Publicado en Sin categoría, Vacaciones en laguna Estigia

Canto V: Principalia narco


Puertas arrogantes bostezan poco a poco permitiendo al héroe gitano ser
engullido en su raudo corcel. Nuevamente lenguas de los confines de la Tierra hablan los
esbirros que desmontan la nave para obtener el oro herbóreo. Agamenón espera ya arriba y el rumano está a punto de hacer la entrada. Aquiles respira pausado, sintiéndose libre. Sus
indomables brazos ayudan a subir la mercancía mientras recuerda su cita con Briseide. Fue
un bocazas presumido haciendo alarde de saberse culto. Quizás la chica se aburriera. Pero
tenía un rostro sereno que transmitía extrañeza ante el intento de felicidad. No es hora de la
dicha, si no de la batalla. El ascensor se abre y entra en el ágora donde esperan el cliente
nuevo junto a Agamenón y la desconcertante por insólita presencia de Príamo. El linaje del
anciano cada vez más poderoso.

Héctor odia la gran urbe. Está en hotel de siempre. Tenía feria agrícola en el norte, había dicho. Por la ventana ataca un vendaval de ruidos ininteligibles. Es como cuando habla con esos prepotentes. Se creen que mandan por salir en la tele. No parecen entender que son marionetas rellenas de golosinas.
Auricular del deseo:
– Mándame a Iris.
Mirada embalsamada al televisor. Retazos de peli. Bazofia de acción americana.
Anochece sin casi avisar. La tenue luz en la mesita ensordece cuando nudillos de mujer gol-
pean la puerta. Un varonil Héctor abre. Iris fabulosa, enfundada en traje fucsia. Héctor pregunta con los ojos.
– Los de arriba ya sabes cómo son. Hay elecciones y quieren carnaza- declara
taxativa, abandonando el abrigo a su suerte.
El amanecer es una sensación reconfortante. Aquiles da caladas asíncronas con su brazo apoyado en la ventanilla del auto. Confusión de recuerdos. Sabor en su lengua al
café de hace diez minutos. Las putas van apareciendo en el polígono. Escenario de vida
salvaje y mordaz. Hay negratas casi sepultados del oro en sus torsos semidesnudos. Cuando
iba a la Facultad era divertido salir de juerga con el facha de Héctor. Estudiaba ingeniería y el
vicio era sustancia en él. Vendía sin consideración en las fiestas. Cuando aquella noche lo
increparon y sacaron navajas los dos gilipollas que se atrevieron comprobaron la fuerza
descomunal de un Aquiles criado en el acantilado de la vida. Héctor temblaba, dio las gracias
regalándole un speed. Cuando despertó a la tarde siguiente con pijama de resaca creyó
haberlo soñado. Supuso que el espejo del armario de donde sacaba los disfraces de ser
superior le devolvería las respuestas.

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Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

2 comentarios sobre “Canto V: Principalia narco

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