encañonado a mis imposibles.

Otra vez un aquí de risa fácil

ante mis chistes

para imbéciles. Voy a morir

un poco

en cada aquí que pensamos

el hermanamiento final,

el principio del abrazo,

los credos sin letra pequeña.

Me siento observado por un allí

tímido y vestido de círculo.

Publicado en Poemas

33

Llevo haciéndome el vivo 33 años.

Imito bien el respirar,

alguna vez una sonrisa no muy pronunciada.

Rara avis me consideran los cicerones

de rala cultura más allá de bíblicas efemérides

y adivina futuros a posteriori. De esos

están las españas patrañeras

a rebosar. 33 años

orgulloso de apestar el aire

que creéis privativo de las élites.

¿Oís este silencio

luego de vuestro gritar fútil?

Es la venganza del planeta,

donde descansamos los no vivos.

Llevo haciéndome el ciego y el sordo

desde la obligación a ver vuestra armonía,

a oír vuestra creación, nacida adulta

y vestida, susceptible de disparar

a quienes, como yo,

huelan demasiado a color muerto.

33 años es demasiado tiempo,

y a mí no me engañáis con un ataúd

más cómodo,

por si no sale lo de la resurrección. Os voy

a vomitar versículos hasta que sepulten

la plusvalía y se asfixien

vuestras manos de Judas,

contemplándome crucificado.

Publicado en Bienvenida a las armas

La prosa como arma

Porque pisar con zapatos de oro,

que abrillantó el hambre

con sus manos, las aceras

limpísimas

de vecinos de las españas como madres,

y no como verdugas,

no es ser Calle.

Ser calle

es convertir a un español

en cola de oficina de empleo

que apeste a incertidumbre;

no es hacerle cancerbero,

con bandera roja y gualda

en el uniforme que se cuadra

ante el poder.

Ser calle es los niños

a las nueve menos diez

llegando tarde al loquegio,

nunca al primer viaje al Nueva York

donde vive Spiderman. Es

el chamán vallecano

arrastrándose por euros huérfanos,

bálsamo al viaje donde el olvido

queda en stand-by, también

las tiendas de los chinos

que venden magia de plástico

o las castañas asadas,

que abren los ojos en invierno

en esquinas de extrarradio,

y no compran las máster cards

de bolsillos sin fondo.

Porque pisar el destino

herido de muerte

cuando acababan de limpiar las heridas,

y tirar las colillas y romper los cristales

dentro de cacerolas de El Corte Inglés,

no dan mejor sabor

a las pócimas de inmortalidad.

La inmortalidad

son pescadores que se hicieron invisibles

en tierras de meigas, o el pastor

cuyas ovejas oyen rock por su móvil.

Es el jornalero cuyo sudor amamanta

al olivo caprichoso, contorsionista,

y el profesor que invoca a Machado

o a Gil de Biedma. Es Lorca

en romanceros asomados

a las flores del alba granaíno,

es cualquier ropa de faena

que encarcela

una guerra de un país que nadie

sabe pronunciar,

la tele basura guiñando

su ojo de cíclope al Ibex descubierta

por el hijo universitario del obrero,

el carpintero

que sierra los barrotes a la mañana,

el anciano y sus miguitas

de pan a cambio de un trinar

por parte de quienes vuelan.

No es una bandera bordada en China,

ondeada en piruetas de Photoshop,

ni los ¡Viva’spaña! de acento neutro,

ni el centro de la circunferencia

cuadrándose ante símbolos franquistas,

ni la guerra civil hormonando

sus botox en el cerebro

de algún truhán de manos inservibles

y verso ciego.

España, amigos de la prosa

como arma,

es otra cosa.

Publicado en Naima

Viajeros de primera

Cuando la realidad y el tiempo

insobornable

se den la vuelta

seremos magos de primera, Naima.

En gominolas convertiremos

toda la muerte sin bolsa

en el contenedor de los hombres sin sonrisa.

Quizás en ola de mar sin ceño

las palabrotas de dientes largos,

en serpentinas las balas

que caguen las pistolas tartamudas.

Cuando el tiempo nos robe el reloj

y la realidad borracha los poemas,

nos haremos fuertes

sobre la alfombra

sin viajeros de primera clase.

Tan personas seremos

que solo la invisibilidad

nuestra aventura podrá descubrir.

Sin gravedad dejaremos

los sueños de los niños,

construiremos albergues

en los arsenales de bombas indigestas.

Quizás vayamos a la luna

cuando un vendedor nos ataque,

y nos negaremos a hipotecar

estrellas para comprar una plancha.

Publicado en Escritos

El olor del cigarrillo

A mi padre se le notaría la ilusión. Deseando de que pudiera yo volver a abrir el bar, sabiendo mejor que nadie los esfuerzos que hicimos todos meses antes. Llegaría huraño, criticando a políticos, periodistas y cualquiera que leyera periódico de distingo signo. Café y en cuanto me despistara, chorreón de brandy.

Estábamos muy unidos. Mamá falleció hace años y nos buscamos para darnos consuelo, no sabíamos que teníamos tanto que compartir. Ahora cuando todo cese su fantasma vendrá y me verán hablar solo con los platos, botelleros, máquina de café. Se difumina en un paseo en fase 1, fue a echar un cigarro sin mi reproche.

Ahora soy consciente de que ha sido una guerra con nosotros viviendo en la ciudad en la que las bombas resplandecen pero no se oyen. El armisticio lo firman los intocables, se hacen la foto y comentan las estadísticas. Los soldados somos el pueblo, encargado de tocar una realidad con las manos, recordar a los que se han ido enterrados en la vorágine de algo invisible. No somos más que contienda, protagonistas sin saber, incluso vencedores. Nos pondrán de nuevo las calles para que saboreemos. Me encontraré a mi padre en algún banco, disimulando como un niño revoltoso; hasta el olor del cigarrillo entrará en mi recuerdo, para dejar claro que el futuro de la victoria también tiene víctimas.