Publicado en Escritos

Enfrente de Dios


Miraba con ojos nerviosos a través del traje el humano. Sus movimientos torpes debido a la presión atmosférica de aquel planeta árido debían ser visto con comicidad por el imponente alienígena al que aún no había descubierto órganos de visión. Tan taciturno era aquella masa viscosa en su movilidad que lo sospechó desposeído de atributos como la risa o el llanto. Incluso, en un alarde de temeridad, supuso que no concebía a ningún ser humano como más allá de una insignificancia poco atractiva.
Sin apenas movimiento, el encuentro se alargaba con una eternidad soporífera para el cosmonauta. La masa hizo un giro inesperado y de alguna manera, activó un artefacto que parecía traducir los mensajes monosílabicos que se intercambiaban por gestos el humano y de pensamiento la masa en sí. 
– Mi nave me espera fuera de la atmósfera- amenazaba creyéndose protegido por su escafandra, a pesar del terror de su rostro.
El otro permaneció en el silencio que aparentaba ser normal en su relación circundante, transmitida cerebralmente acorde a los parámetros terrestres. El artefacto emitió una aproximación al inglés propia de lengua criolla:
– Llevar muerto un milenio. – entendió en la traducción-  También todos los demás. Tu cerebro recoge el adoctrinamiento que necesitar mi especie para acabar con tu planeta.  
El humano no entendía como aquello aparentaba ser tan real sí estaba muerto. Aunque, claro, jamás había estado muerto anteriormente ni sabía cuáles eran las sensaciones. En aquel preciso momento inmedible, fuera de la dimensión que pensaba real y no era, comprendió que siempre había sido así su no vida, un cerebro pequeño al que adoctrinarían diferentes amos hasta esta especie de prisión sin tiempos ni espacios reales, más allá de lo que permitían creer a su imaginación esclavizada.
Desechó por necia la idea de escapar o atacar a aquella masa informe. Quizás era aquello la misma sensación de estar enfrente de Dios…

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Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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