Publicado en Escritos

Clonados


Cuando todos cayeron dormidos tras 75 horas de combates , Jacques tuvo la mala suerte de tener el primer turno de guardia. Se atusó absurdamente el bigote y demostrose poca habilidad liando un cigarrillo tan escuálido como todo en aquella trinchera. 

No recordaba bien cómo era su vida de campesino allá por el sur, casi en la línea fronteriza. Pareciera a veces que había nacido con la casaca y los pies hundidos en el barro. Ni siquiera afrontaba con desesperación tener que echar de menos a su esposa y algún hijo delgado como su esperanza.

En la noche cerrada de aquel infierno solo había sordidez y ratas. Asomó su hirsuta cabeza y creyó divisar una luz en medio de la muerte. No daba crédito a tanta torpeza por parte enemiga y prefirió pensarlo una alucinación más de aquella fantasmagórica vida que le tocó en suerte.

El próximo vistazo que dedicara le llevaría a la oscuridad y a preguntarse acerca del porqué de aquella luminosidad casi religiosa hacia unos minutos . 

Presto seguiría a observar algún vestigio cuando divisó difusamente a un alemán deambulando a tientas. Totalmente ajeno a los peligros de la batalla, casi como venido de otra dimensión, pero con las inclemencias reflejadas en sus ropas, hacían sospechar que se había vuelto loco a causa del sufrir por el Káiser.

Jacques sintió compasión no sin antes advertir que no se trataba de algún truco para tomarlos por sorpresa. El alemán no daba síntomas de saber bien dónde se encontraba, y el francés salió a su encuentro ajeno a todas las consecuencias y sin darle mayor importancia a tan temeraria estupidez.

Unos metros más allá viose junto al soldado del ejército enemigo y se cruzaron miradas de sorpresa. Justo en ese preciso instante en que Jacques descubría la simetría de su clon en el soldado Otto, incluido el ridículo bigote y las mismas manchas de sangre en la chaqueta, éste, en su puesto de vigilancia de la parte germana, descubría al soldado Jacques deambulando perdido, descubriendo sorprendidos que ambos bandos tenían los mismos soldados clonados pues Dios se había cansado de crear vidas inéditas para tener que luego verlas morir. 

Los historiadores se sorprenderían décadas después de la similitud de las bajas en todos los ejércitos en contienda. Jacques y Otto murieron a la vez sin tiempo a avisar a sus compañeros compatriotas. Los gobiernos de sendos países siguieron, como hasta ahora, disfrutando del doble destino trágico de la vida repetida en dos cuerpos diferentes…

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Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

6 comentarios sobre “Clonados

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