Publicado en Poemas

Noviembre

A las puertas

de la Inmensidad,

unas manos octogenarias

reconocen

a sus yoes ahogados;

la Verdad con túnica

les miente.

Un río invisible

acepta barcas parásitas.

La noche duerme

con la muerte pensativa.

En la ciudad, la piedra

muestra golpes de la lluvia.

Un silencio de hombres secos

retumba

en las entrañas de Dios…

Publicado en Naima

What’s time is it?

“What time is it, dad?”

“Hora de nacerte, Naima.”

Tan fácil

como asomarme

a mis primaveras aletargadas.

Publicado en Naima

Mis guerras

Nos han hecho estridencia,

Naima,

y los pájaros cantan fúnebres

cuando el arco iris

nos ignora.

Nadie sabe que mi venganza

es un agujero negro

donde mis manos

arrojan pasados y decrépitas

sonrisas cínicas.

Sigue durmiendo, suavidad

de mis instintos,

te despertaré

al volver de mis guerras.

Publicado en Poemas

La vida que hace burla

Unos grillos músicos

ensayan sus negras notas,

vertiginosas. Algún coche

pide auxilio. Romas

narices compiten; noche

de vecindario obrero dormido.

La vida que hace burla,

europeas damas con burka

en la entrepierna. Las farolas

invernan

al desperezar de la aurora.

Una muerte en cada esquina.

Solitarios borrachuzos

sin tempo, recuerdan risas

en alto. Los duros

bancos de avenidas huérfanas,

contemplan la no prisa

y la soledad hambrienta.

La vida que hace burla,

la ciudad que impone curas

a los poemas. Lobos

con nombre propio,

sedientos, células del cosmos.

Publicado en Poemas

Canción de cuando no te quiero

Nos echaron de mil paraísos,
también de infiernos y bibliotecas,
del sabor a deseo y de armisticios,
del robo del siglo y las hipotecas.
Nos echaron del echar de menos,
de las h del echar con subterfugio,
de la melancolía y la adversidad del pero,
de la sonrisa pvc y felicidad de lujo.

Cuando estoy en modo on
y abrigo esta redención,
se pasan los “no te quiero”,
y crecen pájaros al vuelo.

Nos echaron de la hégira,
de los huracanes y el fumar,
del panal de abejas reinas,
de inundaciones del amar.
Nos echamos siestas roncas,
felicidad muda derramada,
de la mar planchamos olas,
fuimos sueño y almohadas.

Cuando en alerta por lluvias
avanzo entre diluvios varios,
ahogándome en la cordura
del nacer grises del ambos.

Canción de cuando no te quiero,
querer tener que querer
queriendo querer el ser 
que erupciona de lo eterno.

Publicado en Naima

Ocho de siempre

Ocho de siempre

en el tiempo que respiro;

sonriendo contra la sombra invencible,

el arma letal

de tu niñez, luz que llena

de ojos mis espaldas,

me nazco de mis manos semillas,

me creo en nueve años

de caos ordenado, de aventuras

que vieron tus ojos de niñez,

Naima,

de los big bangs en la mirada.

Nueve años

con las pesadillas en paños menores,

con los allegro acentuados

de primaveral jazz.

Nueve reencarnaciones azules,

hacia tu yo futuro,

cuando yo sea ya viento

y tú el eco de mi silbar de padre

en hambre de tu abrazo…

Publicado en Naima

Inventando el color

Estaré en alguna estrella fugaz
con vistas al roncar de Dios, Naima,
para cuando te crezcan,
silenciosa y temerosa ante el temblar 
de la tormenta. Estaré 
con la capa de invisible, 
con arrugas en el mirar
y el lumbago aún por las espaldas
que el tiempo asesina porque sí.
Estaré inventando el color
en cada arco iris 
en que te acuerdes de mí, 
en cada asesinato de algún alba,
en cada adiós
que te ampute un abrazo.

Publicado en Poemas

Me amanece

Me amanece la cizaña

de la gente en erupción.

Los ladridos del vecino,

regañando a los árboles

en alopecia otoñal,

los perros declamando

odas a lo ingenuo, me resucitan.

Me amanece la cizaña,

habita en el vacío círculo

de mi yo aparcando,

de mi yo muriendo

en las penumbras de la tarde

fósil. Me amanece la noche,

y ahí ya me rindo a los infiernos:

conocen al Dios

del que me río cuando

se olvida de señalarme los caminos

menos iluminados por Su sombra.

Publicado en Esmeraldas

Esme

Donde la eternidad

nos acaricie,

donde hasta la desnudez

sea un adjetivo redundante,

donde

los dónde se guarden

donde las arpas mudas,

donde mis ojos sean niñez

en tus amaneceres,

unos sanlúcares de cal

y primavera

abrazada al existir,

detendrán al tiempo y la muerte.

El cielo sabrá a verde,

verde pandemia

esmeralda cual perenne

calma del Guadalquivir.

Publicado en Escritos

La droguería

Lucas siempre cierra la droguería más tarde de lo habitual. Se queda haciendo caja, colocando productos nuevos, dicen que pegándose un par de lingotazos a palo seco, y que de ahí viene su hablar casi cansino e ininteligible.
Todos le achacan en la aldea que curra para que sus sobrinos dilapiden sus ahorros en cuanto Lucas cierre los ojos. Él refunfuña y dice que no es para tanto, pero en el fondo maldice no haber tenido hijos. Se acuerda entonces de Mercedes, que murió de tuberculosis a los seis meses de novios y se pone triste.

Es noche de lluvia entre semana, no hay un solo alma por las calles, desiertas a excepción del incesante tintinear de las gotas escupidas por las canales. Lucas observa que de repente, hay un extraño acercándose hacia su establecimiento. Lucas ya es mayor para asustarse de nada y sale al encuentro de la empapada figura.

  • ¡Hola, está cerrado ya!- musita – Pero no es usted de por aquí,¿verdad? Dígame en qué puedo servirle de ayuda.

El extraño viste un chubasquero oscuro. Se quita la capucha y resulta ser una mujer joven. Hay poca luz y Lucas no lleva gafas.

  • He venido al fin por ti, Lucas. – La voz habla pausada, sin tiempos ni sobresaltos terrenales.- Tardé mucho en aprender a volver, pero eso ya no va a importar.

En el tiempo de los hombres, Lucas requiere diez minutos en recordar el timbre de Mercedes, con la misma jovialidad y alegría que cincuenta y siete años antes. La fantasmal figura dispara en el corazón del anciano que cae instantáneamente sobre las baldosas macilentas y frías como la muerte que soportan.

El mundo de los vivos se preguntará mañana por qué no había evidencias de sufrimiento alguno en el cuerpo de Lucas. Nadie vio, a través de las ventanas del pueblo, que el amor se acercaba silencioso.