Publicado en Bienvenida a las armas

Nieblas

El yang

amoldo al ying con el complejo

de los culpables tímidos.

Con aliento de piedra caliza,

un cristo de todo a euro

camina,

a escupitajos lapidado.

El ying reza con cruzados dedos;

se depila la entrepierna el yang.

Entre los suburbios en overbukin,

se nacen cien mil hijos de San Luis,

se escucha trash metal, se lucen

Levi’s etiqueta verde. El ying

es invisible, el yang camaleónico.

Un marroquí armado de tristeza

y artimaña fenicia,

sobre el mal y el bien vende

su esclavitud. También

anduvo sobre los mares nuestros,

al igual que el rumano

que nuestros sueños duerme,

roba todos los trabajos,

alienta tormentas de apocalipsis

poco hechos. Un burgués

encargado de encallar manos

obreras limpia las heridas

a Cristo, acusa de escupir

al marroquí, de ser piedra al rumano.

Largos cuchillos en la niebla europea.

Aquí,

a orillas del asfalto, el ying vislumbra

África; un bostezo da el yang

ante la costumbre del hedor a tragedia…

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Cromofobia

Asustados de los hombres

con el naciente amanecer,

los gritos

del pasado mastican

del aire que brújulas mece.

¡Tantos ancianos con el puño

joven, las amapolas

rellenas de olor a horizonte,

el traje de faena inmaculado,

la sangre in crescendo hacia

el eterno coro de ángeles obreros!

Sobre la mar de los panes y los peces

un monstruo camaleónico

anda disparando

a las sirenas, cambia nombres

a los dioses mitológicos,

adorna de epopeya a asesinos

generalísimos.

Un televisor y unas fake news

exorcizan a los pinceles

del arco iris. Vestida de Cenicienta

queda la mujer que engañó

a la serpiente, las rosas

paren espinas, hacia Madrid

unos zombies come sueños

viajan desde la realidad indigesta.

Se para el Universo

a contemplar el match point.

Un telespectador emite

un venezolano eructo, un pedo

bilbaíno

provoca tumultos en Gran Vía.

La derecha siente dormido

el brazo ejecutor. Brillo

se saca al gris del NoDo.

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Investidura

Vodevil de siete vidas en clase de hipocresía,

un sastre los viste a todos y los llaman señorías,

una pantomima tal que Sagasta se asustara

del uso vil de los versos de ladrones de palabras.

El Ken enchufa-parientes viste mal de Cicerón,

del Casado aprueba-créditos la ironía va sin don,

se sumerge en la Rivera del universo unidad,

que la noche sin estrellas compacta con libertad.

El coletas zapatista, el del chalé con piscina

se merienda la oratoria, la soberbia de la inquina,

y el Ibex va dando votos a los mejores actores,

y el público en el match point márchase al retrete,

a sucumbir al encanto, 900
limpia ojetes.

Y colorín colorado, este cuento no ha acabado.

Los catalanes Champions pierden, los de blanco

a rebuscar del No-Do glorias y otras perlas,

los vascos etarras todos, una forma bananera

de entuertos resolver en la patria de los ciegos

donde Abascal es el Cid, lo demás, un sacrilegio.

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Carabancheles

De los libros

sepultados, el cantiflear

de bares con fútbol,

guillotina.

Revoluciones a color

en los escaparates del mundo

ingenuo. Espaldas de una España

de Abeles, hacen guardia

con el arma encasquillada.

Un espantapájaros recita

de memoria con verso gangoso,

asustada cadencia,

y como a los niños amputados

a la magia, un aplauso atroz

rompe los cristales de librerías ciegas.

España es una unidad

donde carabancheles barrios

se barren bajo alfombras

de quienes respiran oro.

El buitre que come tu corazón

enseña en Youtube

a hacer torniquetes con una mordaza.

Rivera va a publicar sus mentiras,

en un libro a juego con las cortinas

de tu jaula.

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Decían, sin embargo…

Era el combate del siglo, decían, la última rebaja

para adecentar la barricada, decían,

más asaltos que nunca a la yugular de las sorpresas

indigestas, decían, la victoria de los harapos adecentados

decían, menos riesgo de tongo en el amanecer

de los ángeles que dieran buenos días.

Fue el combate del instante, del sol desnudando

patria en los plasmas ante los zánganos del Templo;

sin embargo, disfrutaron, a sorbos con los orines

patrióticos tras expulsar a Jesús por puntos

de sus escrúpulos. Los perroflautas comieron

su galleta caducada, lamieron la bota del dandy

embaucador,

y el flautista de Hamelín entonó un himno

hueco plagiando a riquísimos de Madrid, centro

del ombligo hispanicida, sin embargo.

Decían, sin embargo, que habría más combates,

con más rounds, más desquiciados contrincantes

con Dios de su lado, más plasmas per cápita,

más dandies, menos perroflautas.

Las barricadas las retirarán del mercado:

afectan al prime time y a las gráficas

de ventas. Alguien en algún lugar, decían,

que destrozará los sin embargos.

Luego lamerá los zapatos del nuevo dandy.

Se venden yates, mansiones, esperanzas huérfanas…

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Caribeño son

Los problemáticos problemas

se ocultan en el ataúd de la cleptocracia.

Un caribeño son de merengue negro

menea a los esbirros del rey,

mientras degollan

cabezas pensantes en las mamadas

al falo monárquico, esdrújulo, lúdico.

Cuatro forasteros de mosqueteros,

en prime time discuten cúbicos

quién hace de d’Artagnan,

quien se folla

a la Ley y el Orden de bíblico verso,

quien hace de gañán, pajillero de Twitter,

quien de Porthos salvabanderas.

Mentiras de Apocalipsis, armas de líder

en manos bufonas, juramentos de mierda,

tahúres apostando nuestras vidas de enero

con el alba del planeta. Ahogados

en sus caminar de cabeza por el fango

sonreímos. Hasta la treta

de los ases en las mangas

permitimos, crédulos

porque vivir con esperanza

da a los muertos mucho vértigo.