Publicado en Escritos

Ana y Carlos


Carlos es un payaso que curra en un circo. Esta noche va a actuar en mi pueblo junto a Ana, su mujer, una fantástica trapecista.

Mis amigos y yo estamos viendo cómo montan la carpa en una esplanada. Carlos y Ana tienen un hijo de 8 años, nuestra edad. Se llama Pepe y es muy simpático y buena gente como su papá y mamá. Le digo que me llamo Naima y lo invitamos a jugar al fútbol con nosotros. Mientras, los mayores siguen montando la carpa.

Pepe se sabe muchos chistes y anécdotas del mundo en el que vive. Todos reímos a carcajadas. También es muy ágil y se pone de portero durante el partido.

De pronto, de una fuerte patada al balón, uno de mis colegas lanza la pelota tan fuerte que acaba atrapada en la copa de un árbol.

-¡Tranquilos, amigos! ¡Yo subiré a por ella!- dice Pepe mientras empieza a subir por el tronco hacia la cima.

Cuando va a llegar a la pelota, se cae desde arriba y empieza a gritar de dolor. No sabemos qué hacer y algunos corremos a decírselo a sus papás. Carlos pone cara de preocupación y pena. Vemos a una triste Ana coger su móvil para llamar a una ambulancia. La gente del circo no solamente se ríe y lo pasa bien.

Nosotros al final estamos preocupados y no nos apetece ir a la función de por la noche. Luego nos enteramos que han suspendido la función para acompañar a Pepe al hospital.

Al día siguiente es lunes. Le contamos a nuestra maestra Macarena lo que ha pasado y ella organiza con nuestros papás y mamás para ir a ver a Pepe después de clase. Nos comunican que Pepe está descansando en su caravana tras escayolarle la pierna en el hospital. 

Cuando llega la tarde y entramos en la caravana donde vive, está en su camita despierto, aunque un poco serio porque no se puede mover con su pierna rota. No sabemos muy bien qué decirle para hacerle sonreír.

Pero en el circo todo puede ser magia. Carlos el payaso entra disfrazado y hace su show para Pepe y sus nuevos amiguitos. Cuando acaba todos estamos muertos de risa incluido su hijo. Entonces entra Ana vestida de trapecista y nos deja a todos asombrados con su número de circo. Al final estamos todos muy felices porque Pepe sonríe de nuevo y hemos podido ver parte del espectáculo.

Ojalá todos los niños del mundo pudieran ser felices como nosotros este lunes.

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Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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