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Achicando

Ha pedido clemencia el verdugo,

ha celebrado el fin de la guerra

el niño huérfano, el infierno

que se apagó el fuego, el cielo

que abandonó el cargo Dios.

Yo he pedido que te acuerdes

de dejar las estrellas de día,

seguir siendo musa con manchas

en los versos que me escribas,

celebrar los finales como intermedios

y la alopecia como símbolo de años

cambiando en el retrato, contigo

dándome palmadas en el alma.

Eres la poetisa que resuelve

el Simposio, Platón guiñándome

ambos ojos, el pedir celebrar

el amor cortés porque cortés

es el amor que desborda

el barco de poemas; achicando

quedamos hasta encontrarnos

desnudos hasta la pasión

de encontrarnos.

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Partidos

Estos mediodías partidos en hacerte

mundo o bien matarte a ninguneos,

saben a verso insípido, con las rimas

a trompicones, balbuceos de fáciles

encalbagamientos abruptísimos

y tan rudos como prosa ruidosa.

En realidad te quiero con el egoísmo

de no entender más perspectivas

que tu ser respirándome los ojos,

oliendo lo circundante con mis manos

de mago. Es injusto, como la naturaleza

de las focas que no pueden abrazarse,

como que tapen al sol las tormentas

la belleza de los rayos, como que tú

mueras en el futuro de los sitios

donde nos pensamos para siempre.

Seguramente me sepulten los verbos

y su inmarcialidad cuando te sienta

en los poemas, torciendo hacia arriba

como la gente feliz, los renglones

de mis prohibidos colores de ti.

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Mi realidad

Me llama la realidad a voces ya;

me quiere andante, como los caballeros,

no entiende que renunciara por vivirte

en flashes endulzados de mis perspectivas.

No me importa estar muerto, también

te respiro aquí, donde las multas

no traerán intereses, ni nadie pone nota;

La inmortalidad consistía en atraparte

en la memoria y atravesar los mundos

con tu fantasma. Ayudo incluso

con las cadenas que arrastras,

te sujeto el vestido al atrevesar los mares

muertos o desmayados, los cielos

los maquillo a tu paso contigo cual modelo

de amanecer jovial y trinos de tu mirada,

y sabes que a cambio, solo pido

cerrarme a cal y llanto y que seas real

en el mundo de mi realidad soñándote.

 

Foto de szfphy

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Sin lados

Llegamos al fin donde no había fin,

al amor sin límites de amaneceres

diarios, al ser sin mirar en lo andado,

al uno como infinito de placeres

en el atardecer de las guerras del ti

y del mí, superado, espejo y caos

donde aprender a matar lo feliz

pues no es necesario, y quedamos

aquí, donde no será distinto del allí,

arropados por la eternidad sin lados…

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Moho

Al final nos atragantamos de fin.
Le salió moho a nuestro paraíso;
me negué a que surgieras más de mi costilla.
Derribaron nuestras vidas de ensueño
las excavadoras de la realidad con colmillos.
Te acertaron con vestidos de su prosa maloliente
mientras reunía el rescate que te devolviera salva y mía,
mía a pesar de las heridas del desconcierto.
Locos entre los muros de la distancia,
arrancando el suelo en busca de la tierra del tiempo;
sembramos la mala hierba y la abonamos
con interrogantes furtivos.
Al final nos atragantamos de fin.
Compramos las coronas de espinos de las caras,
porque ya llegaba el antídoto a amar hasta el empacho.
Y uno de los dos gritó al ser clavado por el miedo,
y quizá el otro no, para estreñir las lágrimas.
Y luego, ¿qué más da? Un resucitar de nuevo, muertos
mofándonos de si la cruz era carcomida
o de plástico, ocultando respuestas a la inmortalidad
compartida, embalsamados en el cruce de caminos
hacia un cielo moribundo
o a un averno de inmensidades en susurros.
Al final nos atragantamos del fin
arruinando los atardeceres con colores chillones
de ciudades asesinas arrinconadas, que creíamos superadas.
Nos matamos quemando este poemario.

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Mis manos

Mis manos son la noche que te borre el nombre,

que saquen de ti la mujer, más allá de la piel,

el viento en los cabellos, el goze del yo hombre,

la locura de las camas, el sabor de tu miel.

Mis manos son las llaves del tú al mundo,

que desnude la consciencia, cincel en mis ojos,

tu mujer floreciendo, espejos tartamudos,

perspectivas de mi tacto, unión de mis rotos.

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Viniste

Viniste como siempre, con los versículos

en buena nueva, con las rosas sin espinas,

a horcajadas sobre la existencia

conmigo, ser-en-espera, a cabalgar

con ambos haciendo real el infinito,

en rima asonante que rauda,

dé el aviso a los destinos

que nos venden las apuestas

por llegar.

Viniste desde el nunca, armada de la pluma

de sentidos extasiados; la savia de auroras

a iluminar en los límites del tiempo, materia

a conquistar desde el amor que yerra

y al morir se hace más polvo reencarnado

en memoria del no espacio, tierra

perdida en el lamento

del tener que caminar

sin tus caderas.

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Poco hecho

Soy de verso poco hecho,

me gusta el sabor de la verdad,

tan cruda como la desnudez

y la muerte que parasita sin aviso.

Ahora que sé que naciste

de algún árbol del destino,

recolecto la cosecha buscándote,

fruto y semilla del árbol

en que reencarnarme en ti, uno

al fin, con los poemas polen

de tu enjambre de asonancias

fuertes, mirando de frente

al sol de las batallas por luchar

como vanguardia de ti, mi verbo.