Publicado en Poemas

Noviembre

A las puertas

de la Inmensidad,

unas manos octogenarias

reconocen

a sus yoes ahogados;

la Verdad con túnica

les miente.

Un río invisible

acepta barcas parásitas.

La noche duerme

con la muerte pensativa.

En la ciudad, la piedra

muestra golpes de la lluvia.

Un silencio de hombres secos

retumba

en las entrañas de Dios…

Publicado en Poemas

Primaveras y salitre

Adiós a las paredes

que sudan primaveras y salitre.

Adiós a las mareas y su tempo

arrítmico. He matado, sí,

al Guadalquivir y sus ahogados,

he hundido sus barcos.

Adiós a la cal macilenta, a la vejez

de lo eterno. Calles empedradas

me lapidan. Un leñador

con rostro infame, leva mis anclas.

Adiós a la pubertad del cielo limpio.

En el acantilado del mañana

se encuentran las metas,

y un sino tímido de un solo ojo…

Publicado en Escritos

Êpperança

Luis no se acostumbra a que el sol le despierte. Ya no hay redes que revisar, ni su hijo Antonio, el abogado, le permitía en los últimos años ser un verdadero pescador, los dolores eran demasiado agudos, y la artrosis no perdona.

La cama es demasiado grande desde que a su mujer se la ha llevado su hija Ana. Tiene algo grave pero a él se lo ocultan todo y solo le reprochan las copitas que se bebe en el bar de Mari. El médico le habla con paciencia de padre, y a le agrada que le traten tal como ha tratado él siempre a todo el mundo. Tiene manos de mujer el doctor, pero sabe más que el Briján, y cuando lo mira fijamente baja este los ojos.

Luis cuando empezaron aquellos señores de la tele a decir que no se podía pescar, sintió miedo. Tenía al niño en Cádiz
y hacía falta mucho para mantener a un universitario en aquellos albores de la democracia. Llegó un día Rafa, que siempre andaba trapicheando , y leyó la preocupación en el rostro de su amigo.
_ ¡A ti te paça argo, compadre, no me engañê!

Esa misma noche Luis supo lo que era el contrabando. Su mujer lo abroncó porque pensaba que venía de beber con la chusma con que quedaba en las tascas. Luis se calló por primera vez en su vida
y se sintió sucio por llevar dinero a casa que no había sudado honradamente. Al día siguiente, cuando su mujer lo hacía en el bar y mandó a Ana en su búsqueda, comprendió el arrojo de su marido y se sintió orgullosa. Luis los quería como quieren las personas puras de verdad.

Ana también era una niña muy lista. Se le veía siempre leyendo, y como Luis no puso ni la menor pega, porque quería que los dos fueran personas entendidas y capaces de comprender lo que decían en los telediarios, redobló sus ganas de luchar por ellos, aunque fuera entre la niebla y el disimulo.

Una noche la cosa no salió del todo bien y la guardia civil los esperaba en la playa parapetados tras las barcas varadas desde hacía meses. Los llevaron a comisaría y como Luis era indomable, le pegaron en las costillas y le partieron dos a patadas. Eran dos hombres jóvenes, como él entonces, pero ancianos franquistas avocados a desaparecer con la fuerza de la democracia esperanzadora. Lo obligaron a beber ginebra y lo dejaron en la esquina de la calle donde vivía, para que el tono de tragedia del flamenco escuchado por el barrio lo convirtiera en miedo. Luis solo pidió que los suyos no sufrieran más por su culpa y se mantuvo firme para no caer en el dinero fácil.

Su mujer dicen que tiene algo grave y le quedan unos meses. Luis ha asumido el vivir en la soledad con que sus huesos se recuperaron. Sus hijos tienen casa en buen sitio en Sevilla , curran con traje y hablan con acento de allí. No se puede sentir más orgulloso de haber servido para verlos triunfar en la vida.

Está hablando consigo mismo en el bar de Mari. Hoy no apareció Rafa, y el resto guarda silencio viendo el partido del Madrid en Champions. El viejo pescador nunca entendió que se pudiera ser de un equipo que casi siempre gana, eso no es fútbol de verdad como el Cádî.

Sale a gusto, un poco borracho, pero contento de no tener que discutir. Se lamenta de haber sonreído por estar solo. Un poco más adelante ve las luces encendidas de un coche patrulla de picoletos. Arrancado, con las puertas abiertas y dos agentes encañonando a Rafa sobre el capó de su destartalado coche de buscavidas. Luis reconoce a sus agresores veinte años atrás, son escoria, gente sin alma, uniformados abusando del poder que representan. Se monta en el coche, y con el mismo nerviosismo que tuvo aquella primera noche en la playa, enciende las largas. Los agentes miran y uno le apunta. Luis quiere creer que lo reconocen cuando los atropella con toda la ira que lleva acumulada en su alma de pescador.

Llorando, y habiéndose meado encima, Luis mira a través del cristal hecho añicos. Rafa se aproxima corriendo con dificultad.

_ ¡Bámonô, Luîh, por lo que mâh quierâ, o êttamô muertô! _ exclama.

Luis entiende en ese momento toda la grandeza de su vida. Delante del mejor amigo que hombre pueda tener, exhorta:

_ ¡No, Rafa, muertô êttán eyô, noçotrô tenemô êpperança!

Publicado en Esmeraldas

Esme

Donde la eternidad

nos acaricie,

donde hasta la desnudez

sea un adjetivo redundante,

donde

los dónde se guarden

donde las arpas mudas,

donde mis ojos sean niñez

en tus amaneceres,

unos sanlúcares de cal

y primavera

abrazada al existir,

detendrán al tiempo y la muerte.

El cielo sabrá a verde,

verde pandemia

esmeralda cual perenne

calma del Guadalquivir.

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Ya de mar…

Ya de mar mis pies

en ebullición colérica,

tormento de los por ahogar,

zozobra de los destinos rectos,

fuerza demoníaca

que arrastre las mazmorras

de la moral y sus hijastros.

Mis bocas ya de mar, todas,

el lenguaje del horror,

el esperanto que hasta a la muerte

asusta,

el aliento de los volcanes,

los no escrúpulos del terremoto,

los incisivos de las tormentas

irracionales.

Ya de mar mis brazos, silenciosos,

susceptibles de martillear

los sueños de las estrellas,

de ser ramas de los inviernos,

montañas de la ira amanecida.

Un mar ya absoluto, gris homogéneo

en la pulcritud de lo susceptible

de suceder, del devenir dubitativo,

de las máscaras arrancadas

a cada acto en potencia…

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Agazapados presentes

El futuro está 

libre de impuestos y resacas.

Vivo rezando a esa utopía 

de fronteras tímidas, siniestra

biblia, ejército vestido de alba.

El futuro es como los adioses

olvidados, trenes que llegan tarde.

Llego a ninguna parte 

con los años abiertos de piernas:

pasaporte caducado, voces

del presente insultando, la guerra

indiferente, la alegría 

en el bando de los otros. 

El futuro está esperando

a mis agazapados presentes.

Publicado en Esmeraldas

Huesudas manos

Vigilan las iglesias,

con la soberbia anquilosada de las monarquías.

La piedra amarillea el recuerdo;

unas niñas que serán mujeres

en las siestas del verano,

gritan su niñez, inocencias

de estuario. Las calles

fantasmales del invierno, cuyo

murmullo es ajusticiado

por la Sanlúcar inmisericorde,

silba a los barcos pesqueros.

En la calle Ancha rugen los comercios,

mujeres en flor queriendo ser primaveras,

aprendices de hombres noche

pasean su olor a acantilado,

feministas exultantes arrancan

los bigotes al sistema, una anciana

de ninguna parte mendiga

las monedas a judas invisibles.

El mar tatúa las almas mozárabes

de tangos preñados de luz.

Músicos callejeros mantienen

el compás hasta que la piedra duerme.

Sanlúcares de niñez salobre

traen sus huesudas manos

a mecer doñanas que acechaban

vigilantes.

Publicado en Esmeraldas

La piedra llamando

La piedra llamando musculosa,

arropada de mediodía.

Acechan parásitos vientos

en la gula de Historia moribunda.

Sanlúcar habla estentórea; el eco

de la tragedia flamenca se enraíza

en la cal

donde habitan fantasmas.

Unos guardianes del mar

suben con ojos tormenta. Huelen

las primaveras que bostezan

con sus manos salitres.

Noche presagia una gaviota,

y los pescaores del versículo

humilde asienten, con el saber

que nadie atrapó en los libros.

Atardece la piedra un sol lánguido;

las ramas de andaluces nómadas,

se sienten libres esclavizados

a los océanos inmortales.

Publicado en Esmeraldas

El Color que se derrama


Este Guadalquivir de párpados 

cerrados, entregado 

a reencarnarse en risa única

de críos. Bautizados de inocencia

en el juego de la vida, cae la tarde 

en sanlúcares tan blancos

como el Color que se derrama,

solsticios de la vida entrando

en la edad de las tragedias.

Unos barcos vienen desde donde

el tiempo no existe. En la Sevilla 

de los azahares que desnudan 

la magia, contarán  olvidos,

otras derrotas.

Saludamos a nuestros yoes 

de ayeres repetidos. Presagiamos 

la muerte del sol. 

El Guadalquivir  nos cierra los párpados.

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Adiós…

Adiós a las gaviotas de incógnito,

al Guadalquivir en su orgasmo

atlántico;

adiós al cielo que me hizo ángel,

adiós

al mar que se abre de piernas.

Adiós a los sanlúcares

empedrados de ataúdes,

adiós a los caciques que me soñaron

culpable de nacimiento, adiós

al salitre de los versos puros,

adiós a las barcas

donde me llamaba la muerte.

Adiós…