Publicado en Esmeraldas, Sin categoría

El mar se empequeñece


Hemos cenado huracanes.

Ya sabes lo indigestos que son

sin condimentar de tu mirar

de venus, con el regazo esperando

mi despertar. Hemos

acabado hasta los últimos vestigios

de guerra, con la metralla

limpiado la compostura y las lunas

qué disfrutaremos en el mañana

fumigado de alimañas y sin embargos.

Todas tus decenas de piernas

corren al encuentro de mi lado bueno.

Tropiezas every now and then

sobre la estupidez de mi traslúcido

mutis arrogante. Necesito

ser la bestia que me nace

sin saber nadar. Tú andas sobre

mi piel, descuartizas lo sobrante,

enjaulas el hedor en el cuarto

del olvido bizco. Somos guapos

al natural. Prohibamos los espejos.

Queramos los sexos vigilantes

de los piropos del otro.

Me has acurrucado en la siesta

con el manto de tu abrazo enorme.

Soy una flor que los soles del verano

no queman. Pódame las escamas

de serpiente de sueños fruncidos.

Somos tan guadalquivires

que el mar se empequeñece.

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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