Publicado en Bienvenida a las armas

Idioma

En el idioma del hambre

no hay muros, en el de la muerte

no dólares antídoto,

en el de la naturaleza

no piedad, en el de los hombres,

¡ay, qué diera yo

por saber que no existe

en el idioma de los hombres!

Publicado en Poemas

Guerra aletargada

Hace tanto que Blas de Otero

nos dio todos los versos,

que se pudrieron los amaneceres

en los ojos que merece

un pueblo tartamudo al declamar.

Fue un mal entendido. El hombre

nunca ha estado en paz,

más bien en luto por el pobre

que murió censurando el frío

del invierno, la sonrisa mellada

de los veraniegos niños,

la felicidad enlatada

vendida al por mayor.

La guerra aletargada no es menos

guerra porque nos salve Dios,

ni el grito más fuerte por el eco…

Blas existió, quizás el hombre no.

Publicado en Escritos

Profeta

No había tiempo para comprobar científicamente la autenticidad de aquella voz divina. Sabíamos que con el reloj biológico parado, el planeta no seguiría girando en derredor de su eje, ergo una necesidad imperiosa por hablar con Dios se apoderó de todos.

Miles de falsos ídolos se aparecieron llenando las pantallas en prime time. Creímos a pies juntillas a cada uno de ellos hasta que el siguiente lo derrocaba con un truco mejor. Al final necesitamos con tanta urgencia el milagro que condenamos a muerte a los impostores. Aun así siguieron apareciendo nuevos profetas con igual poca lógica que los anteriores, hasta que al borde de la extenuación, el único Dios verdadero nos regaría con un virus de dimensiones insondables.

A imagen y semejanza de Su Divinidad, aprendimos en tiempo récord a adquirir Su destreza para acabar con la plaga. El planeta volvió en sí y agradecidos por Su infinita misericordia le preguntamos acerca del porqué de aquel virus y con que fin en aquellas circunstancias. Dios, sin esfuerzo aparente, sin rastro de sorpresa o tiempo presente en Su esencia nos preguntó acerca de aquel virus y con que fin en aquellas circunstancias.

Publicado en Bienvenida a las armas

Therefore…

Los adictos al inframundo están pereciendo en este lado de la existencia, demasiado sol y gente uniformada, quizás. Hay uno que pasa bajo mi “balcón- tribuna de pensador absoluto-esdrujulista-cuñadísimo mayor del reino” todo el rato que dura el interiosismo importado del oriente comunistoide, para que pueda yo, regidor de la materia y nebulosas adyacentes, arremeter contra su hidalga, también triste, figura sanchopancista, (me reservo ser prota quijotesco en mi oceánica empresa patria).

Él, susurra unos buenas tardes escuetos, casi postmodernistas en su atribución al reduccionismo que resulta ser, (no más verbo hay que nos asemeje a Dios), y entrega, de tan enrevesado modus vivendi, todo su existencialismo camusiano en la desnudez total, desnudez cósmica, dejando a la niebla reservada para días donde el diluvio de gentes moralmente delineados por la regla divina le maquillen el ir muriendo…

Publicado en Bienvenida a las armas

Farolillo rojo

Desafino silbidos arpegiados

las caricias se ponen cualquier cosa

agua en el reloj, ruido entre lápidas.

Tempestad con marea baja

que emborracha rosas,

de plástico,

agua en un pulmón, el otro es de lava.

He quedado en el velatorio,

luego a bucear entre cervezas y tapas

para bien oxidar lo que es hierro y no oro,

y hacer así mis penitencias con coca sin fondo.

Prohibido aparcar en infinito

bajo multa de crucifixión

botellón y a mear en los bosques

a ver a que dios me encuentro que conduzca mi coche.

Una buena resaca que incite a ser planta

frente a la caja tonta que me riegue catódica

creciéndome feliz persiguiendo una pelota.

Farolillo rojo incluso en segunda,

no me importa bajar, la derrota disfrutando,

tantas amarillas,

tantas me han sacado que compensa ser malo.

Riego parcelas de extensiones diversas

con el sudor que provoca el látigo.

Las cadenas mi mayor riqueza

yo sueño lluvia y sólo caen rayos.

Otra vez a programar los hits,

con la disco llenen la pista

evacuando la zona VIP

con el placebo de las pastillas.

Rostros planos, yo aun cabizbajo

coche potente, yo carretera

cobarde música, yo la estridencia

vida ajustable, yo charanga y mambo.

Fuera de juego sin ser convocado,

casi gol y sí… fue al poste

creerse pichichi siendo balón

que se pierde en la grada de mis horizontes.

Publicado en Bienvenida a las armas

Diario de guerra

Mi pesadilla come saludable por mí

en la cocina

de los pescadores de colesterol

y poss-it con versos tachados.

Levito mis andanzas

hasta el salón-confesionario luego,

no sea que despierte la ligerilla

de mi pareja en día impar y bisiesto.

Mi pesadilla tiene menstruación

y cambios de humor futboleros.

Denuncia al vecino del perrito cabroncete

a las autoridades, lanza

en Twitter artillería no ortográfica

y se parapeta en la esperanza

o en versículos de visión 3D.

Ligerilla es el ojo que cierra

los viernes noche,

pero vigila por si viene la muerte

mientras añoramos

algo de cuando en los dientes

nos crecía fruta más tarde prohibida.

El mundo es algo que hay tras

el quicio, con olas de atrezzo

y luces de neón que apestan

a naftalina y rock de cuarto

de baño con visillos.

Pesadilla y Ligerilla

esperan desde hace días

a un invitado que no usa goma,

y, so far,

nos deja tirados

en el que pensamos último día

del diario de guerra.

Publicado en Poemas

Error misericordioso

Toda la lluvia venida y por venir

quisiera,

sobre las aguas benditas

teñidas del asesinato primero.

Todos los amaneceres

en soberbia de ser quisiera

en los pasillos de las democracias.

Todas las sonrisas del amor

quisiera

dibujadas en la bala en acto,

en los párpados de la acción

bursátil, hasta en la luna

que da pie a las mareas.

Quisiera

este sopor presente

fuera de las partituras divinas,

ninguneadas por la tormenta

musculosa, noqueada ante

primaveras recalcitrantes.

Todo el tiempo habido y por haber

quisiera

sobre la derrota pesando,

sobre los hombres acaecidos,

sobre el yo en gerundio,

fútil, armado del misericordioso

error…

Publicado en Bienvenida a las armas

Desnudándose

Se murieron los ángeles de la guarda.

Demasiada gente en este after;

como destinos diseñados para pobres,

desencajadas mandíbulas

abrazan el silencio. Se oye

respirar el mar desde Madrid,

huele a colmillos de jazmines

sevillanos, a Santo Grial

entre olmos y Soria.

Se murieron los sueños que no roncaban,

la inmortalidad de los periódicos,

la Jauja prometida, el deseo

que sacaba seis en los dados.

Algunos fantasmas se visten

de lunes y coronavirus,

y arrastran sus higiénicos votos

por la intemperie.

Un poeta a quien nadie concede

beneplácito del contagio,

ve pudrirse el tiempo desde

su balcón. En la mañana televisada,

la voz de los bufones

canta con boca de rayos llena

el nombre de los desertores.

Se murieron los ángeles todos,

mata y sonríe el amor

entre bambalinas, desnudándose.

Publicado en Bienvenida a las armas

Globos y serpentinas

Amo el volcán derramado

sobre las calles, su griterío grosero,

la inmortalidad impaciente

de los amores polinizados.

Odio los silencios y la muerte

escondida en las esquinas,

las canciones en duermevela

y los saludos que se eluden.

Amo los semáforos y el claxon

fiero, a la gente que blasfema,

a los coches con bronquitis,

al señor fascista que arenga

a los que no sacan brillo a su credo.

Odio a los tréboles de cuatro

hojas y estaciones en standby,

a los parquímetros mentirosos

y a los inventores de la oscuridad.

Paseo por mi memoria

desde este agujero en claroscuro;

rey de mí mismo, a la espera

de un big bang que nos cubra

con globos y serpentinas…

Publicado en Bienvenida a las armas

El hombre embalsamado

El cubata que estaba entero

y quizás también el amor,

los versos que no apunté

en el turno de insomnio,

el abismo desde el que atreverse

a volar, las amapolas

más rojas en los sueños,

lo que quedó por decir

en el penúltimo adiós, los niños

cuyas sonrisas robar,

el desamor que nos hizo terapia…

(¡Tanto donde sembrar

la muerte y el virus, el ocaso

y la sombra sin sombra,

las pelusas y la telebasura,

al hombre embalsamado!)