Publicado en La voz de tus infiernos, Sin categoría

Gritamos


La añoranza se encaramaba al otro lado

de mis abismos obsoletos.

Hablaba sola, y siempre me superaba por una

copa o dos universos de ventaja.

Caía sorda en las estridencias

a posteriori, pero con resaca barría los te quiero,

abandonada a la vergüenza parásita. No sé

cuándo entabló conversación, cuándo hipnotizó

mis sueños, cuando me obligó a hilvanar

las afrentas que manejaban mi yo, marioneta

rota enjabonada en charcos de nubes sumisas.

El infierno me dio voz cabizbaja y azucarada,

en busca de tu voz. La añoranza entre bambalinas,

sutil como la mala leche, me obligaba a la sonrisa

que paría rosas de espinas agridulces. Gritamos;

el silencio nos sepultó…

Autor:

Músico a medias, escritor también, quizás demasiado ingenuo y extremadamente gruñón para lo que debe ser la tábula rasa a la que se supone que debe aspirar el ciudadano medio. Revolución Francesa en todos sus actos inmortales, siendo la inmortalidad un tema bastante alejado de la masa encéfala que no sabe amar con todas sus consecuencias.

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