Publicado en Poemas

Ven a ser

El amor es

sin verbos, la respiración

del aire, cuentaolas.

El amor es el empacho

que los felices

no vomitan. El amor

ciegos deja los adjetivos,

los adverbios perennes.

El amor abre amapolas

en la oscuridad del odio,

el pensar de lo árboles.

El amor artículos mata,

al tiempo minimiza.

¡Amor, ven a ser,

hazme invisible

a ataúdes y cenizas!

Publicado en Bienvenida a las armas

Este aquí

Este aquí hilvana una venganza

laboriosa. Sobre el desértico silencio

del asfalto que late, bajo lluvia

despojada de sentimentalismos

inquisidores,

unos ojos nos ciegan el soñar.

El creador de Dios levanta las manos,

esconde una quijada en el instinto,

de la bala invisible la dignidad aceptando.

Este aquí no usa efectos especiales,

el volcán no aviva, ni amansa fieras

con el ego . Este aquí es real,

como los desahucios

que al alma disparan justicieros,

como el aliento de los softwares

de la guerra, como los cadáveres

que alguien cuenta

en el pase de publicidad.

Este aquí habla con la voz de los poetas

mancos y alcohol cual metáfora.

Arranca la lengua el aquí a los buenos días.

Publicado en Poemas

Broken shoes

Quisiera unos zapatos rotos
para mi traje de piel derrotada,
casarían bien. Quizás alguna flor
marchita a ratos, una cruz
que a alguien le sobrara,
y caminos libres de barreras
y hombres con escudos en las mangas.
Resucitar a Dios en su mejor versión,
y hablar con él de quitarle las mayúsculas
a los nombres y bastante de patriarcado
a la luna y los adjetivos posesivos.
Quisiera unos zapatos tan rotos
que nadie tuviera necesidad de robarlos
porque el caminar tiene que ser 
con pies desnudos, con alas
naciendo entre los dedos sonrientes.

Publicado en Bienvenida a las armas

Padre vuestro

Muertos tras la reencarnación,

por el tanto por ciento

apuñalados,

«y no veo más que sangre»

a la espinilla de mi ventana virtual.

Virus que estás en el aire,

¡perdónanos! Hombres sin boca

para el ataque, hombres sin alma,

a la deriva, arrancan ojos

a tus caricias; la quietud

nos enjaula, corta de los pájaros

el volar e inventa nuevas alas.

Y reencárnate varias veces,

sal en Ana Rosa (de los vientos calmos),

pon un 155 en tierras de fondos buitres,

ilumina las iglesias, contrata

full time a Jesusito de mis miedos.

Amén, si tal…

Publicado en Bienvenida a las armas

Rimas sordas

Esta guerra tiene muchas rimas sordas,

mucho soldado con fuego en el aliento,

ningún pétalo de flor desertando.

Esta guerra tiene también noches huérfanas,

hombres sabios cuñados de la ignorancia,

algún fuera de juego y derrapes

de la lengua.

Esta guerra ha perdido en los penalties

algo más que el derecho de pernada,

algo invisible con sabor a esperanza,

un armisticio que redacten los niños

y las mascotas.

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El virus mata

Enésimo parte de guerra:

el virus muta y se parece

a mi yo monstruo. Ayuso

es la poli buena.

Se venden más sillones

para disfrutar del fascismo televisado.

El señor que ronca en el banco

del parque de la niñez, está en ERTE.

La muerte se come las pizzas

para el partido. Te ama Netflix.

Dios se muda con lo puesto.

Lo inescrutable, la ropa compra

en Primark. Tiempos de crisis

con tu colonia, tu desprecio,

tu mascarilla bozal, tu melancolía,

tu ego contagiado

de eterno retorno…

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Números

Las máscaras tapan

la boca a los números,

al individuo obediente vuelven,

a la realidad le borra el horizonte.

Unos ataúdes con terraza

se llenan de esclavos en chándal

y cervezas-placebo.

Las máscaras tapan las máscaras

de los lobos. Un desahucio

paró el virus, con su lengua en llamas,

con su rugosa piel, con su mirar de patíbulos.

Los números restan, dividen,

multiplican las heces, la realidad

olvidó sumar porque los felices

acaban las pelis

muy rollo Disney. El virus

es hermafrodita. El amor hace

a las trincheras,

a las cebras de los pasos,

y gime, marcial, porque sabe

que miras, y los ríos se han quedado

afónicos.

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Levito

Levito

sobre la pesadilla inquisidora.

Un ojo me guiña el cielo,

la armonía dimite ante mi olor

a muerto. ¡Tantas olas

pretendiendo ser maremoto

sobre mis penúltimos adioses!

Levito

sobre el recuerdo con las uñas negras.

De los armarios que los rincones

doran, un aire incoloro

sale, se abre paso. Mata a mi yo,

nadie mira con la calma

de los volcanes con anginas.

Levito,

mas aborrezco de los fantasmas.

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Un millón

Madrid es una ciudad

de un millón de zombis que despiertan

en el metro. Se ha ahorrado

otra guerra civil

la muerte,

mas no una victoria.

Cuando Madrid deja a los asesinos

salir a aullar a la luna

que se prostituye en Villaverde,

encuentra el madero bueno

a un caín en el Valle del Kas.

El virus ha okupado los sueños

que privatizó la mentira

de los superhéroes con corbata.

Arranca, un tanto por ciento,

páginas de la Biblia

y a Tierno Galván le ponen una estatua

cagada de palomas como buitres.

Madrid es una ciudad de un millón de cadáveres.

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Tan ellos

Somos tan ellos ya,

tan mayores para decidir

cuándo primavera, cuándo

fuera de juego, dónde

la coda y el calderón,

por qué los porqués y los adioses

con la boca del hasta luego.

Son ellos tan poco nosotros;

ni siquiera nos imaginaron

malvados

en los libros del adoctrinamiento,

ni en las cometas armadas de aire azucarado

de niños, tampoco

en los anocheceres con hipo

o en las canciones de vagos

pidiendo soñar en color.

Somos tan ellos ya,

que el son es la hermandad,

ahora, quizás antes,

quizás sin quizás.

Probablemente sin somos.