Publicado en Sin categoría, Vacaciones en laguna Estigia

Canto VII: Batalla interruptus.

Cuando se levanta de recoger la moneda caída para el tabaco, al lado está la divinidad. Se observan. Se huelen desde la compostura. Menelao habla en la barra de ese bar de segunda donde vive gente de segunda y donde Paris es el apuesto chaval de los de primera. Pero es un buen tipo. Y drogadicto malsonante entre cocainómanos de alta alcurnia. Fracasado en el laberinto de los libros. Segundón rebelde que se relaciona a base de favores cuasi religiosos con los de peldaños más abajo. Helena lo petrifica, lo lleva al agujero negro que conduce a su universo paralelo y se quedan allí deleitando el saber soberbio de lo inescrutable. Es lo que en las pelis cuando se ponen a mirarse, pues lo mismo. Allí la gente fuma dentro. Paris enciende un cigarrillo que lo devuelva del éxtasis.
Menelao agarra por el cuello a alguien de la barra. Se envalentona con alcohol. Tumulto de gente. Voces, palabrotas. Parafernalia de machotes cabríos arremetiendo medio borrachuzos,parte del ciclo vital. Roce de dedos de diosa sobre labios de niñato en chándal jijopero.

Horas de espera indigestas. Patroclo mira a Aquiles. El gordo ríe leyendo. Fuera ruido de autos presuntuosos. Humo sabor a hachís.
– Algún día quiero ir de vacaciones a un sitio chulo- musita el joven. Al minuto no recuerda haberlo dicho. No obstante sigue- cuando “haiga” pelas, claro…

Aquiles encuentra divertido el contexto.
– Iremos a hincharnos de todo…

La cara de Patroclo reclama la cultura abismal de su héroe para localizar ese paradisíaco Gomorra.
– Existe un sitio donde te haces inmortal…
Calada para transportarse a tan deslumbrante lugar. Equivale a pregunta curiosa.
– Me refiero a la Laguna Estigia, mi madre me llevó allí y me hizo inmortal.Ojos rojizo de porrero. Aquiles ríe en la sutil ironía no apta para barrios supermercados de la Europa nocturna. Patroclo sueña con mujeres de ensueño, desnudas alrededor de su virilidad.

Noche de tormenta. O no. Cruz de luces entrando en fortín simulado de mansión. Coche caro, gente abollada dentro. Tumulto de guardianes que apestan a hampa.

Arriba, corriendo cortinas, Helena acierta a discernir otra noche en la pesadilla. Cansa que el supuesto amor la haga chocar siempre contra las puertas. Menelao ama a lo bestia. Se sabía mueble caro la diosa rubia. Hasta que un día el animal sepultado en coca descubrió la llave a su entrepierna en su fuerza bruta lóbrega. Efectos secundarios de un odio ensimismado en disfraces de codicia. Ruido de pasos acercándose a la escalera. El mensajero anuncia:
– Señora, ¡han malherido a su esposo!
La diosa rubia hace uso de artimañas féminas y coloca en su rostro máscara de preocupación.

Otra mujer asomada a la ventana. Andrómaca vigila desde la torre de marfil a un Héctor en derredor de sí despotricando al Iphone. Sus tetas de goma delatan ansiedad. El no saber cual mujer de otra época la enraíza en su semiesclavitud. El espejo exuberante de luz devuelve una belleza fantasmal.

Hacía mucho que no contemplaba el horizonte. Está limpio. Vacío de nubes. Se siente princesa custodiada bajo llave. Y sabe que jamás saltará al precipicio de enfrentarse a un marido drogadicto y manipulador. Jolgorio de hijo con compañeros de cole privado y criada regañando. La princesa agradece el ruido, asintiendo con la sonrisa de los ojos. Héctor, abajo, se ha esfumado.
Los brazos argénteos de Aquiles, hijo de Tetis, se compenetran hercúleos con el timón de la nave de casi 500 caballos. Los ojos del inmortal irradian un odio inusitado que su pócima agudiza. Atardecer en lontananza mientras recorre el trayecto insuperable desde su barrio de gitanos al fortín de Héctor. La venganza refuerza el placer de acelerar sabiéndose incurso en la muerte de Patroclo. Antes, desde un número desconocido ha cazado al cacique que balbuceaba suplicando. Estás muerto le anuncia al aprendiz de terrateniente. El bip, bip, bip le sirven para oír al coro griego en el capítulo final de tragedia.

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

2 comentarios sobre “Canto VII: Batalla interruptus.

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