Publicado en Poemas

Manual de uso

Falta el manual de uso

y tengo el corazón desmontado

por estos versos fríos.

Busqué

en la brusquedad del otoño,

en los prospectos de la esperanza,

en la melodía que no se toca,

en Dylan, por supuesto,

en las palabras a medias,

en el hueco del ascensor

al Cielo, en las parábolas de Messi,

en el cuadro ladeado de mi vida.

Tendré que tirar las piezas

al cajón del olvido,

donde me desprendo

de todo lo que ya no sirve para casi nada.

Publicado en Bienvenida a las armas

El ayer

El ayer no ha muerto.

Mil bocas pobladas

de tullidos fantasmas del ahora

secuestran a la semana próxima. ¡Es resucitar

tan fácil en este lado

de la realidad tenue!

El ayer acaba de casi morir contagiado

de un hoy moribundo.

La historia verbaliza al tiempo;

el tiempo encañona al verbo

y a la historia.

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Modo codicia

Quizás estamos muertos ya.

Quizás ya nunca más miraré

con ojos en modo codicia.

Tampoco tendré que bajar de la cruz

ni pagar por una cédula

que indique qué país me adoctrina.

Quizás los demás muertos apestan

tanto como los vivos  a primavera mustia.

Quizás estamos muertos ya.

Tampoco le importa al capitalismo

mientras los muertos no sean felices

y compren compulsivos,

porque en verdad

da igual la oscuridad del escondrijo

mientras la decoremos a juego

con nuestro color de, quizás, muertos ya. ..

Publicado en Bienvenida a las armas

Despertar lázaro

Calles tan áridas

como el interior del suicida.

El poder chapoteando

entre diluvios y pandemias que escupen

un despertar lázaro.

Tan invisibles son los poemas

como la revolución

de jugadores de rol. La Parca

va dando tumbos,

pisando solo en las losas rojas;

viste los andrajos de los domingos,

la guadaña del Ikea.

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Primaveras y salitre

Adiós a las paredes

que sudan primaveras y salitre.

Adiós a las mareas y su tempo

arrítmico. He matado, sí,

al Guadalquivir y sus ahogados,

he hundido sus barcos.

Adiós a la cal macilenta, a la vejez

de lo eterno. Calles empedradas

me lapidan. Un leñador

con rostro infame, leva mis anclas.

Adiós a la pubertad del cielo limpio.

En el acantilado del mañana

se encuentran las metas,

y un sino tímido de un solo ojo…

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Pasos de cebra

He muerto 
en tantos pasos de cebra,
que la resurrección
se convirtió 
en un trámite.
Nadie me explica
por qué me siento más vivo
muerto, por qué 
el desamor tiene mi mirada,
por qué Dios es ahora 
conserje
y no deja a los obreros
por el ascensor principal.
Susceptibilidades
de sepultura, me hago cargo…

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La mano zurda

Una esperanza vestida de luto y ataúdes reumáticos es España, donde los prólogos los escriben imitadores carlistas de Valle Inclán. En España hay un pájaro que vuela de memoria con los ojos arrancados por la libertad, también un toro que huele a medioevo e invierno de Guerra Civil. Las mujeres que limpian siempre, nunca hacen topless y llevan alguna caries en las bocas que no han besado nunca a alguien por amor.

En España se hace la guerra cuando nos deja el trabajo y todos llevamos quijada de burro en la mano zurda. Todos tenemos una flor que se murió de aburrimiento cuando mirábamos la tele. Hay una diosa que habla en Tele 5 con la profundidad de las faltas de ortografía y el hedor del azufre pasado en los fogones. En España nos hemos quedado sin banderas porque se las han comido los españolísimos. El cielo es azul y huérfano, llueve poco aquí…

Nos miran los fantasmas con nuestro propio ver. Cuando las barcas se hunden en las bañeras se dispara a los presentes para que no sean futuro, se les quita la piel de obreros y se pinta de moros que venían a comerse nuestro sueño de imperio.

En España tenemos un telescopio para mirar las bellezas del norte, que son rubio inmaculado como las vírgenes bajo palio. Aquí estamos siempre al sur de todo, vivimos en blanco y negro y negamos que hagan falta brújulas para encontrar el horizonte. Somos arbustos sin flores, cuyas raíces parasitan de olvido y sangre de guerras siamesas.

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Veneno en las escamas

Necio soy

al pretender mostraros la inmortalidad,

el arco iris que emana

en las manos que se besan,

entre los que tienen esperanza,

el volar.

Necio me adoráis,

porque la nada asusta

en vuestras penúltimas cenas,

frugales, con la ambrosía

que creéis mi alimento

justo antes de mataros vestidos.

La vuelta a serpientes

os pareció óptima

para vender fruta prohibida,

para desahuciar evas putas

y adanes sumisos. No os

importa la indolencia al arrastraros

mientras

tengáis veneno en las escamas.

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15-M

El 15-M
salieron a la vida manos con manicura
hecha. También manos cortadas
y amapolas mustias,
la mujer de la limpieza,
el gilipollas quita esperanzas
de alguna sucursal,
yo creyéndome decimonónico
y barricada del París sangriento.
Salimos en la tele. Nos hicimos
unos selfies y rapamos la cabeza
a la caspa. 
Salieron juglares de debajo
del asfalto y del cesto de la ropa por lavar.
¡Éramos tan cool! ¡Éramos tan revolución
como en las americanadas
que nadie ve! 
El poder se puso nervioso.
No hicieron gran cosa: nos dejaron
evolucionar. Fin.
Epílogo:
El 15-M, ¡qué tiempos aquellos!
Yo también estuve, derramándome
como la noche sobre las plazas 
donde crece el aburrimiento.
Águilas nacen en las bocas de la mentira. 

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Inventario

En este inventario

de cadáveres esparcidos

obstruyendo

las salidas, hay pétalos

que arranqué a primaveras

cuando se maquillaban de mujer.

Hay también olas enjauladas

con la soberbia mutilada

por mi cobardía, soles repetidos

del atardecer que me pilló 

currando o en un atasco.

Hay una foto de mi fantasma,

la que rompiste

porque no encontrabas normal

ser invisible, la caja de Pandora

con marcas de las veces que la abrí,

mis venganzas haciendo burla,

tu cuerpo en algún instante,

abrazos amputados en posición

fetal, yo en varias resurrecciones

de prueba.

Lo que no aparece

es el nosotros cuando nos quisimos.

Supongo que mi yo lógico

buscará una solución de mierda

para todo. He encontrado

los ambientadores sin piernas

para huir del hedor

de mis asesinados.