Publicado en Poemas

Adiós…

Adiós a las gaviotas de incógnito,

al Guadalquivir en su orgasmo

atlántico;

adiós al cielo que me hizo ángel,

adiós

al mar que se abre de piernas.

Adiós a los sanlúcares

empedrados de ataúdes,

adiós a los caciques que me soñaron

culpable de nacimiento, adiós

al salitre de los versos puros,

adiós a las barcas

donde me llamaba la muerte.

Adiós…

Anuncios
Publicado en Bienvenida a las armas

Fran Molero

Donde los hombres cantan acompañados del volar de los jilgueros,

la tragedia de las albas muy bernardas pare el fátum de cuchillos insondables.

Un hombre armado de piel árabe contempla el sueño arrodillado ante el tiempo

de miseria, y levanta instintivo el puño en alto, el mar respira; baila
la danza de los nadies,

la esperanza en un hatillo, bolsillos con el sol donde habitaban salmos.

En el útero de la patria suicidada,
la noche a dentadas levantó muros y oradores

de verso envenenado, cadencias
de la mentira, sinfonías que solo aplauden los amos.

Y un Fran erguido, de malagueño salitre embadurnado, asfalta al destino de canciones

que el gospel flamenco iba a parir. Se rodea el corazón de la alimaña concebida

de la mugre y los espejismos entronados, la esperanza cual antídoto de nieblas

lapa. Un grito adormecido expulsa sus legañas y el temblor que huele a vida,

de nuevo, convierte a los hombres en jilgueros, se crea la madre eterna

cuyos pechos amamanten bocas tapiadas. Fran se hace mar, y aire y serranía de linces.

Llega el fuego. Llega el buitre encorbatado. Llega el martillo sin yunque, ensangrentada

toga fusila con el verbo. Fran se queda sin hatillo. Fran es enjaulado con límites

armados de vendaval y afonía. Fran no existe. Fran no tiene puño, es melodía silenciada…

Publicado en Poemas

Lola “La Corneta”

El pasillo de las brasas, azuzando

la niñez de alfombra voladora,

me llevan a la puerta macilenta,

celeste andaluz cielo

de Lola “La Corneta”. Pedro

me espera para explorar los mundos

de la infancia, diluvios de risa

por el verano exuberante

en sillas de near. Panziverdes

mecidos por la noche que vigila

nos contemplan recogedores

de grillos, botánicos absortos

con el reloj parado en la inocencia.

Se repiten esos sábados

de onzas de Curro Jiménez y pan,

engullimos felices como

la edad adulta nos engulle,

frente a la partitura de las notas justas,

los acordes mayores que aún Paqui sabía;

Valle que hace de princesa

en algún juego de luciérnaga tarde,

la pelota hinchada apenas,

implorando atención. Lola

que ríe con el compás armonizado

de críos de ojos puros.

Me desvanezco con el olor

a siesta y el gol que Pedro

me dejaba marcar. Joaquín

y José, Pili, Loli…

Me despido y me saludan

con el hasta luego de gente

que sabe ser cosmos.

Publicado en Esmeraldas

Serpentinas

Aprendo a cubrir del color esmeralda

las fiestas

de no cumpleaños.

Me reencarno en luna imberbe

sobre tu piel cielo,

estrellado con utopías por zurcir,

con sanlúcares reflejados en el blanco,

arco iris de nuestra fisión.

Exploraremos en serpentinas,

en vuelos de gaviotas, en mirar

de linces, en vida

reencarnada de vida.

Bajaremos a dar de beber

al Guadalquivir, derramándonos

desde el sueño de las manos

que se tocan.

Publicado en Poemas

El Cuartillo

Los partidos de “El Cuartillo”

con “Elio” y Pedro ” el de la Corneta”

eran la niñez en chocolate

y rodillas acolchadas de inocencia.

Hasta la hora de clase

un estadio entero aplaudía las gestas

en el campo sembrado de piedras taciturnas.

Alguna niña se apuntaba con sus coletas 

y manitas menudas. Jugábamos 

empachados de risas, con el cielo más azul

y las caries de la vida adulta adormecidas.

Algún verso latente se me escapó 

al entonces amor de mis vidas en pantalón corto.

Gritaba alguna madre la hora de cambiar al nosotros

escolar; entre

el campo que observaba peinando

la infancia con monstruos y brujos

de un ojo solo, algunas cabras cruzaban,

mirándonos cómplices. Soñaba 

con colar el gol absoluto,

ser Ulises 31, también Enid Blyton

y que Georgina me diera las gracias

por llamarle George.

Algún perro ladraba todo el rato por la muerte

de un vecino. Unas latas volaban

alrededor de los fantasmas

que nos acariciaban…

Publicado en Poemas

Benamahoma

Monólogo de granizos en seis

por ocho. Sobre los pechos

de Benamahoma,

unos lugareños

ocultan sus ramas. 

El verdor almohade se preña

de sonoras corcheas.

¡Soy agua de repente,

tan madre tierra, 

tan quietud en pleitesía

a los designios de las calles

por las que bajo moribundo!

Publicado en Poemas

Partes de mi cuerpo milenario

Esta piel erizada

en verdes cosmogónicos;

mi esperma, mis ovarios

de auroras maternales. Antes del Tiempo

la maleza humana, el cáncer

de la civilización y sus caries

expulsadas del alma de la tierra.

Carreteras en zigzag cuales errantes
destinos

al capricho de águilas almanzoras,

la sexualidad despertada.

Por el horizonte nos vigila el naufragio, más allá 

de las peñas, de los sarpullidos

morados y amarillos, del agua que muere

a la mortalidad, de las sombras

del progreso de la bala perfecta.

Hombres vomitados por Bukowski

vigilan

estas partes de mi cuerpo milenario.

Publicado en Esmeraldas

Tú regazo

Con absoluto nudillo de universo

llamas 

a mis ausentes vidas.

Tu regazo en todos los intentos 

de primavera. Vuelvo a las hadas

de la niñez. Me acaricias

con el viento tenue, el alba

envuelto en tu ausencia tímida,

los pétalos en fragancia de tu aliento.

Mi niñez y tu regazo.

El Guadalquivir y su abrazo.

Sanlúcares en los ojos raudos,

Esmeraldas armonizando…

Publicado en Poemas

Plaza de la niñez

Me he sentado 

en el regazo de mis recuerdos.

A veces

demasiado aterciopelados del no usar,

otras empolvados bajo el yugo sin escrúpulos

del tiempo incólume y manco.

Me he sentado con la invisibilidad

de mi edad adulta, en la plaza

del ayuntamiento taciturno, los quioscos

asomados a cazar infancias,

los naranjos adormecidos

vestidos de primavera protectora. En “La Parrala”

goles de Butrageño, humo de cigarros

ochenteros, niños a la piola 

contra el muro blanquecino del mercado de abastos,

fútbol de naranjas con Aguadulce 

como césped. El reloj de la plaza tardaría aún

en medir el crescendo de la tarde de domingos.

Mi yo niño me mira unos segundos; 

se funde luego en el rojo y blanco

de las lozas del pueblo.

En el reflejo del anochecer

no encuentro aliado: soy el fantasma,

la nota discordante en la armonía.

Vivíamos en sueños de pajarillos

cantores, con los ojos llenos aún

de casas caleadas. Me despide

el pasado. Marcho con los pies

hablantes

y mi ser revestido de inmortalidad…

Publicado en Esmeraldas

Se reencarna

La tormenta se reencarna, sí,

pero desde el Big Bang envidiado por el Ser

en que vivimos, nos quedan restos

de cielo limpio.

Han dejado de invernar los sanlúcares

en movimiento que nos observan.

Y nos regalan sus ojos.

¡Acicalémosnos con la fragancia

de los pajarillos en quintas justas,

vistamos el horizonte de color verde,

muramos al vigilar del aguacero

y su azufre sangrante

sobre la vejez de los guadalquivires!

Quizás el tiempo nos golpee 

con arrugas en el yo dual,

mas es amor disfrazarlas

de maravilla…