Publicado en Poemas

Aragón, Juan Carlos


Estabas

en el Paraíso de plata, piquete

en el desahucio del Árbol,

y vinieron sus huestes

a cortarlo 

con sus trucos y sus trajes

sin memoria, ni gaditana

hambre

de ser siendo voz del alba.

Acurrucaste

a la serpiente, que era obrera

como todos los diablos

que hacen versos y su hado

es la ribera

llamando al grito.

Tú sí abriste el mar y al destino

le vendiste los dados 

para que el poema fuera el abrazo

de la garganta tartessa,

el compás de lo eterno,

la fragua de la guerra

contra el amo y su ferro

sin párpados y sí mordaza

que prohíba la mañana.

¡Espéranos en el destierro,

tómate un carnaval o dos,

ponte cómodo y pide a Dios

el libro de reclamaciones,

ve mirando en el índice 

las nacientes canciones

que engañen al príncipe

de las tinieblas!

Hay niebla

en Cádiz desde que el disfraz

de hombre bueno

se quedó chico y el carnaval

a la muerte le cogió celos.

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Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

6 comentarios sobre “Aragón, Juan Carlos

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