Publicado en Bienvenida a las armas

Quijotesco


Digamos que soy quijotesco

en el verbo y el facer,

que me voy de parranda con gigantes

hasta que cierren las calles

y la inmoralidad se asuste. Digamos

que maldigo a los que encarcelan

los sueños y entierran a los obreros

y a los pícaros. Digamos

que los mancos deshacen los enigmas

y los nudos de la historia enrevesada.

Digamos que los unicornios

no tienen pasaporte y los deportamos

a la oscuridad de los adultos.

Digamos que somos asesinos

sin necesidad de espejos cóncavos.

Digamos que divagar oculta el asesinato.

Digamos que somos dioses de barro.

Digamos que llegará el día en que nos estrellen contra el suelo.

Digamos radical a quien imite

a Max Estrella. Digamos sociata

a quien vista camiseta molona,

y rejuvenezca a los podridos muertos

y escuche indie pop.

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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