Publicado en Esmeraldas, Sin categoría

Ojos nuevos


Los diluvios no tienen prisa, ni rostro.

Aparecen desde el Barrio Alto, ahogando

todo lo que miramos con otros ojos

menos ciegos. Nos reconocen,

mas no saludan. Los diluvios

duran vidas enteras, diríase que

se reencarnan sobre la piel del tiempo

y el deseo mal adjetivado.

Somos demasiado poco expertos

para hacer de Noé, nos va más

el tema arca y meter allí a todo Dios.

Luego embellecer el río Grande

con nuestra puesta en escena sin par.

Cuando venga el pájaro con la rama,

haremos como en la realidad

y pondremos cepos a la esperanza.

Las esmeraldas quedarán sepultadas

en el lodo inmisericorde y disonante.

A la espera del verdor de los ojos nuevos.

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

6 comentarios sobre “Ojos nuevos

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