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Pelotón

Aquí,

a los vapuleados y bastantes años

sigo,

frente a mi pelotón de fusilamiento

privado. Ya me tutean

los niños soldados disfrazados

de hombres fieros.

Se mofan de mi verso flojo.

Se les encasquillan los rifles aposta

para ver

cómo pasa el amor de largo,

sin saludarme nunca.

A veces,

los crepúsculos visitan

trayendo fotos con tu voz,

ya inventada,

en sinfonías de universos

que me abrazan

en los sueños paralelos.

También alguna vez,

creo que se apiada la esperanza

y lanza

destellos de que existes

allí,

y me entran unas ganas cuerdas

de no acudir a diario

con mi imberbe

pelotón de aturdimientos.

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Lluvias

La arena orgullosa ocultándose.

En sus granos húmedos

de las lluvias del octubre en el salón,

hay un rictus de desprecio

y envidia a los clavados en la cruz

del día a día, de los atascos de los te amo,

de la indiferencia de los pelos en la tostada,

de los versos ladeados hacia abajo,

dedicados al deseo de la vecina de arriba.

Las misericordias en huelga,

la TV haciendo lavados de conciencia.

Tú, abierta a la luz,

y yo, viento arremolinado

en tus recuerdos acodados,

en el estudio

del cuadro donde atrapamos

al amor mudando de piel.

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Mi casa cerrada

Mi casa cerrada

a cal y canto

a la poesía,

conmigo dentro,

despedazado

por bibliotecas borgesianas

en que buscar

la ecuación del desamor.

Cortázar soy

en el saxofón

del paroxismo

de las cacofonías,

armónicos de mis desdichas

empolvadas

como los libros

cerrados en muerte.

El corazón arrítmico

enfermo

sobre el diván

de las sombras.

Llaman

desde el universo paralelo;

invisible me hago

a los vendavales

de versos vacíos.

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Nos vistieron

Inventamos el amor puro,

y el absurdo nos envidió

enviando mares en tormenta

plagados

de besos ahogándose.

Inventamos el deseo desnudo

en nuestros cuerpecitos

rebozados en acuarelas

de color azúcar y marioneta.

Nos arrancaron los abrazos.

Nos borraron los rostros ya borrados.

Nos amputaron la voz.

Nos vistieron.

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Yo seré…

Yo seré, si quieres,

todos los sitios sin rumbo;

casi todos los inviernos

que llevas en el bolso,

casi ninguno de los anocheceres

de peaje.

Yo, seré, si quieres,

el ser y el querer agazapados

en el auxilio de las fábulas

que hieran;

casi príncipe de arpa adormilada

en el calor de tus veranos espontáneos,

casi lacayo en florecida libido

en los versos de tu cuerpo.

Yo seré, si quieres,

el ser que quieras ser

queriendo ser querida;

yo seré querido siendo

ser que quiera

ser queriendo.

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La inspiración para inventarte

La inspiración para inventarte

mundos donde acechar

al amor, tan esquivo,

es un blues en Re abierto,

doliente y de piedra,

sexual, lleno de abriles

y versos bisiestos.

La inspiración para inventarte

sale de consagraciones

a primaveras que se sentían

vetustas

y excesivamente maquilladas.

La inspiración para inventarte

radica en que me inventes tú,

enorme como tu universo

atrapado en tu voz,

de los inviernos que también

florecen.

La inspiración llega,

arrinconando al amor

en nuestras trampas

de esperanza.