Publicado en Bienvenida a las armas

James Dean

La velocidad de James Dean

en el salón de tu casa,

vendaval de amargor feliz

y luego la cárcel de nada.

La quietud del guepardo

al acecho, carne de hada

en pupilas de diablo,

mandíbulas armadas.

Nariz huracán, primavera

en la noche, secuestro

del rebelde libre de sendas,

el adjetivo que faltó al no sueño.

Al Este del Edén, rumiante

del día en últimos adioses,

compás huérfano de amante,

piratas morreando a la noche.

¡Tan gigante jungla tartamuda,

que el mar busca en la fosa

del silencio! La risa desnuda

su artificio, amanecer que solloza…

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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