Publicado en Bienvenida a las armas

Diario de guerra

Mi pesadilla come saludable por mí

en la cocina

de los pescadores de colesterol

y poss-it con versos tachados.

Levito mis andanzas

hasta el salón-confesionario luego,

no sea que despierte la ligerilla

de mi pareja en día impar y bisiesto.

Mi pesadilla tiene menstruación

y cambios de humor futboleros.

Denuncia al vecino del perrito cabroncete

a las autoridades, lanza

en Twitter artillería no ortográfica

y se parapeta en la esperanza

o en versículos de visión 3D.

Ligerilla es el ojo que cierra

los viernes noche,

pero vigila por si viene la muerte

mientras añoramos

algo de cuando en los dientes

nos crecía fruta más tarde prohibida.

El mundo es algo que hay tras

el quicio, con olas de atrezzo

y luces de neón que apestan

a naftalina y rock de cuarto

de baño con visillos.

Pesadilla y Ligerilla

esperan desde hace días

a un invitado que no usa goma,

y, so far,

nos deja tirados

en el que pensamos último día

del diario de guerra.

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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