Publicado en Fotogramas del vertedero, Sin categoría

A priori


Nos quedaba casi meses para afrontar al señor Kant, aunque una eternidad para entenderlo (o mejor presumir de tan osada empresa) a los que nos quedábamos de vacaciones en la ciudad en los meses del verano casi infierno del sur (vencerá). Nosotros seguíamos contando el número de masturbaciones como proesas propias de dioses olímpicos, que no judeocristianas, y aspirábamos al amor desmedido de cualquier mujer desnuda en nuestras hiperrealistas adolescencias barbilampiñas libre todavía del cainismo propio de tan marianos lares. Sevilla no duerme en verano, está en una duermevela constante de fuego y chicharras que achicharran con su canto monosilábico a los parroquianos. No hay perdón posible ni para béticos ni sevillitas, todos a la espera de los torneos de verano donde reirnos de las goleadas ingeridas por el contrario en una guasa que ya quisieran saber imitar las pelis jolibudenses.

Luego llegó el curso anterior a la universitario mundo donde ya cada cual empezó (dicen) a razonar por sí solo, a analizar en los grandes saberes humanos y no divinos, y a seguir quedando con los colegas a seguir matándonos de alcohol y primeras drogas y primeras amigas serias que nos besaban como en las pelis y a alguno volvía gilipollas del todo. Kant era uno de esos que nadie entendía, ni analizaba pero quedaba bien aquello del “a priori” cuando hablabas delante de tu papá obrero y tu madre esclava limpia escaleras de señoritos andaluces de caballo y Gran Poder que no entendían pero ni preguntaban henchidos de orgullo ante la prueba de que los socialistas habían traido la cultura a las clases pobres. Luego nos poblamos de barba y “a posteriori” de canas, y vimos en perspectiva la falta que hacen los “a priori” y abrir paréntesis para explicarlo casi todo y que nadie te engañe en este valle de lágrimas ( musho Beti…)

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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