Publicado en Bienvenida a las armas

Miguel

Hedor de sombra

de fantasmas sobre la piel

del aire. Miguel

que balbucea y el universo

se le derrama.

Unos pechos que amamantar quisieran

la niñez asomada a la muerte,

se secan como el desamor

y las lápidas.

Pero los caídos no olvidan

que el fusil tiene ojos

y la maldición del remordimiento.

Publicado en Bienvenida a las armas

Nieblas

El yang

amoldo al ying con el complejo

de los culpables tímidos.

Con aliento de piedra caliza,

un cristo de todo a euro

camina,

a escupitajos lapidado.

El ying reza con cruzados dedos;

se depila la entrepierna el yang.

Entre los suburbios en overbukin,

se nacen cien mil hijos de San Luis,

se escucha trash metal, se lucen

Levi’s etiqueta verde. El ying

es invisible, el yang camaleónico.

Un marroquí armado de tristeza

y artimaña fenicia,

sobre el mal y el bien vende

su esclavitud. También

anduvo sobre los mares nuestros,

al igual que el rumano

que nuestros sueños duerme,

roba todos los trabajos,

alienta tormentas de apocalipsis

poco hechos. Un burgués

encargado de encallar manos

obreras limpia las heridas

a Cristo, acusa de escupir

al marroquí, de ser piedra al rumano.

Largos cuchillos en la niebla europea.

Aquí,

a orillas del asfalto, el ying vislumbra

África; un bostezo da el yang

ante la costumbre del hedor a tragedia…

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Él

Mucha gente en blanco y negro

ametrallada por la cruz

y alzacuellos con gonorrea. Mucha

otra lapidada

a espaldas del NoDo,

y niños que fusilaban

a los amigos en sus juegos.

Los adultos de tanto imitar

el pueril llanto de los culpables,

se vistieron de lágrima

y confesionario. Él, afable

como los buenos días del rico,

los arropaba y les leía versículos

de sus azañas. Él era el semen

absoluto, la apología

del amanecer patrio. En los rezos

escondía el asesinato

de adolescentes inventando kamasutras

jolibudenses y chicas degolladas

por parecerse a Rita Hayworth.

Los montes tenían ojos y los tricornios

dientes incisivos. Él era

el ventrílocuo del Dios levantado

con el pie izquierdo. También

el Abraham fascistoide,

entregando comunistas

al sacrificio del olvido.

Llevaba sin verse la virilidad

desde que la moral pétrea

le lapidó el reír de la salida de colegio.

Luego cerillita encendió el fuego

de la oscuridad,

y mató a infieles y a harapientos

españolitos, con el áurea

que le inculcaba una biblia

escrita con la lengua del Imperio.

Paró los relojes

y latieron cunetas nacidas

de las penumbras. El hambre

se alió con la muerte

y la españa sierva se fue a buscar

el amanecer,

más allá del empacho de sol.

Mientras otros se quedaban

ciegos con las pajas pecaminosas,

Él nos inventaba una monarquía

con parlamento roba almas.

Se cansó de jugarse a los dados

el Imperio

y se fue, cual emperador romano,

a que le lloraran la mortalidad

del cuerpo,

ese que tanto odiaba

Su Platónica Vuecencia.

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Mentirijillas

Unos veranean

en los inviernos de otros.

Unos sirven la sopa,

otros hacen de moscas.

Unos inventan la estupidez

y el paso cambiado.

Unos decoran con acuarelas,

los otros tapizan

la poltrona con mentirijillas

de la última campaña.

Unos mueren en las guerras,

los otros son gatillo.

Unos rezan a Dios, los otros

hacen milagros y pagan

para que les lleven la cruz.

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Constitución

Constituyeron

los días de ayuno y las noches

de estrellas impares.

La democracia balbuceó la tabla del Uno,

y ya superamos el desastre del 98;

obreros con Tshirts,

con un Naranjito gordo y pesoísta,

limpiaban los excrementos

de las ecuestres esculturas

del Generalísimo superlativo.

Constituyeron

el harén del rey y la NATO

con misiles sabor comisión,

y una cruz para subrayar el laicismo

de los escolares monárquicos.

El asturiano príncipe sacaba

matrículas, tantas

como peces le picaban al

lugarteniente,

la corrupción siguió entre trajes

con corbata y desfiles. La reina

se quedó en la torre,

los fascistas se vistieron de pana,

los obreros veían al cicerón

Felipe, los que andaban sobre las aguas

hicieron un Pinocho Aznar.

Constituyeron un librito

que los hiciera imprescindibles.

En el cajón del Palacio

donde se inventan las crisis,

metieron varios huevos de águilas ,

y a unos jueces que abanican

a Dios cuando viene a amamantar

las guerras de españoles huérfanos.

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Polifermos

El tiempo ya no respira. Debajo de las arenas privadas

había calles de barricadas de saldo. Se prohíbe la Historia

de los hombres que silbaban. La libertad con alambradas

se pare en los juzgados. El Sol busca en la noche sombra

que proteja de Polifermos con dos ojos y apologías en uniforme.

Sudan los palacios muerte y adictos de Antena 3.

Una paga extra y un sindicato con colorines de la moral rompen

el himen. Los obreros con la mano alzada amamantan el ayer

y encuentran manjar la incógnita de la voz que les miente.

Sobre los púlpitos del mañana carraspea un televisor y finge

la mudez de los monstruos enamorados. Una bandera siente

ser ondeada por úteros que disparan niños bolcheviques

para desmembrar a base de versículos. El cielo

baja a alimentar los piojos de sus cabezas atonales, y la danza

se vuelve marcial y difícil como a las máquinas el anhelo

de un abrazo. Acaudilla la desmemoria a los soldados de la vil españa…

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Grande y libre

Un ataúd,

con ojos que se miran

en apologías de adjetivos

con la niebla del atributo

y el ser, estar y grande y libre,

es susceptible

de contener un muerto

que resucite.

Cada vez que los fantasmas

crean encontrar el tono

del himno de las tormentas,

en morse a veces,

en los arrabales del sistema

siempre, fusil en mano,

remiendo oculto

para el desfile del destino,

por el agujero de lo universal

entrando.

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Payés

Los ojos de mil lenguas

al unísono,

nacen al regazo

y al resucitar de payeses.

Borrados los nombres,

haceis de primaveras

un invierno sin besos,

un ataúd amoldable las calzadas.

Andaba Cataluña

sobre el Mar Suyo,

inventando alas a los sueños,

y un cuchillo en vuestro odio

degolló el caminar.

De un pueblo el lloro

se preña de mil puños en alto:

Una lengua musculosa

aprende a defenestrar;

quienes venden la noche oscura

como luz,

tartamudean…

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Olmos

Nos convirtieron en pezones de concebidas lobas sin mácula.

Nos enseñaron a ahogar mares.

Nos salió del instinto cómo golpear al destino sin dejar huellas.

Nos inventaron versículos del Apocalipsis con ojos de niños.

Nos armaron con el odio en los bolsillos.

Unos hombres sabios nos usaron
como gatillos de la soberbia.

Fuimos diluvio maquillado de Arca.

Perdimos el presente y en el espejo vetusto del pasado

quisimos la esencia del color.

Nos nacieron con la marca opresora y quemadores de libros.

Los hombres sabios duermen sobre cadáveres que matamos

en la inocencia de respirar cuando ellos nos lo permitieron.

Nos hicimos el traje de súbditos de la Verdad y el Tiempo. Somos

asesinos amamantados de pezones sabor luna llena.

Los lobos aúllan a la tormenta…

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La deriva de los leprosos

Había restos de lluvia desconchada

en los ojos del tiempo arrepentido.

Charcos con peaje e invisibles niños

cruzando inviernos alumbrados de lunas.

Había restos de la batalla última

en el espejismo de Hitler,

hombres cuyos odios sudan,

y esclavos aplaudiendo a príncipes.

Unas europas borrachas

tararean reggaeton ario.

Nórdicas albas

sueñan 

con el guiño del caos.

Unas jaulas sabor cielo azul

y soldados en gula de almíbar;

las noches inventando la luz,

el paraíso virtual de las rimas

en game over, unas estrellas

brillando con polvo de tristeza

y un silencio de lobos tímidos

borrando bondad al destino.

Un mar que cubre las pesadillas,

unos ahogados orgullosos,

un infierno residencial con vistas

a la deriva de los leprosos.

Unas europas borrachas

tararean reggaeton ario.

Fascistas almas

preñan

de venganza lo rancio.