Publicado en Poemas

Almas tendidas


Ella quería saber si Pi

era tan infinito como dicen.

Él escribía lo que dejaba el corrector.

Se amaron con la soledad

de los perros sin olfato.

Él era listo porque lo decía el rugir

de motor de las revistas. Ella

era tan guapa como la pubertad

de los poemas malos.

Una redada. Un chivatazo. Algo que sacar

en los noticieros. Él se acuerda 

a veces de que tocó la primavera. 

Ella se casó con un aspirante a todo,

que a veces le escribe poemas, 

con rima y metáforas robadas

a sabinos cansautores.

Sus almas se quedaron tendidas

en algún lugar al sur de las puestas de sol.

Se secaron y se murieron como la verdad

en las historias demasiado felices.

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Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

2 comentarios sobre “Almas tendidas

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