Publicado en Poemas

Filípica

El verso afilado

para matar a la eterna madre

de ubres marchitas. Edipo

su filípica ensaya,

chuleta tallada en el cainita brazo

que suavice adivinanzas y laberintos.

Mil padres de esperma adormecido

mueren en las bocas de la etílica danza.

Edipo en selfies

urgándose el miedo a matar espejos.

Desempolvadas preguntas retóricas

se traducen al idioma del instinto.

Disimula Edipo

con sonrisas de curva perfecta.

Publicado en Poemas

Calcetines blancos

La muerte no lleva arrugas

en la camisa,

ni calcetines blancos.

Es puntual cuando quedamos,

y una vez, quise adivinarle

una mueca de empatía.

La muerte habla de usted

y miente para disfrutar

ser la única verdad en los telones

que decapitan la obra.

La muerte se ha cruzado contigo

en el semáforo. Una avería

provoca que este no cambie

a verde.

Publicado en Bienvenida a las armas

Principio de incertidumbre

Purpurinas en los credos y dorados kitsch,

alguna puerta de goznes en el acto

del ahorcamiento y un sofá de IKEA

con restos

de patatas, marca blanca.

Un comensal, luego otro y otro

con el mismo apodo reductor

de “otro”. Una mujer sin piel

olfatea buscando a su prole.

Cuando las fauces

acabaron horas extras, vino

la calma,

y la culpa. Hay voluntarios

para disparar, quizás

no tantos para hacer de fusilados,

menos para admitir

ser ideología por escribir

entre las ruinas que esconden

las alfombras. Alguien,

en alguna velocidad,

porque correr es la respuesta

a la tragedia de las preguntas,

para los relojes. Pienso, luego

consumo, y me paso

los principios de incertidumbre

y a Dios en martes y 14

por debajo del falo del psicoanálisis.

Hoy hay fiesta de pijamas

y take away, y peli en Netflix.

Un político dado, en prime time,

confiesa su robo y su mentira,

y se retira con el comodín

de jueces puteros y serviles.

El ser en incertidumbre

se contempla desvestido

de principios. Nadie

compra revoluciones,

se gasta munición. Ciertas

primaveras cuánticas

colorean el desasosiego

de mentira y amaneceres

en fascículos. 3 por 2

en rímel para ojos ciegos

que observan, ruborizados,

las prisiones del lienzo

para atrapar la esencia de Dios.

Publicado en Poemas

Charlas políticas

Están lloviendo mis manos

sobre la tierra seca

de los pisos exclusivos.

Una rana con smoking

me exige regar sus pies.

La luna engordada por amores

primeros, se escabulle

de las charlas políticas.

Están lloviendo mis manos

sobre los a punto

de ahogarse.

Una gata en celo

maúlla a las siete vidas del amado.

En el norte sacan los inviernos

a vencer al sol.

Están lloviendo sobre

los pasos a tu puerta,

mis manos.

Una araña arrogante

se niega a limpiar esquinas.

Las estrellas se bajan luz,

para no molestar al tedio.

Están lloviendo,

pero mis manos están secas.

Unos días fríos de relleno

acurrucan a varios mendigos.

La norma es un paraguas

olvidado en la oficina.

Publicado en Escritos

Desde siempre (2/2).

Paco el Largo dejó una larga sombra, dicen, de macho cabrío sobre el suelo del que empezó a brotar sangre con una fuerza nunca antes vista, al compás de los lloros de su joven mujer y la madre del infeliz. Los hombres de Estado, por supuesto, dentro de su áurea superioridad, ni se inmutaron ante tamaña demostración de herejía asusta niños y desaparecieron de escena con la misma rectitud inhumana con la cual llevaban gobernando desde siempre; el mismo siempre que veía un ataque total a sus pilares el hecho de pedir migajas y las mondas de la fruta usada como alimento de las bestias y que ahora algunos alborotadores pedían con la insolencia propia de criaturas del Averno.

El marqués organizó, por fin, la fiesta para presentar a su quinceañera hija en sociedad semanas después, cuando el miedo había matado la huelga. Embravecido por la sensación de salir vencedor en su lucha personal contra la plebe inculta y manejable, sus sirvientes le vieron sonreír e incluso dirigirles las órdenes con más amabilidad que de costumbre. Todos los preparativos se iban realizando con el esmero propio de las clases dirigentes y hasta pareció que las tierras dormitaban respetando tal acontecimiento.

El día de la fiesta fue una demostración para los ojos del pueblo de que el derecho divino acompañaba a las clases poderosas. Desde todo los rincones del país llegaban coches y carrozas de cristal de las cuales descendían dioses mitológicos ante la mirada incrédula de los lugareños. El marqués soñaba con tan majestuosa escena de baile en palacio, una tan recordada por los siglos venideros y de la cual su adorable hija sería protagonista principal. Los presentes cuchicheaban realzando la belleza de la adolescente, y al compás de la música majestuosa se saboreaba aquel espectáculo dedicado a la vida a las puertas de la edad adulta.

No se notó mucho al principio, la percepción por efectos del alcohol y la algarabía musical tuvieron mucho que ver, pero las lámparas evidenciaron, poco a poco, los efectos de movimientos palpables en la estructura de Palacio. Llegó un momento en que el tintineo nervioso superó a los violines y los invitados, viendo de lleno el rostro al terror, corrieron por sus vidas siendo algunos despedidos por las ventanas, otros sepultados bajo el peso justiciero de algunas lámparas caídas al vacío. Los caballos huían arrastrando las descompuestas carrozas y muchos cayeron muertos bajo los cascotes de la palacial piedra. Dicen que el marqués fue el primero en ver entrar la sangre por entre las grietas del suelo, y mezclarse con el de su hija atrapada por clásicas y clasistas columnas que atraparon sus quince años para siempre. Dicen también en los tajos del país entero, que Paco el Largo caminó entre los muertos y que declamaba en latín versículos del Apocalipsis. También que los hombres del Estado corrieron a eliminar las pruebas de la venida del Anticristo y que donde falleciera la hija del marqués crece un árbol de hercúleas proporciones.

Los miserables, por una vez, sintieron la fuerza de la venganza, y donde la leyenda sangrienta vio la venida del Diablo, el pueblo confirmó la llegada del Mesías que esperaban desde siempre.

Publicado en Escritos

Desde siempre (1/2).

Se decía, no sin cierta irónica sorna, que de los latifundios del marqués brotaba la sangre de los que mataba la hambruna tras la enésima huelga anarquista. Los campesinos vivían en la certera costumbre del miedo absoluto a contradecir leyes que no necesitaban entender para ser cristianos estúpidos y obedientes, y los muy ricos, cuya crueldad se entendía como norma a través de su pintoresco representante, bebían licor y atragantábanse en sus culinarias ingestas en fiestas de guardar.

Se decía también que los anarquistas no eran sino almas en pena rogando por el descanso de sus atormentadas mentes o peor, la semilla del mal que traían los panfletos de los anticristos intentando pervertir la calma de lo que siempre había sido así.

En aquella densa niebla social donde los hombres desaparecían sin dejar el más mínimo rastro, dejando tras de sí mujer en época aún de merecer y una prole llena de mocos y piojos, se vivía con la certeza de que la sangre inundaría aquellas tierras de sufrimiento extremo y que el marqués no sabría nadar entre tanta venganza.

Fue durante la recolecta del algodón que llegaron los civiles a llevarse a una decena de jornaleros. El marqués abrió un sobre durante el desayuno y con letra torpe e infantil, un mensaje: ” Bamo a matarte puerco”, provocó la carcajada en el noble, mezcla de su clasismo y su cuidada ortografía gracias a lectura de los clásicos. Su cabeza andaba en preparativos para la puesta de largo de su hermosa hija y no necesitaba aquella nimiedad como distracción.

Fue un día de lluvia cuando los jueces justificadores de tan desigual sistema, condenaron a muerte por ahorcamiento a Paco el Largo, un casi adolescente brotado pobre entre la maleza circundante cuyo único delito era ser zurdo y haberse encontrado cartillas ortográficas bajo el camastro de sus sueños por un mundo mejor. Los magistrados encontraron determinante que el reo había pretendido engañarlos escribiendo con su mano diestra, según ellos, y no por desconocimiento, pues era según él, falso que supiera a ciencia cierta que se pudiera escribir con la mano del Maligno. Indudable era por otro lado que había pretendido el ardid de un uso no habitual de su caligrafía, aunque, y ya en palabras del fiscal, el reo jurara que jamás había escrito con su mano izquierda y que fuera un hecho que tenía graves dificultades para leer de la Biblia donde juraban los sospechosos.

Publicado en Esmeraldas

Una vez

Envés de las hojas

tantas veces,

hoja del abismo

por escribir,

veces del envés

oculto al sol

escrito en miel

cínica. Tantas

veces yo,

tan pocas tú,

tan Dios, a veces,

el fin y su letra pequeña,

el cosmos en tus olas,

en tu dialecto árabe…

Tan poco a que aspirar

si no tú, una vez,

y soñar la regresión,

y que me desempolves

las pesadillas.

Publicado en Poemas

La soledad de los suicidas

Te acompaña en la cena

tu yo aterrado,

misma mirada fría, traje

impoluto. Conversación

sobre el tiempo, próximo

campeón de Liga, alguna

barbaridad en boca

de populista de moda.

Te acompaña tu yo aterrado

de tu tú aterrador.

No imagináis una buena noche

con la cena fría

como la soledad de los suicidas.

Publicado en Tiempos del destierro

Tus ademanes

El fin tiene tu rostro.

Los naufragios mecen

todos mis suicidios.

¡Has inventado tantos

regazos en mis espejismos!

El fin tiene tus ademanes,

y tu sonrisa forzada.

El fin bosteza, a veces,

y nos escucha declamar

vacío que solo entiende

el desamor taciturno.

Publicado en Fotogramas del vertedero

Disimulo

Otro año en que no le va a llegar para comprar los Reyes. Ahora además está el puto Santa Claus para acabar de dejarla sin dormir desde hace semanas.

El juez le dio la razón cuando denunció a su ex. Ahora toca esperar que pague todo lo que debe de manutención por el niño. Limpiando escaleras por horas no se gana mucho, aunque más que ejerciendo esa carrera de mierda que tanto esfuerzo le costó para nada, para luego enamorarse de un mindundi y quedarse preñada y quedarse aquí en este país sin futuro. “No te cases con él “, le decía su madre, y se lo recuerda cada vez que la llama y siempre la pilla currando porque le cambian los turnos. Al final le tiene que colgar, es regla no escrita no escuchar consejos cuando se empieza a echar colmillos y mala leche.

Hoy está de bajón, seguramente por este tiempo infernal que se pega a la piel y te acompaña hagas lo que hagas. Encima la pierna izquierda va otra vez regular y al médico le dice una y otra vez que no es nada. Para a tomar un café en cualquier lado, aún queda una eternidad para que le traigan al niño, y necesita cafeína para lidiar con él después de seis horas de fregona y escoba casi arrastrándose y buenos días sin respuesta a gente que le pisotea lo ya limpiado.

La llaman por su nombre. Es una antigua amiga de instituto, casi no se acuerda de ella pero disimula bien el lapsus. Charlan de su respectivos currículos en los que ambas salen derrotadas, y la amiga le recuerda cuando robaron ropa en El Corte Inglés para ni se acordaba qué fiesta. Ella ríe por primera vez en días.

Luego sabrá que la amiga conoce gente que roba juguetes, móviles, incluso libros para la escuela porque nadie tiene un puto céntimo y los venden en ciertos lugares que ella conoce casi tirados de precio. Aún tendrá de sobra para llegarse a uno de esos sitios para que el niño pueda disfrutar de alguna sorpresa.

Irán juntas, porque se disimula la tristeza, pero ser pobre es mucho más complicado de ocultar. El sitio estará en un polígono de las afueras del mundo rico, y habrá gente con mil cosas que vender. Un regateo, una felicidad infantil en alguna bolsa del hiper del barrio y aparecerá la policía. Empujones, patadas, gritos, y el no saber por qué se está allí. Tropezará con los artículos desparramados por el suelo y al caer de bruces se partirá el brazo. Ya no habrá sonrisa en el niño, ni escaleras que limpiar mínimo hasta después de fiestas. No tendrá que disimular para conservar el puesto ni tendrá que colgar a las estupideces de nadie.