Publicado en Fotogramas del vertedero, Sin categoría

Luis


¡Qué rápido pasa un año! Otra vez la piscina a rebosar, las toallas anárqui-

cas por el césped, las mujeres observadas con recelo. Luis, el socorrista, ha

conseguido que le contraten este verano también. Lo de estudiar Bellas Artes

le mantiene despierta la ilusión, París o Londres en la meta de los sueños.

Hay una mujer escuálida y frágil a la que retrata en su pequeño apartamento,

de memoria. Viene a las mismas horas con su séquito de amigas; ya le inven-

ta él otras luces sobre su cuerpecito, otra tez que refleje esperanza. Ella

permanece ajena en su atención a las risas, los chismes, da muestra de estar

viva rara vez. Luis no tiene claro si se ha enamorado de la dama que pinta

arropando su previsible ausencia, ese sexto sentido que descubre en ella de

los que están próximos a la muerte. Un día, sin más, deja de venir. La aban-

dona en sus cuadros como venganza. Al menos en la piscina no se ha

ahogado.

 

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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