Publicado en Bienvenida a las armas

Finjo

Finjo,

no ver a mi fantasma y su hedor

a mí,

aunque le deba esencia y algún entuerto

resuelto en tablas.

Hay un silencio contagioso

de rayas sobre el principio

del antídoto, un yo que no se vendió

al comodín de la inmortalidad

a plazos, un aderezado hombre

de moda y aceites contemporáneos.

Finjo, apenas en mi funambulista

existir a veces, el no Dios,

el no a todo argumento empírico

por esdrújulo y amoral, a la manera

decimonónica que inunda el onanismo

hispano y el más allá. A veces me peo,

consciente y cartesiano, en los calzones

de los establecido, donde el humus

de mi primario acto,

arreciar sustente la maleza por devenir.

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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