Publicado en Poemas

Adiós…

Adiós a las gaviotas de incógnito,

al Guadalquivir en su orgasmo

atlántico;

adiós al cielo que me hizo ángel,

adiós

al mar que se abre de piernas.

Adiós a los sanlúcares

empedrados de ataúdes,

adiós a los caciques que me soñaron

culpable de nacimiento, adiós

al salitre de los versos puros,

adiós a las barcas

donde me llamaba la muerte.

Adiós…

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Publicado en Poemas

Marcho

Marcho,

turista eterno sobre la piel amarillenta

de los horizontes.

En cada esquina

el desamor me atraca,

un árbol me ahorca en los parques,

una estatua ecuestre pisotea

mi sudar de sparring.

Marcho,

inventando los pies y el camino,

las caras para el recuerdo,

la luz que suavice

el agonizar de todos los que robaron

mis vidas extras. Marcho…

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Desembocadura

En la desembocadura

de todo mi sangrar hay un grito,

un segundo donde se esconden

todos los asesinandos,

las amapolas que no evité pisar.

Aprenderé a andar sobre los muertos

caducados. Las gaviotas

del futuro tendrán dientes

con el ojo de Polifemo,

y mil orillas donde moriré

tantas veces como nazca

la indiferencia que me bosteza.

En mi anochecer hay

horizontes leprosos, un espejo

que mira asustado su destino,

un gato con las vidas inundadas

de calles que rumian

y Dios con mondadientes.

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Con el blues en penumbra

Hay un bar con el blues en penumbra

en todas las pieles que mudé.

En todos hay un almanaque

con años que ya no sirven

y una mujer

asomando a la realidad de hombres lobos.

Hay olor a engañados

con el truco de ser felices,

un niño que es nieto del que se llevaron

una noche cuando los nacionales

miraban con la muerte y una cruz

aniquiladora. Hay también un televisor

que presume de las gestas del Madrid,

una radio envuelta en cortinas de tabaco,

una niña que nunca me mira

dentro de mi inocencia, un cromo

de Arconada, el ABC del fascismo

abierto a pescar incautos,

el ruido que tapa las cadencias del blues.

Yo soy el del fondo, allí donde

se ha fundido la bombilla.

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Me subí al bus

Me subí al bus

que lleva a ningún lado,

con los vasos del Burguer moribundos,

y restos de guerra adolescente

manchando la moral

(falsa como todo lo impuesto),

de grisáceos fantasmas

que mueren en la siguiente parada.

Obviamente no pago billete,

me cuelo como haré

en el paraíso de la religión de moda,

mártir al menos el día de canonización,

y viajo sin respetar embarazadas

o ancianos sin memoria.

Mis auriculares dejan asomar

la arenga de millonarios

cantantes asustados del verso,

fumo del enfado de los presentes,

y dejo entrever deseos lascivos

a doncellas ceñidas de reggaeton

e impostura que cruzan por las ventanas.

Me subí y seguiré subiendo

porque los rumbos premeditados y en cruz,

las vacaciones en todo incluido,

los partidos ganados sin bajar del bus,

las horas a evitar el tráfico que insulta,

los partes meteorológicos repetidos,

y la espera a la muerte puntual,

no van conmigo.

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El sonido de los porqués

¿Oyes el calderón,
la tensión de Verdi, el músculo
de Wagner, la estridencia
de Sonic Youth? Venía
la relajación para coger aire,
quizás las armas que nos vende
el tedio, el fin de los pactos;
tuvimos que matar al director
de la orquesta. Ha apagado
el desamor hasta el sonido
de los porqués…

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Flores de pvc

Le han crecido ojos a la oscuridad.
Me harté de tu esconder siempre
en los mismos recuerdos,
adulterados por flores de pvc.
Sobre el alambique, estático,
esperando a que muera el tiempo,
a que esos ojos se conviertan en pistolas
que muestren su monólogo interior.

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Asonancias sordas

Mátame la próxima vida
empezando por el verso. El mar
es un cementerio
de rimas inconclusas, asonancias
sordas, encabalgamientos
de patas rotas y carreras perdidas.
Mátame como solías hacerlo
cuando aún éramos  invisibles
al amor y los diluvios.
Mátame saboreando 
el artificio del color tangible,
del atardecer propio, del invento
de un paraíso privado.
El odio es sin mácula. A patadas
nos expulsó como vomitan
los poetas el dolor 
sin adjetivos, susurrando 
melodías de muerte desafinadas,
pero siempre conocidas. 
En los que anochecimos
el instinto,
en el limbo donde la venganza
campa a sus anchas,
te sé cómoda, un siendo 
aterrador, un estando cruento
sobre el recuerdo del nosotros vivo.

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Tormentas sinfónicas

Esto hay

cuando se acaba la eternidad:

un silencio que mira demasiado

fijo a sus víctimas,

una calle en obras, el bar confesionario

cerrado por ampliación,

algún muerto que sobraba

en alguna guerra sin nombre

o etiqueta.

Esto hay

cuando se resfría el infinito:

todo bajo llave

y reformas en los sueños sin sinopsis,

unas manos huérfanas,

cuerpos amarrados al invierno

en mitad del verano feroz.

Esto hay

donde haber es proscrito,

el caminar antónimo de esperanza,

el tú subrayado en ausencias,

el yo desvaneciéndose,

el nosotros en el limbo

de las tormentas sinfónicas.

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Dióxido de carbono

Crédulos del amor fuimos.

Sobre las fauces del mar

caminando en el sueño indigesto.

Un Instagram y las copas brindando

porque el futuro olía a arco iris.

Descalzos sobre los cristales rotos

no había sangrar. Pero las pirañas

despedazan los tiempos muertos,

las bibliotecas del azar borran

los poemas empachados de amar ,

el desamor se hace visible

en los hombres muertos que esperan el bus.

Este dióxido de carbono que mis ojos cierra

toca con manos de noche alcoholizada,

Este desamparo en traje de bodas

inventa guillotinas. Corta

el epílogo y la respuesta.

Empieza a mojarnos el fin.

No tendremos branquias esta vez.

Los dos lo sabemos. Se nos va ahogando el Uno.